¿Es esto la Atlántida?

escrito por Manuel José Delgado

 

Is this Atlantis?

La noticia saltaba a los medios de difusión el pasado 20 de febrero, de la mano del periódico inglés The Sun. Ocupando la mitad de su portada, con

Portada de The Sun

grandes titulares, preguntaba: “¿Se trata de la Atlántida?”. En el artículo, los periodistas se habían hecho eco del descubrimiento, en el fondo del Atlántico, de lo que parecía ser la estructura de una ciudad, con calles y edificios. La fotografía que presentaban había sido obtenida con el programa Google Earth, que gracias a su versión 5.0 se puede recorrer, además de la superficie terrestre, los fondos marinos. Utilizando dicho programa, cuyo software es gratuito, la aparente estructura urbana se puede localizar en las siguientes coordenadas: 31º24’21.38″ Norte y 24º24’22.70″ Oeste. El lugar geográfico se encuentra en la denominada “Llanura Abisal de Madeira”, y dentro de esta, en el área conocida como Great Meteor East (GME), precisamente por hallarse al este de monte submarino de igual nombre, Meteor. El lugar se halla entre los -5300 y -5400 metros de profundidad, o sea, dentro de la zona más profunda del océano, la abisopelágica. Los periodistas aseguraban

Aparentes estructuras en el fondo marino

que el descubrimiento había tenido un interés inusitado en oceanógrafos y geofísicos, y mencionaba que hasta el Dr. Charles Orser, profesor de arqueología histórica en la universidad del estado de Nueva York había considerado el hallazgo como fascinante. El artículo afirmaba que el descubridor era el ingeniero aeronaútico Bernie Bamford, de la ciudad de Chester. Con todos estos datos el periódico dejaba, entre el interés de los científicos y la incredulidad de los autores del programa, el terreno libre para todo tipo de conjeturas. A la mañana siguiente un portavoz de Google declaró que la batimétrica (terreno del mar) puede ser alterada por los datos obtenidos por los barcos al utilizar el sonar para realizar las mediciones de los fondos marinos. Por ello las líneas que aparecen serían sólo las trayectorias seguidas por la embarcación, que se sumaría al propio reflejo del fondo.

De lo que no habla el periódico inglés es que ya en España, desde hacía dos meses, se estaba trabajando en desentrañar este misterio. En la página web de los hermanos Juan y Enrique Menéndez Crespo ya estaba colocado a principio de año tanto el descubrimiento como la hipótesis de que se tratara de los restos de la Atlántida. El 27 de enero Juan Menéndez se puso en contacto con el experto en la Atlántida Georgeos Díaz para ponerle al día del hallazgo, quién investigó el asunto hasta la saciedad, elaborando un informe que fue publicado en su web, en donde llegaba a la misma conclusión que los expertos de Google expusieron después. El fondo marino que refleja el programa no reflejaba su realidad morfológica y estaba contaminado por el rastro del sonar de los barcos.

Anomalía submarina situada en el Atlántico

Cualquiera que dirija la observación del área en cuestión con el Google Earth podrá notar en primer lugar que la estructura arquitectónica, de forma rectangular, está dividida por grandes calles o muros que se asemejan al planteamiento de una ciudad. Sin embargo el mismo programa tiene una herramienta capaz de medir las distancias, con lo que obtenemos que dichos muros o zanjas tienen una anchura de kilómetro y medio, algo que no puede existir en el diseño de una ciudad.

En el estudio realizado para relacionar la estructura encontrada con la ciudad de la Atlántida descrita por Platón, el Sr. Díaz aporta en su página web http://www.antiquos.com una serie de argumentos para evaluar que el lugar no se relaciona con los escritos de Platón. Defensor a ultranza de su teoría de la Atlántida Ibero-Mauretana, y especialmente andaluza, de la que tendrán amplia información en este mismo número de Año Cero, el experto en la Atlántida y textos antiguos expone los principales puntos de desacuerdo para mantener que no sólo estas estructuras no pueden ser la Atlántida, sino que además la misma no puede encontrarse en el centro del Atlántico sino cerca de las Columnas de Hércules, es decir, cercano a Gibraltar. Aduce que las medidas de la ciudad no coinciden con las ofrecidas por Platón ya que el autor griego dijo que la llanura donde estaba la ciudad debía tener una longitud en su lado mayor de 555 kilómetros, mientras que lo ahora descubierto llega tan solo a 160 km. La orientación de la supuesta ciudad tampoco coincide con la metrópolis mencionada por Platón, ya que debería estar orientada al sur. Sin embargo, la supuesta llanura cuadriculada se halla en el extremo occidental de toda el área identificada con la gran llanura o planicie de la comarca del rey Atlas. Los canales que se aprecian en la foto de Google tampoco coinciden con la descripción de Platón. En el Critias leemos que la metrópolis atlante se hallaba a tan solo 50 estadios del mar y su construcción circular concéntrica (que no aparece en los restos hallados) estaba separada del puerto por 50 estadios de longitud, algo que no coincide con lo ahora descubierto. Por otro lado la profundidad del lugar no se corresponde con la isla mencionada por Platón pues, aunque todo el terreno hubiera sufrido un hundimiento, la superficie de la isla nunca podría encontrarse en la ladera inferior de la llanura abisal de Madeira.

Perfil del oceano Atlántico

Perfil del Océano Atlántico entre Norteamérica y África, visto de Sur a Norte, América a la izquierda y África a la derecha. La “Llanura Abisal de Madeira” se encuentra justamente en el área de la cuenca abisal de las Canarias, zona abisopelágica, que como puede verse, se haya entre los -5000 y -7000 metros de profundidad.

La más posible explicación a estas “anomalías” encontradas en los fondos marinos, según explica Georgeos Díaz, sería la de considerar la teoría de “Seismic Lines for Bathymetry”, es decir, simples trayectorias de barridos mediante reflección sísmica, insertadas en el mapamundi batimétrico como parte de un programa oceanográfico internacional, en aras de facilitar a los investigadores el acceso a todos los sondeos y escaneos batimétricos realizados, o publicados, y que son conocidos por la empresa creadora de esta enorme base de datos, de la que sin dudas, NOAA, como sabemos por el propio Google Earth, es al menos coautora. Estaríamos ante un caso de MSRD (Marine Seismic Reflection Data), o sea, “Datos de Reflección Sísmica Marina”, insertados en el mapamundi batimétrico, y que muestra los trazados de líneas sísmicas usados en algún sondeo batimétrico de este tipo.

Libro de los Muertos

Sin embargo, aunque las anomalías detectadas en los fondos marinos tengan una explicación pausible, el tema de la Atlántida no se ha descartado. Es posible que el avance de los sistemas de topografía de los fondos marinos ofrezca en el futuro la posibilidad de un rastreo meticuloso y realista. Por el momento seguiremos con otro tipo de valoraciones para seguir pensando en que Platón, y los sacerdotes egipcios antes, tenían razón al considerar que en algún punto del océano Atlántico existió alguna vez una civilización hundida por un cataclismo, y que sus supervivientes emigraron para colonizar otras partes de nuestro planeta. Porque pistas tenemos suficientes.

Otras anomalías submarinas a lo largo del mundo (Selección de Georgeos Díaz)

También existe la posibilidad, por no descartar nada, de que las estructuras poligonales encontradas en el fondo atlántico tengan un origen natural. Con el mismo programa de Google Earth se pueden encontrar otras muchas líneas rectas perfectas y organizaciones de líneas poligonales en muchas otras partes de los fondos marinos.

Algunas de ellas son:

Anomalías Atlántico Norte

En el Atlántico norte, en Noruega, Mar de Barents. Geoglifos submarinos mil veces más grandes que las líneas de Nazca.

