¿Es esto la Atlántida?

escrito por Manuel José Delgado

 

Is this Atlantis?

La noticia saltaba a los medios de difusión el pasado 20 de febrero, de la mano del periódico inglés The Sun. Ocupando la mitad de su portada, con

Portada de The Sun

grandes titulares, preguntaba: “¿Se trata de la Atlántida?”. En el artículo, los periodistas se habían hecho eco del descubrimiento, en el fondo del Atlántico, de lo que parecía ser la estructura de una ciudad, con calles y edificios. La fotografía que presentaban había sido obtenida con el programa Google Earth, que gracias a su versión 5.0 se puede recorrer, además de la superficie terrestre, los fondos marinos. Utilizando dicho programa, cuyo software es gratuito, la aparente estructura urbana se puede localizar en las siguientes coordenadas: 31º24’21.38″ Norte y 24º24’22.70″ Oeste. El lugar geográfico se encuentra en la denominada “Llanura Abisal de Madeira”, y dentro de esta, en el área conocida como Great Meteor East (GME), precisamente por hallarse al este de monte submarino de igual nombre, Meteor. El lugar se halla entre los -5300 y -5400 metros de profundidad, o sea, dentro de la zona más profunda del océano, la abisopelágica. Los periodistas aseguraban

Aparentes estructuras en el fondo marino

que el descubrimiento había tenido un interés inusitado en oceanógrafos y geofísicos, y mencionaba que hasta el Dr. Charles Orser, profesor de arqueología histórica en la universidad del estado de Nueva York había considerado el hallazgo como fascinante. El artículo afirmaba que el descubridor era el ingeniero aeronaútico Bernie Bamford, de la ciudad de Chester. Con todos estos datos el periódico dejaba, entre el interés de los científicos y la incredulidad de los autores del programa, el terreno libre para todo tipo de conjeturas. A la mañana siguiente un portavoz de Google declaró que la batimétrica (terreno del mar) puede ser alterada por los datos obtenidos por los barcos al utilizar el sonar para realizar las mediciones de los fondos marinos. Por ello las líneas que aparecen serían sólo las trayectorias seguidas por la embarcación, que se sumaría al propio reflejo del fondo.

De lo que no habla el periódico inglés es que ya en España, desde hacía dos meses, se estaba trabajando en desentrañar este misterio. En la página web de los hermanos Juan y Enrique Menéndez Crespo ya estaba colocado a principio de año tanto el descubrimiento como la hipótesis de que se tratara de los restos de la Atlántida. El 27 de enero Juan Menéndez se puso en contacto con el experto en la Atlántida Georgeos Díaz para ponerle al día del hallazgo, quién investigó el asunto hasta la saciedad, elaborando un informe que fue publicado en su web, en donde llegaba a la misma conclusión que los expertos de Google expusieron después. El fondo marino que refleja el programa no reflejaba su realidad morfológica y estaba contaminado por el rastro del sonar de los barcos.

Anomalía submarina situada en el Atlántico

Cualquiera que dirija la observación del área en cuestión con el Google Earth podrá notar en primer lugar que la estructura arquitectónica, de forma rectangular, está dividida por grandes calles o muros que se asemejan al planteamiento de una ciudad. Sin embargo el mismo programa tiene una herramienta capaz de medir las distancias, con lo que obtenemos que dichos muros o zanjas tienen una anchura de kilómetro y medio, algo que no puede existir en el diseño de una ciudad.

En el estudio realizado para relacionar la estructura encontrada con la ciudad de la Atlántida descrita por Platón, el Sr. Díaz aporta en su página web http://www.antiquos.com una serie de argumentos para evaluar que el lugar no se relaciona con los escritos de Platón. Defensor a ultranza de su teoría de la Atlántida Ibero-Mauretana, y especialmente andaluza, de la que tendrán amplia información en este mismo número de Año Cero, el experto en la Atlántida y textos antiguos expone los principales puntos de desacuerdo para mantener que no sólo estas estructuras no pueden ser la Atlántida, sino que además la misma no puede encontrarse en el centro del Atlántico sino cerca de las Columnas de Hércules, es decir, cercano a Gibraltar. Aduce que las medidas de la ciudad no coinciden con las ofrecidas por Platón ya que el autor griego dijo que la llanura donde estaba la ciudad debía tener una longitud en su lado mayor de 555 kilómetros, mientras que lo ahora descubierto llega tan solo a 160 km. La orientación de la supuesta ciudad tampoco coincide con la metrópolis mencionada por Platón, ya que debería estar orientada al sur. Sin embargo, la supuesta llanura cuadriculada se halla en el extremo occidental de toda el área identificada con la gran llanura o planicie de la comarca del rey Atlas. Los canales que se aprecian en la foto de Google tampoco coinciden con la descripción de Platón. En el Critias leemos que la metrópolis atlante se hallaba a tan solo 50 estadios del mar y su construcción circular concéntrica (que no aparece en los restos hallados) estaba separada del puerto por 50 estadios de longitud, algo que no coincide con lo ahora descubierto. Por otro lado la profundidad del lugar no se corresponde con la isla mencionada por Platón pues, aunque todo el terreno hubiera sufrido un hundimiento, la superficie de la isla nunca podría encontrarse en la ladera inferior de la llanura abisal de Madeira.

Perfil del oceano Atlántico

Perfil del Océano Atlántico entre Norteamérica y África, visto de Sur a Norte, América a la izquierda y África a la derecha. La “Llanura Abisal de Madeira” se encuentra justamente en el área de la cuenca abisal de las Canarias, zona abisopelágica, que como puede verse, se haya entre los -5000 y -7000 metros de profundidad.

La más posible explicación a estas “anomalías” encontradas en los fondos marinos, según explica Georgeos Díaz, sería la de considerar la teoría de “Seismic Lines for Bathymetry”, es decir, simples trayectorias de barridos mediante reflección sísmica, insertadas en el mapamundi batimétrico como parte de un programa oceanográfico internacional, en aras de facilitar a los investigadores el acceso a todos los sondeos y escaneos batimétricos realizados, o publicados, y que son conocidos por la empresa creadora de esta enorme base de datos, de la que sin dudas, NOAA, como sabemos por el propio Google Earth, es al menos coautora. Estaríamos ante un caso de MSRD (Marine Seismic Reflection Data), o sea, “Datos de Reflección Sísmica Marina”, insertados en el mapamundi batimétrico, y que muestra los trazados de líneas sísmicas usados en algún sondeo batimétrico de este tipo.

Libro de los Muertos

Sin embargo, aunque las anomalías detectadas en los fondos marinos tengan una explicación pausible, el tema de la Atlántida no se ha descartado. Es posible que el avance de los sistemas de topografía de los fondos marinos ofrezca en el futuro la posibilidad de un rastreo meticuloso y realista. Por el momento seguiremos con otro tipo de valoraciones para seguir pensando en que Platón, y los sacerdotes egipcios antes, tenían razón al considerar que en algún punto del océano Atlántico existió alguna vez una civilización hundida por un cataclismo, y que sus supervivientes emigraron para colonizar otras partes de nuestro planeta. Porque pistas tenemos suficientes.

Otras anomalías submarinas a lo largo del mundo (Selección de Georgeos Díaz)

También existe la posibilidad, por no descartar nada, de que las estructuras poligonales encontradas en el fondo atlántico tengan un origen natural. Con el mismo programa de Google Earth se pueden encontrar otras muchas líneas rectas perfectas y organizaciones de líneas poligonales en muchas otras partes de los fondos marinos.

Algunas de ellas son:

Anomalías Atlántico Norte

En el Atlántico norte, en Noruega, Mar de Barents. Geoglifos submarinos mil veces más grandes que las líneas de Nazca.

Anomalías en Groenlandia

En Groenlandia, área reticulada en donde se aprecia una forma circular concéntrica y radiada, con al menos dos anillos.

Anomalías en Irlanda

En Irlanda, llanura cuadrangular y reticulada.