Anomalías en Groenlandia

En Groenlandia, área reticulada en donde se aprecia una forma circular concéntrica y radiada, con al menos dos anillos.

Anomalías en Irlanda

En Irlanda, llanura cuadrangular y reticulada.

Anomalías en el Mar Caribe

En el Caribe, llanura abisal con la más extensa área cuadriculada, más de 1200 kilómetros por su lado mayor.

Más anomalías en el Caribe

También en el Caribe, una perfecta forma rectangular, con al menos tres lados simétricos en la llanura abisal debajo de Puerto Rico.

Anomaías en América del Norte, Philadelfia

En América del Norte, frente a las costas de Philadelphia, una de las formaciones reticuladas más impresionantes (por compleja).

Anomalías en el Triángulo de las Bermudas

En el triángulo de las Bermudas, unas formaciones geométricas bastante complejas.

Anomalías en la dorsal atlántica

En plena dorsal atlántica, en un terreno montañoso o sinuoso.

Anomalías en la zona atlántica de Africa Central

En África central atlántica, estructuras cuadrangulares en una llanura abisal.

Anomalías cerca de Islandia

En Islandia.

Anomalías en el Golfo de Méjico

En el golfo de Méjico, líneas que se cruzan perpendicularmente, formando el más complejo reticulado inimaginable.

Anomalías en el Pacífico

En el Pacífico, más espectacular aún que el de la llanura abisal de Madeira.

Anomalías jundo a la costa de Alaska

En Alaska, formaciones complejas y enormes.

Anomalías en la Antártida

 

 

En la Antártida, formaciones de montículos o pequeños montes alineados.

Recuerdos de la Atlántida

En la dilatada vida profesional de Sebastián Vázquez, editor de la Editorial EDAF, han pasado por sus manos miles de obras inéditas cuyos autores buscaban su publicación. Muchas de ellas, por su calidad y contenido, salieron al mercado en forma de libros. Otras muchas nunca vieron la luz y quedaron archivadas en algún cajón de su creador. Esta es la historia de una de ellas.

Sebatián Vázquez. Editorial EDAF

En el año 1996 se personó en el despacho de Sebastián Vázquez un personaje desconocido en mundo de la literatura. Esta persona, ya de cierta edad y de ascendencia catalana, se presentó como médico jubilado que había pasado parte de su vida en Brasil. Allí trabó amistad con un empresario de origen libanés. Este libanés, que había estudiado en Alemania Historia Antigua, contó al catalán su singular existencia. Debido a la guerra de religiones que aconteció en el Líbano a mediados del siglo pasado, emigró a Brasil no sin antes llevarse algo de inusual valor. En la finca propiedad de su familia se encontraba un pequeño túmulo en el que años antes, excavando, encontró una serie de tablillas de arcilla escritas en fenicio. Ya en Brasil el libanés tuvo tiempo para traducirlas al portugués, elaborando un compendio de 1000 folios manuscritos. Cuando tuvo cercana la hora de su muerte mandó una copia del trabajo al médico catalán que, a su vez, tradujo la obra al castellano. Todo ese material acompañaba al hombre cuando visitó a Sebastián. Lo dejó encima de su mesa y animó al editor a leerlo por si acaso la información que aportaba era de utilidad a una editorial caracterizada por publicaciones relacionadas con las civilizaciones antiguas y los misterios, en concreto con la enigmática Atlántida.

La tarea del editor no fue fácil. Los escritos tenían muchas lagunas, la narración era inconexa y caótica y la falta de las tablillas originales hacía que la documentación no estuviera avalada por prueba alguna. Estos argumentos obligaban a Sebastián a abandonar cualquier idea de publicación de la obra. No obstante, lo que leyó dejó una profunda huella en su ánimo. Muchos años después de aquellos hechos recuerda aquel manuscrito con benevolencia. Pudo, al final, hacerse una idea general de la odisea que narraba y, aún hoy, cuando nos cuenta la historia, aparece en su semblante una sonrisa de complicidad, como si supiera que una vez tuvo en sus manos algo realmente importante.

Manuel José Delgado en el templo fenicio de Sancti Petri (Cádiz)

Según nos contó Sebastián sobre lo narrado en la obra, navegantes procedentes de Asia Menor se dedicaban principalmente al comercio llegando a las costas de España, aunque no se citaba en absoluto ninguna fecha. Estos marinos-comerciantes tenían la costumbre de dejar en las plazas importantes donde ejercían un mayor mercadeo a sirvientes o esclavos para familiarizarse con el idioma y las costumbres del lugar, con el fin de poder realizar mejor las transacciones económicas. Uno de estos sirvientes trabó relación con sacerdotes de la antigua Tartessos en donde, por su buen hacer e inteligencia, se ganó la confianza no solo de su señor además de la de los sacerdotes, llegando a dominar la lengua de los tartésicos sino, además, otra lengua sagrada, de origen antiquísimo, utilizada exclusivamente en los rituales de culto. En la biblioteca del templo señor tuvo acceso a ciertos archivos que narraban el ocaso de una civilización madre, precursora de culturas a ambos lados del Atlántico, y el deambular de aquellos pobladores desde las islas donde vivían originariamente buscando otros lugares de asentamiento, ya que su territorio había sufrido enormes cataclismos. Este sirviente logró traducir estos archivos y los llevó de vuelta a su puerto de origen. De algún modo posteriormente fue traducido al fenicio-o el sirviente ya lo redacto originalmente en esta lengua pues el texto no lo cita- y muchos siglos después lo halló el historiador libanés.

Recreación de La Atlántida

Según Sebastián, la narración estaba presuntamente avalada por unos mapas que, de forma meticulosa y con todo lujo de detalles plasmaban la antigua ciudad de Tartessos, situada en lo que es hoy el golfo de Cádiz, y la zona entre las desembocaduras de los ríos Guadalquivir y Tinto. Debía ser una ciudad parecida a Venecia, con numerosos canales acuáticos y donde se hallaba un templo de forma circular que era el que guardaba los archivos con las crónicas atlantes que según la narración se inundaba a menudo. La ciudad estaba protegida por amplios cortavientos de piedra y tanto el puerto como la ciudad y la zona estaban tan perfectamente diseñados en el dibujo que hacía pensar en que si fuese una falsificación, esta era muy elaborada. Asimismo, pero ya en la crónica atlante, existían otros mapas realizados de manera más tosca, en donde aparecían gran número de islas diseminadas por el Atlántico, entre el triángulo formado por Gibraltar, Madeira y Canarias.

Según el relato el hundimiento de la Atlántida no se produjo por una sola catástrofe natural, sino que fueron sucediéndose, a lo largo de muchos años. Según relataba el texto parece que en un principio existían cuatro islas más grandes  rodeadas de otras muchas más pequeñas. En la isla principal y de mayor tamaño era donde se alojaban los grandes templos y edificios administrativos. Pero el modelo de sociedad perfecta descrita por Platón no se cumplía, ya que la isla principal subyugaba a las demás, produciendo enfrentamientos guerreros entre ellas. Por lo visto, fueron cuatro los grandes cataclismos que sufrió la Atlántida. Antes del último de ellos tan sólo florecían en superficie algunas islas, mientras que se mantenían un istmo que unía una gran península al continente africano, en el terreno que hoy ocupan las islas canarias que desapareció en el último cataclismo de origen volcánico.