Anomalías en el Mar Caribe

En el Caribe, llanura abisal con la más extensa área cuadriculada, más de 1200 kilómetros por su lado mayor.

Más anomalías en el Caribe

También en el Caribe, una perfecta forma rectangular, con al menos tres lados simétricos en la llanura abisal debajo de Puerto Rico.

Anomaías en América del Norte, Philadelfia

En América del Norte, frente a las costas de Philadelphia, una de las formaciones reticuladas más impresionantes (por compleja).

Anomalías en el Triángulo de las Bermudas

En el triángulo de las Bermudas, unas formaciones geométricas bastante complejas.

Anomalías en la dorsal atlántica

En plena dorsal atlántica, en un terreno montañoso o sinuoso.

Anomalías en la zona atlántica de Africa Central

En África central atlántica, estructuras cuadrangulares en una llanura abisal.

Anomalías cerca de Islandia

En Islandia.

Anomalías en el Golfo de Méjico

En el golfo de Méjico, líneas que se cruzan perpendicularmente, formando el más complejo reticulado inimaginable.

Anomalías en el Pacífico

En el Pacífico, más espectacular aún que el de la llanura abisal de Madeira.

Anomalías jundo a la costa de Alaska

En Alaska, formaciones complejas y enormes.

Anomalías en la Antártida

 

 

En la Antártida, formaciones de montículos o pequeños montes alineados.

Recuerdos de la Atlántida

En la dilatada vida profesional de Sebastián Vázquez, editor de la Editorial EDAF, han pasado por sus manos miles de obras inéditas cuyos autores buscaban su publicación. Muchas de ellas, por su calidad y contenido, salieron al mercado en forma de libros. Otras muchas nunca vieron la luz y quedaron archivadas en algún cajón de su creador. Esta es la historia de una de ellas.

Sebatián Vázquez. Editorial EDAF

En el año 1996 se personó en el despacho de Sebastián Vázquez un personaje desconocido en mundo de la literatura. Esta persona, ya de cierta edad y de ascendencia catalana, se presentó como médico jubilado que había pasado parte de su vida en Brasil. Allí trabó amistad con un empresario de origen libanés. Este libanés, que había estudiado en Alemania Historia Antigua, contó al catalán su singular existencia. Debido a la guerra de religiones que aconteció en el Líbano a mediados del siglo pasado, emigró a Brasil no sin antes llevarse algo de inusual valor. En la finca propiedad de su familia se encontraba un pequeño túmulo en el que años antes, excavando, encontró una serie de tablillas de arcilla escritas en fenicio. Ya en Brasil el libanés tuvo tiempo para traducirlas al portugués, elaborando un compendio de 1000 folios manuscritos. Cuando tuvo cercana la hora de su muerte mandó una copia del trabajo al médico catalán que, a su vez, tradujo la obra al castellano. Todo ese material acompañaba al hombre cuando visitó a Sebastián. Lo dejó encima de su mesa y animó al editor a leerlo por si acaso la información que aportaba era de utilidad a una editorial caracterizada por publicaciones relacionadas con las civilizaciones antiguas y los misterios, en concreto con la enigmática Atlántida.

La tarea del editor no fue fácil. Los escritos tenían muchas lagunas, la narración era inconexa y caótica y la falta de las tablillas originales hacía que la documentación no estuviera avalada por prueba alguna. Estos argumentos obligaban a Sebastián a abandonar cualquier idea de publicación de la obra. No obstante, lo que leyó dejó una profunda huella en su ánimo. Muchos años después de aquellos hechos recuerda aquel manuscrito con benevolencia. Pudo, al final, hacerse una idea general de la odisea que narraba y, aún hoy, cuando nos cuenta la historia, aparece en su semblante una sonrisa de complicidad, como si supiera que una vez tuvo en sus manos algo realmente importante.

Manuel José Delgado en el templo fenicio de Sancti Petri (Cádiz)

Según nos contó Sebastián sobre lo narrado en la obra, navegantes procedentes de Asia Menor se dedicaban principalmente al comercio llegando a las costas de España, aunque no se citaba en absoluto ninguna fecha. Estos marinos-comerciantes tenían la costumbre de dejar en las plazas importantes donde ejercían un mayor mercadeo a sirvientes o esclavos para familiarizarse con el idioma y las costumbres del lugar, con el fin de poder realizar mejor las transacciones económicas. Uno de estos sirvientes trabó relación con sacerdotes de la antigua Tartessos en donde, por su buen hacer e inteligencia, se ganó la confianza no solo de su señor además de la de los sacerdotes, llegando a dominar la lengua de los tartésicos sino, además, otra lengua sagrada, de origen antiquísimo, utilizada exclusivamente en los rituales de culto. En la biblioteca del templo señor tuvo acceso a ciertos archivos que narraban el ocaso de una civilización madre, precursora de culturas a ambos lados del Atlántico, y el deambular de aquellos pobladores desde las islas donde vivían originariamente buscando otros lugares de asentamiento, ya que su territorio había sufrido enormes cataclismos. Este sirviente logró traducir estos archivos y los llevó de vuelta a su puerto de origen. De algún modo posteriormente fue traducido al fenicio-o el sirviente ya lo redacto originalmente en esta lengua pues el texto no lo cita- y muchos siglos después lo halló el historiador libanés.

Recreación de La Atlántida

Según Sebastián, la narración estaba presuntamente avalada por unos mapas que, de forma meticulosa y con todo lujo de detalles plasmaban la antigua ciudad de Tartessos, situada en lo que es hoy el golfo de Cádiz, y la zona entre las desembocaduras de los ríos Guadalquivir y Tinto. Debía ser una ciudad parecida a Venecia, con numerosos canales acuáticos y donde se hallaba un templo de forma circular que era el que guardaba los archivos con las crónicas atlantes que según la narración se inundaba a menudo. La ciudad estaba protegida por amplios cortavientos de piedra y tanto el puerto como la ciudad y la zona estaban tan perfectamente diseñados en el dibujo que hacía pensar en que si fuese una falsificación, esta era muy elaborada. Asimismo, pero ya en la crónica atlante, existían otros mapas realizados de manera más tosca, en donde aparecían gran número de islas diseminadas por el Atlántico, entre el triángulo formado por Gibraltar, Madeira y Canarias.

Según el relato el hundimiento de la Atlántida no se produjo por una sola catástrofe natural, sino que fueron sucediéndose, a lo largo de muchos años. Según relataba el texto parece que en un principio existían cuatro islas más grandes  rodeadas de otras muchas más pequeñas. En la isla principal y de mayor tamaño era donde se alojaban los grandes templos y edificios administrativos. Pero el modelo de sociedad perfecta descrita por Platón no se cumplía, ya que la isla principal subyugaba a las demás, produciendo enfrentamientos guerreros entre ellas. Por lo visto, fueron cuatro los grandes cataclismos que sufrió la Atlántida. Antes del último de ellos tan sólo florecían en superficie algunas islas, mientras que se mantenían un istmo que unía una gran península al continente africano, en el terreno que hoy ocupan las islas canarias que desapareció en el último cataclismo de origen volcánico.

La Atlántida, recreación en The Sun

El texto original fenicio se centra principalmente en el éxodo que realizaron los últimos supervivientes de la Atlántida hasta que se dividieron. Según la crónica un grupo se dirigió hacia “los terrenos fríos del norte”, mientras que otro gran grupo se dirigió hacia África. La travesía debió ser muy dura, con enfrentamientos entre la población y los grandes sacerdotes, con deserciones y castigos, y con todos los peligros que tuvo que pasar una cultura no familiarizada con la geografía africana. Se cuenta, asimismo, que los jerarcas, la casta sacerdotal, llegaron incluso a contratar a tribus africanas para que les acompañaran y les protegieran en el itinerario. Como estos africanos eran tomados por los viajeros como personas de gran envergadura y fuerza, debemos considerar que los emigrantes eran de estatura baja. Un grupo de revolucionarios se separó del grupo para volver sobre sus pasos, lugares considerados peligrosos debido a las erupciones volcánicas que se estaban sucediendo, y que nos recuerda en cierta medida el origen de las islas Canarias.