La Atlántida, recreación en The Sun

El texto original fenicio se centra principalmente en el éxodo que realizaron los últimos supervivientes de la Atlántida hasta que se dividieron. Según la crónica un grupo se dirigió hacia “los terrenos fríos del norte”, mientras que otro gran grupo se dirigió hacia África. La travesía debió ser muy dura, con enfrentamientos entre la población y los grandes sacerdotes, con deserciones y castigos, y con todos los peligros que tuvo que pasar una cultura no familiarizada con la geografía africana. Se cuenta, asimismo, que los jerarcas, la casta sacerdotal, llegaron incluso a contratar a tribus africanas para que les acompañaran y les protegieran en el itinerario. Como estos africanos eran tomados por los viajeros como personas de gran envergadura y fuerza, debemos considerar que los emigrantes eran de estatura baja. Un grupo de revolucionarios se separó del grupo para volver sobre sus pasos, lugares considerados peligrosos debido a las erupciones volcánicas que se estaban sucediendo, y que nos recuerda en cierta medida el origen de las islas Canarias.

Toda esta historia, según nos cuenta Sebastián, mantiene una relación directa con las investigaciones de su amigo el explorador Angelo Pitoni. El italiano, por ser amplio conocedor de los países subsaharianos, en donde participó en varias expediciones en busca de diamantes, fue el protagonista del descubrimiento de lo que él considera “la raza perdida”, posiblemente los descendientes de aquellos protagonistas del éxodo atlante. Las figuras que descubrió en la selva de Sierra Leona, la gigantesca estatua femenina  de Guinea Conacry o la enigmática “piedra azul” capaz de curar enfermedades, serían las piezas arqueológicas que avalarían el relato fenicio.

Sebastián Vázquez no guarda el manuscrito, pues lo devolvió al médico catalán. También ha perdido la pista tanto de su nombre como de su localización. Sin embargo mantiene la vaga esperanza de recuperar la pista que le lleven a obtener más información de las tablillas originales fenicias, pues según nos afirma, de ser reales, aportarían informaciones reveladoras el fascinante mundo perdido de los atlantes.

Los que huyeron por el mar

El programa Google Earth, además de las posibilidades de rastreo marítimo comentadas anteriormente, ofrece asimismo una poderosa herramienta para investigar la superficie terrestre a la búsqueda de restos que sólo pueden ser apreciados desde el aire. Como resultado de su aplicación hemos tenido acceso a un enigma que bien puede tener relación con la Atlántida.

Península de Qawra, Malta

El hecho es que investigando la costa de la isla de Malta me encontré con unos círculos concéntricos, de unos 100 metros de diámetro, cuya procedencia histórica se desconocía. Estos círculos pueden visionarse en las siguientes coordenadas: 35º57’36.44” norte y 14º25’42.17” este. Los dibujos, que no habían pasado desapercibidos anteriormente por otros investigadores, habían sido motivo de una agria discusión en el portal de Internet más importante dedicado a la atlantología, Atlantis Rising. Por lo visto, el primero en sacar el asunto a la luz fue un afiliado al foro, con el nick de Nikas, que se presentó como norteamericano de origen griego. Según afirmaba, los dibujos demostraban en cierta medida su teoría de que la isla, o islas, de Malta habían sido la Atlántida. Las intervenciones en el mismo foro de Georgeos Díaz, desbarataron tal posibilidad, sobre todo por los escritos de Platón que la ubicaba más allá de Gibraltar.

Círuclos concéntricos en la península de Qawra, Malta

Sin embargo el asunto no se cerró, ya que aunque las islas de Malta no pudieron ser la Atlántida de Platón, no puede descartarse la posibilidad de que el lugar hubiera sido un asentamiento atlante en ese éxodo que realizaron para buscar nuevos asentamientos, hipótesis que hasta el mismo Díaz acepta. Según el Timeo y el Critias los atlantes se expandieron desde el golfo de Cádiz hacia el interior de las

Similitud con los círculos de La Atlántida

Columnas de Hércules, por casi todo el Mediterráneo, hasta alcanzar los límites de Egipto, Grecia y el Asia Menor (Anatolia). Por ello podemos suponer que también colonizaron las islas más estratégicas, como lo son Malta y Gozo, además de Sicilia, Córcega, Cerdeña y Creta.

En los foros donde se ha debatido el asunto de los círculos concéntricos malteses se apuntó la posibilidad, aceptada por los más críticos y escépticos, de que se tratara de una diana, realizada por las fuerzas navales inglesas durante la Segunda Guerra Mundial, para ejercitar prácticas de tiro. Aunque para exponer esta teoría no se aportó documentación alguna relacionada con el caso de Malta, la similitud con otras dianas realizadas en los desiertos estadounidenses hacia que la explicación tuviera que tomarse en cuenta. Para algunos fue el fin de la historia, para otros no, ya que la única forma de investigar los geoglifos era la de investigarlos in situ, algo que todavía nadie había hecho. Y nos fuimos a Malta.

Las líneas de los círculos vistas desde el suelo

Nuestra primera visita a la península de Qawra, donde se encuentran los círculos, cercana a la localidad de San Paul Bay, fue desalentadora. Recorrimos la península en toda su extensión y las líneas circulares no aparecían por ningún lado. El lugar suele estar frecuentado por pescadores que, caña en mano, intentaban con bastante éxito abastecerse de pescados. Pero ellos no sabían nada de los círculos pese a ser nativos del pueblo. No tenían la más mínimo referencia de que allí existieran unos círculos que sólo podían ser vistos desde el aire. De vuelta al hotel volvimos a ver la imagen en el ordenador, tomamos puntos de referencia y trazamos un mapa por donde deberían discurrir las líneas. A la mañana siguiente nos volvimos a situar sobre las rocas y, al final, gracias al mapa pudimos

Las líneas vistas desde el suelo

entrever los trazos que componían las circunferencias. Resultaba extraño que, de ser una diana para tirar proyectiles, no se hubiera empleado pintura para su señalización. Por el contrario sólo se apreciaba una ligera diferencia tonal entre las líneas y la roca en donde se hallaban. No era posible que las líneas se hubieran realizado mediante golpes de una máquina en la roca, ya que no aparecía ninguna señal de deterioro, teniendo adheridas las mismas formaciones vegetales y animales que el resto. Tampoco debieron realizarse por arrojar algún tipo de ácido, pues en el interior de las propias líneas existían zonas de distinta tonalidad. Ello nos llevó a pensar en la antigüedad extraordinaria de esos trazos.

Los dibujos no fueron diseñados para hacer una diana, más aún teniendo en cuenta la proximidad, ahora y hace 60 años, de un importante núcleo de población. De cualquier forma, si durante la II Guerra Mundial se hizo una diana en la península de Qawra, ningún proyectil hizo allí impacto, lo que definitivamente nos aleja de aquella teoría, más aún cuando preguntamos al comisario jefe del puesto de policía de Saint Paul, amplio conocedor de la zona, quien nos aseguró que desconocía que durante la contienda militar se hubiera utilizado el lugar para prácticas de tiro.

La curiosa representación que encontramos en Malta guarda una similitud más que aparente con la representación que de la isla de la Atlántida hizo Platón. Los tres círculos concéntricos que representaban a tres canales acuáticos, recorridos todos por otro canal longitudinal que une el exterior con el centro, resulta cuanto menos espectacular. Pero dos datos nos llamaron la atención que ahondaban aún más en la hipótesis de que el dibujo representara la antigua capital de la Atlántida. El canal vertical se encuentra perfectamente alineado norte-sur, exactamente lo mismo que

Bañera central de los círculos concéntricos de Qawra

mencionaba Platón. Cuando pudimos ubicar y delimitar los círculos concéntricos y el canal central, intentamos hallar cuál era el centro exacto del dibujo, correspondiendo a un punto donde se encontraba una especie de bañera o pozo, realizado artificialmente ya que se notaba el borde carcomido por escoriaciones y algunos canalillos construidos posiblemente para desalojar agua.  En ese momento recordamos que según el filósofo griego en el centro de la Atlántida se encontraba un templo dedicado al dios Poseidón, el dios del mar y de los terremotos, adoptado posteriormente por los romanos como Neptuno. ¿Existió alguna vez una estatua de este dios en el centro de los círculos?.