Toda esta historia, según nos cuenta Sebastián, mantiene una relación directa con las investigaciones de su amigo el explorador Angelo Pitoni. El italiano, por ser amplio conocedor de los países subsaharianos, en donde participó en varias expediciones en busca de diamantes, fue el protagonista del descubrimiento de lo que él considera “la raza perdida”, posiblemente los descendientes de aquellos protagonistas del éxodo atlante. Las figuras que descubrió en la selva de Sierra Leona, la gigantesca estatua femenina  de Guinea Conacry o la enigmática “piedra azul” capaz de curar enfermedades, serían las piezas arqueológicas que avalarían el relato fenicio.

Sebastián Vázquez no guarda el manuscrito, pues lo devolvió al médico catalán. También ha perdido la pista tanto de su nombre como de su localización. Sin embargo mantiene la vaga esperanza de recuperar la pista que le lleven a obtener más información de las tablillas originales fenicias, pues según nos afirma, de ser reales, aportarían informaciones reveladoras el fascinante mundo perdido de los atlantes.

Los que huyeron por el mar

El programa Google Earth, además de las posibilidades de rastreo marítimo comentadas anteriormente, ofrece asimismo una poderosa herramienta para investigar la superficie terrestre a la búsqueda de restos que sólo pueden ser apreciados desde el aire. Como resultado de su aplicación hemos tenido acceso a un enigma que bien puede tener relación con la Atlántida.

Península de Qawra, Malta

El hecho es que investigando la costa de la isla de Malta me encontré con unos círculos concéntricos, de unos 100 metros de diámetro, cuya procedencia histórica se desconocía. Estos círculos pueden visionarse en las siguientes coordenadas: 35º57’36.44” norte y 14º25’42.17” este. Los dibujos, que no habían pasado desapercibidos anteriormente por otros investigadores, habían sido motivo de una agria discusión en el portal de Internet más importante dedicado a la atlantología, Atlantis Rising. Por lo visto, el primero en sacar el asunto a la luz fue un afiliado al foro, con el nick de Nikas, que se presentó como norteamericano de origen griego. Según afirmaba, los dibujos demostraban en cierta medida su teoría de que la isla, o islas, de Malta habían sido la Atlántida. Las intervenciones en el mismo foro de Georgeos Díaz, desbarataron tal posibilidad, sobre todo por los escritos de Platón que la ubicaba más allá de Gibraltar.

Círuclos concéntricos en la península de Qawra, Malta

Sin embargo el asunto no se cerró, ya que aunque las islas de Malta no pudieron ser la Atlántida de Platón, no puede descartarse la posibilidad de que el lugar hubiera sido un asentamiento atlante en ese éxodo que realizaron para buscar nuevos asentamientos, hipótesis que hasta el mismo Díaz acepta. Según el Timeo y el Critias los atlantes se expandieron desde el golfo de Cádiz hacia el interior de las

Similitud con los círculos de La Atlántida

Columnas de Hércules, por casi todo el Mediterráneo, hasta alcanzar los límites de Egipto, Grecia y el Asia Menor (Anatolia). Por ello podemos suponer que también colonizaron las islas más estratégicas, como lo son Malta y Gozo, además de Sicilia, Córcega, Cerdeña y Creta.

En los foros donde se ha debatido el asunto de los círculos concéntricos malteses se apuntó la posibilidad, aceptada por los más críticos y escépticos, de que se tratara de una diana, realizada por las fuerzas navales inglesas durante la Segunda Guerra Mundial, para ejercitar prácticas de tiro. Aunque para exponer esta teoría no se aportó documentación alguna relacionada con el caso de Malta, la similitud con otras dianas realizadas en los desiertos estadounidenses hacia que la explicación tuviera que tomarse en cuenta. Para algunos fue el fin de la historia, para otros no, ya que la única forma de investigar los geoglifos era la de investigarlos in situ, algo que todavía nadie había hecho. Y nos fuimos a Malta.