La presunción de considerar este dibujo como representante de la visita de los atlantes a la isla de Malta, en contra de la teoría de la diana para prácticas de tiro, se ve avalada porque aparte de estos círculos, conocidos por algunos investigadores, han aparecido otros similares en la cercana isla

Círculos en la isla de Comino (muy deteriorados)

de Comino, a escasos metros de la posición de un faro centenario. Estos círculos no se aprecian desde el aire con la misma nitidez que los de Malta, sin embargo están ahí. La única forma de apreciar su diseño es utilizar un programa de contraste y relieve que revela su existencia. Como en el caso de Malta allí nunca hizo impacto un proyectil. Y, como en Malta, tampoco se diseñaron con pintura, sino con una paciencia infinita al tener que raspar la roca para sacar de ella el color claro que se encuentra bajo la capa oxidada de la piedra. Y de eso hace muchos miles de años.

La presencia en Malta de misterios relacionados con un pasado ignoto no se queda en estos círculos. A lo largo de toda isla, de norte a sur y de este a oeste, se encuentran los llamados Cart Ruts. En un ejercicio de humildad

Cart Ruts, increíbles líneas kilométricas que no van a ninguna parte

inusitado, los arqueólogos no han dado ninguna explicación a su presencia y evitan decantarse hacia alguna solución fácil, manifestando su desconocimiento ante estos restos arqueológicos. Los Cart Ruts están incluso anunciados, como interés turístico, por las islas de Malta y de Gozo. En los carteles se afirma que fueron realizados durante la Edad del Bronce. Hemos leído alguna teoría para su explicación, como que eran los rastros en granito del paso de ruedas de carro, o que con ellos evitaban que las lluvias anegasen el terreno, al poder conducir el agua hacia otros lugares. Ambas

Manuel Delgado examinando un enigmático Cart Ruts de Malta

hipótesis son absurdas. Hay miles de Cart Ruts, son zanjas que recorren la superficie pétrea de Malta en todas direcciones. Algunos gozan de una longitud de kilómetros, otros en cambio sólo tienen un metro de largo. A veces son varios los que recorren paralelos la superficie, en otras ocasiones los trazos son únicos, entrecortándose entre sí haciendo quiebros sorprendentes. Su excavación debió ser una tarea ardua. En ocasiones tienen una profundidad de 50 centímetros o otras veces no son más que señales superficiales. Empiezan y terminan sin causa aparente, con un propósito desconocido. Algunas veces las líneas su dirección, en otras las líneas se sumergen desde tierra hacia el fondo del mar.

El trabajo de excavar miles de zanjas en toda la isla carece de todo sentido y no es propio de ninguna cultura conocida. Son remotos vestigios de una civilización perdida en el tiempo, que trabajó con un propósito desconocido. Algo que apunta directamente a la enigmática cultura atlante.

Los que huyeron por tierra

 

Albert Slosman es quizás el máximo defensor de la relación entre la Atlántida y Egipto. Antes de visitar Egipto y analizar sus monumentos fue en Camerún donde encontró la pista sobre el gran cataclismo que había hundido un inmenso continente situado al oeste de África, a través de la información suministrada por individuos procedentes de la tribu de los Fako. Esta misma historia volvió a encontrarla en Egipto, tanto en los textos del Libro de los Muertos, como en los muros pétreos del templo de

Los dioses que se salvaron del cataclismo, templo de Dendera

Dendera. Con la mismos argumentos con los que los sacerdotes egipcios informaron a Sólon, uno de los siete grandes sabios de la antigua Grecia, y que valió a Platón para escribir su Timeo y su Critias, Slosman encontró que la civilización egipcia no había tenido su génesis a orillas del Nilo, sino que sus ancestros vinieron de otro lugar lejano, situado en el océano Atlántico.

En los viajes que Slosman realizó a Marruecos, se percató que algunos lugares geográficos tenían mucha similitud con algunos prefijos y sufijos utilizados frecuentemente en los textos jeroglíficos del Libro de los Muertos, como la Duat y Ta Mana. Si Ta Mana, en los textos jeroglíficos, puede traducirse como el “lugar del Poniente del sol”, el “lugar de los Bienaventurados”, Ta Uz significaría, a su vez, “lugar de Osiris”. La ciudad de Tamanar se encuentra a sesenta kilómetros al norte de Agadir, y Ta Uz, a la entrada del desierto sahariano. De la misma manera que hicieron los de la tribu Fako, los beréberes contaron a Slosman una historia parecida sobre su ascendencia divina, y procedencia lejana, un lugar idílico situado asimismo al oeste.

En lenguaje jeroglífico, esta tierra desaparecida se conocía fonéticamente como Ahâ-Men-Ptah, cuya traducción sería “Primogénito-Durmiente-de-Dios”, vocablos que, según Slosman, sufrieron con el paso del tiempo una contracción fonética para convertirse en El Amenta, aunque seguía recordando su significado primigenio de “País de los Muertos”, “País de los Bienaventurados”, y “País del Más Allá”. Curiosamente el nombre del dios Ptah estaría asimismo incorporado en el epíteto para denominar a los monarcas, que fueron los Ptah-Ahâ, cuyo significado sería el de “Primogénito-de-Dios” puesto que se consideraban descendientes directos del primer Hijo de Dios. Tendríamos con ello que Ahâ se pronunciaría Ahan y que Ptah también se escribe Phtah, de su fonetización en lengua griega, en la que la letra pi se convierte en phi (fi), por lo que Phtah-Ahan fue fonetizado “Faraón”, que de Primogénito-de-Dios pasó a ser “Hijo-de-Dios”. Con los mismos argumentos Slosman explica que el nombre de la tierra a orillas del Nilo, Ath-Kâ-Ptah (Segundo-Corazón-de-Dios) se convirtió posteriormente, en la fonetización griega, en Aegyptus, Egipto para nosotros.

Según Slosman, el primer lugar a donde llegaron los supervivientes del éxodo atlante en Egipto fue a la zona de Dendera y de Abydos. Consideraba que el templo de Dendera, cuya actual reconstrucción es la realizada por Ptolomeo II Evergetes, fue originariamente diseñado por los atlantes. En sus muros, Slosman pudo leer: “En el principio, estas palabras enseñaron los Ancestros, aquellos Bienaventurados de la Tierra primera: Ahâ-Men-Ptah. Los que convivían con las Creaciones del Corazón-Amado: el Corazón-Primogénito.”

Asegura Slosman, por la traducción de los textos del templo, que las fechas que aparecen grabadas no sólo hablan de diez milenios atrás, sino de hace veinticinco mil años, cuando Ahâ-Men-Ptah existía como un continente de clima templado, vegetación exuberante, numerosas especies de una fauna hoy ya extinguida en su mayor parte, y en donde los humanos vivían de forma ordenada y pacífica en varias ciudades que se desarrollaban bajo un mismo poder central. Pero la Atlántida se hundió rápidamente en el agua en una fecha que, según Slosman, debió ser el 27 de julio de 9,792 antes de nuestra era, fecha que consideraba inequívoca gracias a la lectura e interpretación de los acontecimientos narrados en el planisferio celeste grabado en el techo de una de las salas del templo de Dendera, más conocido con el nombre de “zodíaco”.