Las líneas de los círculos vistas desde el suelo

Nuestra primera visita a la península de Qawra, donde se encuentran los círculos, cercana a la localidad de San Paul Bay, fue desalentadora. Recorrimos la península en toda su extensión y las líneas circulares no aparecían por ningún lado. El lugar suele estar frecuentado por pescadores que, caña en mano, intentaban con bastante éxito abastecerse de pescados. Pero ellos no sabían nada de los círculos pese a ser nativos del pueblo. No tenían la más mínimo referencia de que allí existieran unos círculos que sólo podían ser vistos desde el aire. De vuelta al hotel volvimos a ver la imagen en el ordenador, tomamos puntos de referencia y trazamos un mapa por donde deberían discurrir las líneas. A la mañana siguiente nos volvimos a situar sobre las rocas y, al final, gracias al mapa pudimos

Las líneas vistas desde el suelo

entrever los trazos que componían las circunferencias. Resultaba extraño que, de ser una diana para tirar proyectiles, no se hubiera empleado pintura para su señalización. Por el contrario sólo se apreciaba una ligera diferencia tonal entre las líneas y la roca en donde se hallaban. No era posible que las líneas se hubieran realizado mediante golpes de una máquina en la roca, ya que no aparecía ninguna señal de deterioro, teniendo adheridas las mismas formaciones vegetales y animales que el resto. Tampoco debieron realizarse por arrojar algún tipo de ácido, pues en el interior de las propias líneas existían zonas de distinta tonalidad. Ello nos llevó a pensar en la antigüedad extraordinaria de esos trazos.

Los dibujos no fueron diseñados para hacer una diana, más aún teniendo en cuenta la proximidad, ahora y hace 60 años, de un importante núcleo de población. De cualquier forma, si durante la II Guerra Mundial se hizo una diana en la península de Qawra, ningún proyectil hizo allí impacto, lo que definitivamente nos aleja de aquella teoría, más aún cuando preguntamos al comisario jefe del puesto de policía de Saint Paul, amplio conocedor de la zona, quien nos aseguró que desconocía que durante la contienda militar se hubiera utilizado el lugar para prácticas de tiro.

La curiosa representación que encontramos en Malta guarda una similitud más que aparente con la representación que de la isla de la Atlántida hizo Platón. Los tres círculos concéntricos que representaban a tres canales acuáticos, recorridos todos por otro canal longitudinal que une el exterior con el centro, resulta cuanto menos espectacular. Pero dos datos nos llamaron la atención que ahondaban aún más en la hipótesis de que el dibujo representara la antigua capital de la Atlántida. El canal vertical se encuentra perfectamente alineado norte-sur, exactamente lo mismo que

Bañera central de los círculos concéntricos de Qawra

mencionaba Platón. Cuando pudimos ubicar y delimitar los círculos concéntricos y el canal central, intentamos hallar cuál era el centro exacto del dibujo, correspondiendo a un punto donde se encontraba una especie de bañera o pozo, realizado artificialmente ya que se notaba el borde carcomido por escoriaciones y algunos canalillos construidos posiblemente para desalojar agua.  En ese momento recordamos que según el filósofo griego en el centro de la Atlántida se encontraba un templo dedicado al dios Poseidón, el dios del mar y de los terremotos, adoptado posteriormente por los romanos como Neptuno. ¿Existió alguna vez una estatua de este dios en el centro de los círculos?.

La presunción de considerar este dibujo como representante de la visita de los atlantes a la isla de Malta, en contra de la teoría de la diana para prácticas de tiro, se ve avalada porque aparte de estos círculos, conocidos por algunos investigadores, han aparecido otros similares en la cercana isla

Círculos en la isla de Comino (muy deteriorados)

de Comino, a escasos metros de la posición de un faro centenario. Estos círculos no se aprecian desde el aire con la misma nitidez que los de Malta, sin embargo están ahí. La única forma de apreciar su diseño es utilizar un programa de contraste y relieve que revela su existencia. Como en el caso de Malta allí nunca hizo impacto un proyectil. Y, como en Malta, tampoco se diseñaron con pintura, sino con una paciencia infinita al tener que raspar la roca para sacar de ella el color claro que se encuentra bajo la capa oxidada de la piedra. Y de eso hace muchos miles de años.