Coincidiendo con lo que nos había contado Sebastián Vázquez sobre el éxodo atlante, Slosman asegura que durante el éxodo atlante se produjo una lucha fratricida entre dos miembros de una misma familia, posiblemente hermanos, que prosiguió durante los quince siglos anteriores a la llegada a Egipto y aún continuó aquí durante cuatro mil años más. Las dos ramas enfrentadas serían por un lado los “Rebeldes de Set” y, por otro, los “Seguidores de Hor”. Durante el enfrentamiento se alternaron en el poder, aunque más adelante ambos clanes fueron deteriorándose, algo que favoreció su desvanecimiento y toma del poder los usurpadores (los Râ-Sit-U). Desde el  cataclismo que promovió el hundimiento del archipiélago de Ahâ-Men-Ptah, añade Slosman, la supervivencia tradicional no pudo ser practicada más que por una memorización oral intensiva y conservada perseverantemente, hasta la llegada, siglos y siglos después, a Ath-Ka-Ptah donde, en el oportuno momento, esta lengua ancestral fue reconstituida y puesta de nuevo en uso, así como ciertas costumbres que ancestrales.

La historia del Gran Cataclismo y los avatares de los supervivientes del mismo fueron grabados, además de en otros materiales, sobre la perdurable piedra del templo de Dendera, como lección y recordatorio para los siglos venideros.

Monumentos atlantes en Egipto

En el artículo titulado “La conexión egipcia del Tassili” exponía la teoría del éxodo, hace muchos miles de años, de una población que venía desde occidente, del lugar al que los antiguos egipcios consideraron como “el país de sus antepasados”. Y el camino que siguieron por el norte de África en dirección a Egipto fue llamado “camino de los antepasados”.

No existe la menor duda, ya que está avalado por estudios antropométricos de cráneos procedentes de las islas Canarias y de Egipto, en que anterior a la primera dinastía Egipcia, en lo que los estudiosos denominan “Dinastía 0”,

Gigantesco tanque en el Serapeum de Saqqara

llegaron a Egipto seres de otra cultura, a los que se les llamó atlantes. Un estudio pormenorizado del fenómeno atlante debe pasar por considerar que aquella cultura edificó en Egipto monumentos que, si actualmente son considerados como propiamente egipcios, están mal catalogados. Y los modernos medios para analizar la tecnología aplicada a la arquitectura y a la ingeniería son las herramientas adecuadas para dictaminar lo que hicieron los egipcios, y lo que ya se encontraron hecho en el país del Nilo.

Según muchos investigadores, las pirámides de Giza no guardan relación tecnológica con las otras pirámides, desconociendo por tanto la fecha de su construcción, así como los autores de las mismas. Herodoto afirmaba que los egipcios eran reticentes en mencionar los nombres de los reyes que

Meseta de Giza

edificaron las pirámides de Giza, y que cuando se referían a ellas lo hacían como “las pirámides del pastor Filitis”, por ser ese pastor, aclara Herodoto, el que apacentaba sus ovejas en el lugar donde se edificaron. El historiador griego Diodoro de Sicilia atribuye la construcción de las tres pirámides a Armaeus, Amosis e Inarón, aunque admite el alto riesgo de equivocación por falta de pruebas. Un autor árabe del siglo XIV, Makrizi, refiriéndose a leyendas mucho más antiguas, escribió que el rey Surid Ben Sahluq tuvo un sueño que fue interpretado por los sacerdotes como presagio del Diluvio, haciendo construir las pirámides, en las que habría guardado inmensos tesoros y todas las ciencias conocidas en el pasado. Otro escritor, el Cadi el-Galil Abu Abd Allah Mohammed Ben Salamat el-Qodai, también narró que las pirámides se construyeron antes del Diluvio, puntualizando que la llegada de la desgracia que amenazaba la Tierra llegaría en el momento en que el Corazón del León se hallara en el primer minuto de la cabeza del Cangrejo. Y otro historiador, también árabe, Abu’lRihan el-Biruni, escribió que las huellas del Diluvio y del nivel alcanzado por las aguas se distinguían todavía, antes de la desmantelación del revestimiento, notándose la marca o señal hacia la mitad de la altura de las pirámides. Si consideramos que esa marca del agua fue dejada por la subida de aguas producida por el derretimiento de los hielos en el fin de la cuarta glaciación, las pirámides se encontrarían erigidas hace 12000 años, o sea, antes del cataclismo que acabó con la Atlántida.

Artículo escrito por Manuel José Delgado para la revista Año Cero

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¿ERA LA GRAN PIRÁMIDE UN REACTOR TERMONUCLEAR?


Es difícil encontrar sobre la faz de la Tierra un monumento que concentre en torno a él tantas incógnitas. Ya los viajeros de la época clásica se confesaban incapaces de interpretar la escritura grabada en la Gran Pirámide. El correr de los siglos no hizo más que incrementar los intentos por descifrar sus enigmas: quién la levantó y con qué finalidad, si fue o no una tumba, si sus aristas apuntaban a una determinada constelación planetaria… Las últimas investigaciones señalan que fue construida mediante una tecnología inimaginable hoy en día. Sus muros se trazaron de forma que ninguna fisura pudiera dejar escapar nada al exterior. ¿Qué experimentos se realizaron allí?. Según diferentes investigadores, en la Gran pirámide se trabajaba con energía nuclear y se utilizaba para ello un complejo sistema de canales de ventilación que servirían para evacuar la presión y evitar una explosión en cadena. La energía producida podría servir como combustible para determinado tipo de naves. Por otra parte, las medidas de otro de los enigmas más inquietantes de la historia, el Arca de la Alianza, construida por Moisés siguiendo las indicaciones de Yahvéh y muy parecida a otro tipo de arcas egipcias, encajan con asombrosa exactitud en el tanque de granito de la Cámara del Rey. ¿Tecnología nuclear en el Egipto predinástico? ¿Cómo y para qué?


Gran Pirámide de Giza

AFRONTANDO EL DESAFÍO

La Gran Pirámide alberga el legado de antiguos conocimientos que se desarrollaron en las riberas del Nilo mucho antes de la existencia del propio Egipto. Como en ningún otro lugar del planeta, los hombres, generación tras generación, han buscado allí tesoros materiales o intelectuales, afrontando un desafío descomunal: descubrir el propósito del arquitecto de la Gran Pirámide; todo esto a pesar de que los arqueólogos menos imaginativos han clasificado el monumento como una tumba y nada más.

En la meseta de Giza, entre un paisaje monocromático de tonos ocres, emergiendo de la arena del desierto, se levantan orgullosos casi tres millones de bloques de piedra que pesan cada uno entre dos y sesenta toneladas. Y pese a tan colosales proporciones, sus errores de nivel, angulación, orientación y simetría se cuentan sólo por milímetros. Para los historiadores griegos y romanos, y también para la arqueología oficial, fue una ostentación de locura y riqueza realizada sin máquinas, por medio de la fuerza bruta, y su perfecto acabado se logró por mera casualidad, aduciendo para ello que la ciencia matemática se inició en Grecia, mientras que en Egipto sólo existía una geometría incipiente comparable a un nivel de enseñanza primaria.

 

UNA ESCRITURA DESCONOCIDA


Gran Galería

El interior de la pirámide parece encontrarse en el mismo estado en que lo hallaron los árabes en e laño 820. Aunque el cofre de granito rojo es su único elemento decorativo, la ausencia de ornamentos no hace sino engrandecer su interior. Nada queda de todo lo que pudieran haber contenido la Cámara del Rey, la de la Reina y la del Caos. Uniendo las tres, hay canales diminutos de significado ignoto, pasajes estrechos que humillan más que dignifican al hombre que los recorre. La Gran Galería, impresionante de tamaño, empequeñece el orgullo cuando uno se enfrenta a lo solemne en la más absoluta soledad. Cuarenta y seis interminables metros de muros, perfectamente paralelos, constituyen la obra magna de la ingeniería pétrea. Todo un entramado que no guarda ni un solo jeroglífico, ni una sola inscripción, ni el más mínimo relieve realizado por la mano de los constructores en ninguno de los 2.800.000 bloques de piedra, en los casi tres millones de metros cúbicos de roca, en los siete millones de toneladas de piedra erigidos como homenaje a la mística, a la ciencia o a la locura.Sin embargo, Abd-al-Latif, historiador árabe del siglo XIII, dijo que en los bloques de revestimiento estuvieron grabados, con caracteres ininteligibles, un gran número de inscripciones. Herodoto, quien contempló la pirámide hacia el año 440 a.C., comenta los mismos signos, cuya interpretación era para él tan desconocida como para el guía que le acompañaba. Y resulta raro que el significado de las inscripciones fuese un misterio, pues en la época de Herodoto aún se traducían jeroglíficos, como pudo comprobar ese historiador cuando se introdujo en los ritos isíacos de la mano de los sacerdotes de Sais, quienes dominaban los caracteres escritos del Egipto milenario, como demuestra la piedra Roseta, escrita en hierático, demótico y griego. Por tanto, la escritura que recubría los bloques de revestimiento de la Gran Pirámide era desconocida para los egipcios.