La presencia en Malta de misterios relacionados con un pasado ignoto no se queda en estos círculos. A lo largo de toda isla, de norte a sur y de este a oeste, se encuentran los llamados Cart Ruts. En un ejercicio de humildad

Cart Ruts, increíbles líneas kilométricas que no van a ninguna parte

inusitado, los arqueólogos no han dado ninguna explicación a su presencia y evitan decantarse hacia alguna solución fácil, manifestando su desconocimiento ante estos restos arqueológicos. Los Cart Ruts están incluso anunciados, como interés turístico, por las islas de Malta y de Gozo. En los carteles se afirma que fueron realizados durante la Edad del Bronce. Hemos leído alguna teoría para su explicación, como que eran los rastros en granito del paso de ruedas de carro, o que con ellos evitaban que las lluvias anegasen el terreno, al poder conducir el agua hacia otros lugares. Ambas

Manuel Delgado examinando un enigmático Cart Ruts de Malta

hipótesis son absurdas. Hay miles de Cart Ruts, son zanjas que recorren la superficie pétrea de Malta en todas direcciones. Algunos gozan de una longitud de kilómetros, otros en cambio sólo tienen un metro de largo. A veces son varios los que recorren paralelos la superficie, en otras ocasiones los trazos son únicos, entrecortándose entre sí haciendo quiebros sorprendentes. Su excavación debió ser una tarea ardua. En ocasiones tienen una profundidad de 50 centímetros o otras veces no son más que señales superficiales. Empiezan y terminan sin causa aparente, con un propósito desconocido. Algunas veces las líneas su dirección, en otras las líneas se sumergen desde tierra hacia el fondo del mar.

El trabajo de excavar miles de zanjas en toda la isla carece de todo sentido y no es propio de ninguna cultura conocida. Son remotos vestigios de una civilización perdida en el tiempo, que trabajó con un propósito desconocido. Algo que apunta directamente a la enigmática cultura atlante.

Los que huyeron por tierra

 

Albert Slosman es quizás el máximo defensor de la relación entre la Atlántida y Egipto. Antes de visitar Egipto y analizar sus monumentos fue en Camerún donde encontró la pista sobre el gran cataclismo que había hundido un inmenso continente situado al oeste de África, a través de la información suministrada por individuos procedentes de la tribu de los Fako. Esta misma historia volvió a encontrarla en Egipto, tanto en los textos del Libro de los Muertos, como en los muros pétreos del templo de

Los dioses que se salvaron del cataclismo, templo de Dendera

Dendera. Con la mismos argumentos con los que los sacerdotes egipcios informaron a Sólon, uno de los siete grandes sabios de la antigua Grecia, y que valió a Platón para escribir su Timeo y su Critias, Slosman encontró que la civilización egipcia no había tenido su génesis a orillas del Nilo, sino que sus ancestros vinieron de otro lugar lejano, situado en el océano Atlántico.

En los viajes que Slosman realizó a Marruecos, se percató que algunos lugares geográficos tenían mucha similitud con algunos prefijos y sufijos utilizados frecuentemente en los textos jeroglíficos del Libro de los Muertos, como la Duat y Ta Mana. Si Ta Mana, en los textos jeroglíficos, puede traducirse como el “lugar del Poniente del sol”, el “lugar de los Bienaventurados”, Ta Uz significaría, a su vez, “lugar de Osiris”. La ciudad de Tamanar se encuentra a sesenta kilómetros al norte de Agadir, y Ta Uz, a la entrada del desierto sahariano. De la misma manera que hicieron los de la tribu Fako, los beréberes contaron a Slosman una historia parecida sobre su ascendencia divina, y procedencia lejana, un lugar idílico situado asimismo al oeste.