EL TEMPLO DE ISIS

Una antigua inscripción jeroglífica denominada «La Estela del Inventario» narra cómo la Gran Pirámide estaba ya edificada en tiempo de Keops y era llamada «Templo de Isis». Los grandes dignatarios extranjeros visitaban el «monumento de los antepasados». La idea generalizada de que la Gran Pirámide es la tumba de Keops puede ser cierta, ya que la misma estela cuenta que el faraón se hizo enterrar junto a ella o dentro de ella. Además, existen pruebas que avalan la teoría de que el monumento fue habilitado por Keops con fines propios. A este respecto, hay que tener en cuenta algunas consideraciones. En primer lugar, se aprecian en la pirámide las manos de dos maestros de obras: uno de ellos, el arquitecto original, que trabajaba a la milésima de milímetro; el otro, menos minucioso, ha dejado su impronta en lo que bien pudiéramos considerar los trabajos de Keops dentro de la pirámide. Entre sus obras se encuentran las 28 entalladuras que recorren la Gran Galería, realizadas de un modo imperfecto, con prisas, apartándose de la meticulosidad con que está construido el monumento. Este número de entalladuras ha despertado la atención de los egiptólogos, ya que Keops era, precisamente, el vigesimoctavo rey después de Menes, según la correlación de dinastías de Manetón. Se desprende de ello que la Gran Galería sería un homenaje a los antepasados del faraón.

Este argumento está avalado por dos antiguos autores árabes. Abu Ya’kub escribió que «allí se encuentran pinturas y estatuas yacentes o de pie y otras muchas cosas, de las que no se conoce el significado». Ibrahim Uasif Sha relató que en la pirámide oriental se habían guardado las estatuas de los abuelos de Keops. Las huellas de martillos a todo lo largo de la Gran Galería y situadas sobre el tercer saledizo pueden cubrir alguna antigua inscripción o los nombres de reyes pasados.

Quizás fuese éste el motivo por el que el faraón Keops fue odiado por su pueblo -según narraron a Herodoto- por haber utilizado este antiguo «Templo de lsis» como lugar donde construir su tumba. En dinastías posteriores, posiblemente durante la VI, la Gran Pirámide fue saqueada por un pueblo dirigido por los sacerdotes, que destruyeron todo lo que Keops hizo en el interior del monumento, intentando incluso que su nombre desapareciera de los anales del imperio. Por eso el faraón resulta para la arqueología un perfecto desconocido, del que sólo ha subsistido una pequeña estatua de nueve centímetros de alto que se conserva en el Museo de El Cairo. La Gran Pirámide quedó destripada y desierta durante más de 2.000 años, hasta el advenimiento de Ramsés II. Una inscripción grabada en la roca, frente a la cara norte de la pirámide de Kefrén, nos dice que el Superintendente de los Trabajos, Mai, «Grande del Templo de Maat», y el Intendente de los Trabajos del Templo de Amón en Tebas, Seanj-Pa, trabajaron en la reparación de las dos grandes pirámides de Giza. Bajo la inscripción se encuentra el mismo signo misterioso que se puede observar en el techo de la Cámara del Caos. Es decir, que en tiempos de Ramsés II se emprendieron trabajos en la Gran Pirámide con objeto de poner a punto su interior y de seguir celebrando allí las iniciaciones isíacas.

Ramsés II reestableció un colegio de sacerdotes destinado a las tres pirámides, haciendo que recobraran su papel de templo solar. Así parece indicarlo la inscripción descubierta por Reisner en la mastaba de Pen Meruu, en Giza, que utiliza el determinativo de los templos solares para referirse a la Gran Pirámide. Los autores árabes relatan las peregrinaciones que llegaban hasta la meseta de Giza desde todos los países de la Tierra, en especial desde la Arabia Yemení, ya que los sabeos eran adoradores del Sol. Los sacerdotes de Ramsés II limpiaron todas las estancias destruidas en anteriores expoliaciones. La Gran Pirámide debió conservarse intacta hasta los siglos XII o XIII. Por aquel tiempo se sucedieron en Egipto enormes terremotos que asolaron el país. Los árabes construyeron su nueva capital, Al Kaherah, que significa «La Victoriosa». Durante muchos años, se fue retirando el revestimiento que cubría la pirámide. La noticia de la ausencia de tesoros se extendió entre los expoliadores y la Gran Pirámide quedó abandonada. Las expoliaciones del revestimiento de los siglos XII y XIII y la arena del desierto acumularon grandes montañas de escombros de más de treinta metros. Fue en el Renacimiento cuando se avivó el interés por la ciencia y las cámaras y pasadizos fueron limpiados. La Gran Pirámide empezó a mostrar sus misterios.

 

¿QUIÉN LEVANTÓ LA GRAN PIRÁMIDE?


Los viajeros de la época clásica ya manifestaron su sorpresa ante la ausencia total de dispositivos tecnológicos relacionados con la construcción de las pirámides. La arqueología, desconocedora a veces de la física, la geometría o las matemáticas, ha intentado, con poco acierto, explicar los cómos y los porqués de tan ciclópea construcción. Y desde que en el siglo XIX se descubrieran las relaciones de la Gran Pirámide con los números Pi y Fi se inició una frenética carrera hacia la interpretación de sus medidas, dando como resultado las más insólitas explicaciones. En pulgadas, en yardas, en metros, en litros o en varas, las mediciones conducían a la explicación del presente, del pasado y del futuro, no faltando quien achacaba a errores de construcción los datos que fallaban en su teoría. Otros, incluso, no dudaron en limar alguna arista para que sus elucubraciones resultasen refrendadas con mayor precisión.

Entre la fantasía y la realidad, muchos autores crearon escuela. Fueron tratados como auténticos iluminados, pues pretendieron haber accedido a los secretos herméticos y hasta divinos que encerraría esta «biblia de piedra». Otros les tacharon, simplemente, de majaderos. Y todo este asunto es de lamentar, especialmente porque pueden hacer dudar, o provocar el descrédito, sobre teorías infinitamente más serias acerca de uno de los mayores misterios del pasado.

El pensamiento científico adquiere formas ajenas a la lógica e, inclusive, contrarias al sentido común. La ausencia total de referencias a la ciencia y la tecnología en las excavaciones, inscripciones y textos egipcios ha sido interpretada como prueba de que aquel pueblo no poseyó ningún género de tecnología y vivió en una ignorancia científica total. Y es una conclusión obligada si se tiene en cuenta que la primera rueda encontrada pertenece a la XII dinastía, la primera plomada a la XVIII, los primeros textos astronómicos aparecen en sarcófagos de la XI dinastía, el Papiro Rhind, de la dinastía XIII, tiene un nivel científico correspondiente a la escuela elemental y los primeros cuchillos de hierro corresponden a la XXVI dinastía.

En términos concretos, la documentación arqueológica nos muestra una civilización que avanzaba dificultosamente por el camino de la ciencia y que al cabo de 3.000 años de evolución todavía necesitaba importar de Grecia los pocos conocimientos que llegó a poseer Si admitimos que la Gran Pirámide no pudo ser construida por los egipcios de la IV dinastía, nos tenemos que plantear entonces otro tipo de hipótesis que puedan explicar la tecnología empleada y el uso que se le dio a la misma.

 

UN RECINTO HERMÉTICAMENTE CERRADO


Están contabilizadas más de cien pirámides a lo larga del Nilo, situadas siempre en su ribera occidental, pero una destaca por tamaño, proporciones, conservación y perfección. Es la Gran Pirámide, la única gran maravilla del mundo antiguo que se conserva.

Con las 114 pirámides censadas en Egipto se pueden hacer dos grupos: las cinco de la IV Dinastía (tres en Giza y dos en Dashur) y todas las demás. Estas 109 pirámides restantes no ofrecen problemas tecnológicos y no cabe duda de que fueron erigidas por la cultura faraónica, ansiosa de emular a las otras cinco, las que se encontraron los primeros egipcios que llegaron a las riberas del Nilo.

Las cinco pirámides atribuidas a Snefru, Keops, Kefrén y Micerinos no sólo hay que separarlas del conjunto a causa de su envergadura y perfección, sino también porque no contienen en su interior la más leve pista de cuándo fueron edificadas, ni por quién, ni con qué motivos. Por el contrario, todas las demás pirámides e incluso las tumbas de la IV Dinastía están repletas de jeroglíficos, esculturas y relieves que hacen fácil su datación. Y si ello es así, también su utilidad puede ser diferente. Se han barajado teorías para todos los gustos, según la particular visión de cada investigador. Como posibles funciones de las pirámides estarían el de servir como antenas emisoras-receptoras, como hitos geodésicos, como almanaque de tiempos pasados y futuros, como templo de iniciación, como archivo de conocimientos de civilizaciones desaparecidas o como observatorio astronómico. Tal vez no sean nada de ello, o quizás sean todo eso a la vez. Pero hay más, porque si convenimos en que la Gran Pirámide no fue edificada por los egipcios, tendríamos que considerar a los constructores como poseedores de una tecnología desconocida incluso en nuestra moderna era espacial.

Uno de los problemas que plantea la Gran Pirámide es el hecho de que vulnera el principio de economía en cuanto al trabajo empleado. Esto se comprende fácilmente observando nuestro alrededor. Nuestra actual industria es capaz de realizar losas anguladas perfectas y nuestros albañiles están capacitados para unirlas en íntimo contacto, pero el principio de economía señala que tal alarde sería una completa tontería, ya que multiplicaría por diez las horas trabajadas, con el consiguiente aumento de tiempo y dinero invertidos. Por tanto, el resultado es el que podemos ver, por ejemplo, en todos nuestros modernos cuartos de baño: después de alicatada la pared se aprecia que entre azulejo y azulejo hay a veces una separación de hasta, varios milímetros, que luego se tapa con una lechada de cemento que simula una junta perfecta. Es decir, poseemos una técnica que nos permite rozar la perfección, pero no interesa emplearla. Distinto es que se revista con cerámica una nave espacial; entonces sí es necesario el íntimo contacto de las piezas para evitar el calor producido por el rozamiento cuando la nave choca contra la atmósfera. En la Gran Pirámide trabajaron sin que importara el principio de economía. y, además, sin motivo aparente, ya que para una tumba no hacía falta tal derroche de técnica. La única respuesta coherente es que si en las juntas de los bloques de revestimiento de los corredores y de las cámaras no cabe ni el filo de una cuchilla de afeitar, es porque el constructor necesitaba que el conjunto fuera hermético.

 

TECNOLOGÍA DE ALTA PRECISIÓN


Los pocos bloques de revestimiento que aún se encuentran en la cara norte delatan su estampa inicial. Hoy sólo quedan en su lugar tres o cuatro. En su origen tuvo 27.000, perfectamente encajados y pulidos. Como realización tecnológica de alta precisión no existe nada en el mundo entero que iguale este revestimiento calcáreo. La tarea parece imposible. No existen sobre el pavimento huellas de arrastre, ni tampoco puntos de engarce para grúas o cuerdas. Además, para mayor asombro, colocaron en las juntas yeso de rápido fraguado, que obligaba a colocar el bloque al primer intento, sin posibilidad de efectuar posteriores movimientos.

En la actualidad, para las mejores «escuadras normalizadas» por la industria moderna, norma DIN875, se admiten errores de más o menos 0,03 mm por metro, cantidad algo superior a los errores de angulación y paralelismo de la obra egipcia. Como los mejores instrumentos no ópticos miden con errores de más de 300″, se demuestra que los egipcios debieron poseer instrumentos ópticos y, además, de alta precisión, ya que el anteojo de autocolimación corriente, por ejemplo, da errores del orden de los 5″.

La construcción de cada uno de los bloques de revestimiento, de 20 metros cuadrados de superficie, es una tarea equivalente al pulido del espejo del telescopio de Monte Palomar. Para comprender la magnitud de la obra egipcia bastará observar que SE fabricaron 27 000 de estos bloques. Lograron, hace miles de años, producir en masa lo que la industria moderna sólo produce a escala artesanal.

La agrimensura moderna, conducida por teodolitos, cronómetros y tablas astronómicas, admite para el cierre de polígonos un error del 0,3 %, que corresponde a un error de 10′ traducido en error angular Ningún procedimiento propuesto ha logrado explicar cómo consiguieron los egipcios tal exactitud. La pirámide de Kefrén tiene el mismo error de orientación que la Gran Pirámide, es decir, 5′ 31″. Y cabe preguntarse por qué orientaron a ambas con la misma desviación, cosa no imputable a la casualidad, Los antiguos egipcios tuvieron el equipamiento necesario para edificar una base de 53.000 metros cuadrados con una orientación de 0° 0′ 0″.

Es evidente, entonces, la completa disociación entre una ciencia avanzada y lo que aparece en sus pinturas y escritos. La diferencia entre el análisis arqueológico y el análisis tecnológico llega al extremo de mostrarnos dos mundos heterogéneos que marchar en sentido inverso: uno que aprende con lentitud otro que olvida rápidamente. Lo que supuestamente surge en los inicios de la civilización egipcia pudiera no ser el producto de una generación espontánea sino el final de una trayectoria de tradición. Y como esto no es posible, pues la tecnología de las tribus nilóticas sólo llegaba a producir puntas de flechas de sílex, hay que pensar en otra civilización más desarrollada incluso que la nuestra, de origen atlante o, quizás, extraterrestre.

LA CÁMARA DEL REY: ¿LABORATORIO GEOTÉRMICO?


Cámara del Rey y cofre de granito

No cabe duda de que la meseta de Giza está edificada y dispuesta de tal modo que sigue a la perfección un plan preciso. Pese a que algunos arqueólogos piensen que cada faraón situó su pirámide al libre albedrío, las relaciones geométricas entre todos los monumentos de Giza corresponden a un intrincado proyecto que aún está por descubrir. Pero si las nueve pirámides de Giza fueron construidas por el mismo arquitecto, debemos pensar que a la Gran Pirámide la dotó de una particular técnica que dejó absolutamente aislado su interior del exterior. Porque, según todos los indicios, tan colosal monumento sirvió como factoría de una energía muy especial.

El tanque de granito es más grande que los corredores que llegan hasta la Cámara del Rey. Los violadores de tumbas pudieron llevarse todo el ajuar que encontraron (momia incluida, oro y riquezas en abundancia), pero el supuesto sarcófago no. El ingeniero que diseñó la pirámide le concedió una importancia inusual, por ser el centro donde se acumulaba la energía suministrada por la máquina piramidal.

El doctor argentino José Alvarez López mantiene la tesis de que en la Gran Pirámide se realizaban experimentos nucleares. Según este profesor, no existe en el entramado de cámaras y pasajes del monumento ningún elemento que sobre o que falte para la consecución de tales propósitos. La Gran Pirámide, como todas las centrales nucleares, funcionaría como una máquina de vapor. En primer lugar, el átomo de uranio se transforma en plutonio y produce energía térmica (calor) que calienta agua a alta presión. Normalmente, se utiliza agua pesada que calienta la caldera de una máquina de vapor. Las cámaras inferiores de la Gran Pirámide serían la caldera, mientras que la Cámara del Rey contendría el equivalente al reactor atómico.

Canal sur “de ventilación” de la Cámara de la Reina

Se ha hablado mucho, demasiado, de la utilidad de los llamados «canales de ventilación» de las cámaras del Rey y de la Reina. Los investigadores Bauval y Gilbert, tras enrevesados cálculos donde no falta la manipulación de los datos angulares obtenidos por el robot del ingeniero alemán Rudolf Gantenbrink en el interior de los canales, aventuraron su hipótesis de que los cuatro canales apuntaban con «toda exactitud» a cuatro estrellas situadas en los hemisferios norte y sur, elaborando así la llamada teoría de Orión. El problema es que el canal sur de la Cámara del Rey, el que apunta precisamente a la constelación de Orión, recorre toda la pirámide con un ángulo de 45°, es decir, con la diagonal resultante de avanzar un metro hacia el sur mientras que se sube un metro hacia arriba. El canal norte tiene un ángulo de algo más de 39° como resultado de llegar desde la propia Cámara del Rey hasta, exactamente, la misma hilada de bloques donde desemboca el canal sur igual ocurre con los canales que parten de la Cámara de la Reina, que iban a dar a la misma hilada antes de taponarse desde el exterior. Extraño procedimiento de apuntar a unas estrellas con unos canales que están acodados incluso hasta dos veces. Según el profesor Alvarez López, la Cámara del Rey, esta supuesta cámara de energía nuclear, debía disponer para su perfecto funcionamiento de dos canales o toberas que la comunicaran con el exterior. Uno para la salida del vapor y otro para la adición del refrigerante. Los sistemas de seguridad implantados en el proyecto justifican el enigma de por qué los canales de ventilación de la Cámara de la Reina estaban cerrados. La respuesta la encontramos en los motores de explosión de nuestros automóviles. En caso de un exceso de presión o de temperatura, en lugar de estallar o rajarse el bloque del motor, los tapones de seguridad saltan para evacuar la presión, evitando el peligro de explosión. En caso de que en la pirámide se produjera un exceso de presión, los tapones de la Cámara de la Reina saltarían y el vapor recorrería los canales hasta llegar al exterior. En algún momento, estos canales se cerraron con unos tapones que fueron los que descubrió el robot de Gantenbrink.

Precisamente para entrar en la Cámara de la Reina hay que descender un escalón. La sala se encuentra más baja que el canal horizontal por el que se accede a ella, posiblemente para permitirle almacenar líquidos. El corredor tiene sus paredes impregnadas de una solución de base salada. Tanto en las cámaras de descarga como en el pozo existen todavía restos de unas extrañas estalactitas. Su sabor es también salado. Se suele explicar, con poco éxito, que los bloques de la pirámide provienen de la calcificación de un lecho marino, por lo que todas las piedras contienen gran cantidad de fósiles y es por ello que rezuman sal. Pero las estalactitas llegan a medir 10 centímetros de largo y surgen de las grietas entre los bloques. Su goteo ha producido extrañas formas y su profusión hace pensar en los experimentos que se podrían haber realizado en el interior del monumento.

 

PILAS EN LA ANTIGUEDAD


Este tipo de energía, por increible que parezca, era conocido ya en el pasado, al igual que la producción de fenómenos eléctricos de diversos tipos, siendo todo ello atribuido a la divinidad. Esta fuerza era llamada akasha por los antiguos brahmanes, «fuego principio» por los magos de Caldea, «agente mágico» por los cabalistas de la Edad Media y «energía celeste» por algunos alquimistas. Hoy, algunos científicos la llaman «fuerza etérea» y puede producirse si se conocen los mecanismos de la energía magnética.

Bombillas de Dendera

En la Antigüedad se conocían diversos sistemas de pilas y acumuladores eléctricos, y se aplicaban en ciertos procesos electrolíticos para recubrir los ídolos con láminas de oro. Se han encontrado pilas en Bagdag y en Macchu Pichu. Y también en Egipto. En una representación de la tumba de Ramsés VI en el Valle de los Reyes (Luxor) se aprecia claramente cómo dos símbolos sagrados del Antiguo Egipto, el pilar Djet y el signo Tit, se unían para conformar una linterna. También vemos en el templo de Dendera, posiblemente el mejor conservado de Egipto, cómo una columna de sacerdotes sube por los oscuros pasadizos hasta la terraza, llevando grandes pilas y regalos a los dioses, y cómo luego descienden por el otro lado con las pilas cargadas. Precisamente en la terraza del templo de Dendera aparecen signos inequívocos de que toda la superficie estuvo salpicada de placas de plomo, cobre y zinc, a semejanza de una gigantesca placa electrónica, que hace aún más verosímil la posibilidad del contacto con los «dioses».

 

EL SECRETO DE MOISÉS


La similitud de estas pilas con el Arca de la Alianza hebrea surge inevitablemente. Entre los babilonios y los egipcios ya habían existido objetos de culto análogos o afines a ésta. El arca babilonia se le asemeja poco, pues su forma era más bien de asiento o trono. El arca egipcia se le parecía más: consistía en un cofre o templete de dimensiones aproximadas a las de la judía, y tenía figuras de genios con las alas desplegadas. También era llevada procesionalmente por los sacerdotes, mediante barras, como los levitas llevaban la de lsrael (Dt. 37,9-25).Moisés, gran iniciado en los misterios de Egipto, tuvo acceso a los secretos de pirámides y templos y, siguiendo las indicaciones de Yahveh, alentó a los judíos para que se apropiaran de todo el oro posible con el fin de hacer el Arca de la Alianza, que serviría como condensador eléctrico y que trabajabaría, estudios realizados, con de potencial de 100.000 V pudiendo recargarse con la electricidad atmosférica del desierto, lo mismo que ocurre con la estática de los coches. Pero lo más curioso es que las medidas del arca encajan con pasmosa exactitud en el tanque de granito de la Cámara del Rey de la Gran Pirámide, siendo esta sala de similares dimensiones a la que Salomón construyó para guardar el Arca en el primer templo, en Jerusalén.

Al sondear los misterios de las pirámides o del Arca de la Alianza nos acercamos todavía más a una desconocida tecnología, más propia de los dioses que de los hombres.

Unos dioses de extraños comportamientos que dejaron en la meseta de Giza o en el desierto del Sinaí señales de su paso, aunque estuviesen escondidos tras una nube o imponiendo su criterio bajo las amenazas de su poder. Unos dioses que pudieron hacer algunas colosales obras que encontramos en Egipto y que incluso las pusieron en funcionamiento, aunque los materiales que pudieron emplearse, como el uranio enriquecido o el plutonio, se camuflaran bajo palabras tan enigmáticas como «el testimonio». Nuestros alcances científicos ya nos permiten evaluar la tecnología aplicada en la Gran Pirámide y comprender el significado de algunas extrañas frases de los libros sagrados: «En el Arca pondrás el Testimonio que yo te voy a dar» (Éxodo2S, 16).

Solo queda ya salvar las limitaciones mentales.