En lenguaje jeroglífico, esta tierra desaparecida se conocía fonéticamente como Ahâ-Men-Ptah, cuya traducción sería “Primogénito-Durmiente-de-Dios”, vocablos que, según Slosman, sufrieron con el paso del tiempo una contracción fonética para convertirse en El Amenta, aunque seguía recordando su significado primigenio de “País de los Muertos”, “País de los Bienaventurados”, y “País del Más Allá”. Curiosamente el nombre del dios Ptah estaría asimismo incorporado en el epíteto para denominar a los monarcas, que fueron los Ptah-Ahâ, cuyo significado sería el de “Primogénito-de-Dios” puesto que se consideraban descendientes directos del primer Hijo de Dios. Tendríamos con ello que Ahâ se pronunciaría Ahan y que Ptah también se escribe Phtah, de su fonetización en lengua griega, en la que la letra pi se convierte en phi (fi), por lo que Phtah-Ahan fue fonetizado “Faraón”, que de Primogénito-de-Dios pasó a ser “Hijo-de-Dios”. Con los mismos argumentos Slosman explica que el nombre de la tierra a orillas del Nilo, Ath-Kâ-Ptah (Segundo-Corazón-de-Dios) se convirtió posteriormente, en la fonetización griega, en Aegyptus, Egipto para nosotros.

Según Slosman, el primer lugar a donde llegaron los supervivientes del éxodo atlante en Egipto fue a la zona de Dendera y de Abydos. Consideraba que el templo de Dendera, cuya actual reconstrucción es la realizada por Ptolomeo II Evergetes, fue originariamente diseñado por los atlantes. En sus muros, Slosman pudo leer: “En el principio, estas palabras enseñaron los Ancestros, aquellos Bienaventurados de la Tierra primera: Ahâ-Men-Ptah. Los que convivían con las Creaciones del Corazón-Amado: el Corazón-Primogénito.”

Asegura Slosman, por la traducción de los textos del templo, que las fechas que aparecen grabadas no sólo hablan de diez milenios atrás, sino de hace veinticinco mil años, cuando Ahâ-Men-Ptah existía como un continente de clima templado, vegetación exuberante, numerosas especies de una fauna hoy ya extinguida en su mayor parte, y en donde los humanos vivían de forma ordenada y pacífica en varias ciudades que se desarrollaban bajo un mismo poder central. Pero la Atlántida se hundió rápidamente en el agua en una fecha que, según Slosman, debió ser el 27 de julio de 9,792 antes de nuestra era, fecha que consideraba inequívoca gracias a la lectura e interpretación de los acontecimientos narrados en el planisferio celeste grabado en el techo de una de las salas del templo de Dendera, más conocido con el nombre de “zodíaco”.

Coincidiendo con lo que nos había contado Sebastián Vázquez sobre el éxodo atlante, Slosman asegura que durante el éxodo atlante se produjo una lucha fratricida entre dos miembros de una misma familia, posiblemente hermanos, que prosiguió durante los quince siglos anteriores a la llegada a Egipto y aún continuó aquí durante cuatro mil años más. Las dos ramas enfrentadas serían por un lado los “Rebeldes de Set” y, por otro, los “Seguidores de Hor”. Durante el enfrentamiento se alternaron en el poder, aunque más adelante ambos clanes fueron deteriorándose, algo que favoreció su desvanecimiento y toma del poder los usurpadores (los Râ-Sit-U). Desde el  cataclismo que promovió el hundimiento del archipiélago de Ahâ-Men-Ptah, añade Slosman, la supervivencia tradicional no pudo ser practicada más que por una memorización oral intensiva y conservada perseverantemente, hasta la llegada, siglos y siglos después, a Ath-Ka-Ptah donde, en el oportuno momento, esta lengua ancestral fue reconstituida y puesta de nuevo en uso, así como ciertas costumbres que ancestrales.

La historia del Gran Cataclismo y los avatares de los supervivientes del mismo fueron grabados, además de en otros materiales, sobre la perdurable piedra del templo de Dendera, como lección y recordatorio para los siglos venideros.

Monumentos atlantes en Egipto

En el artículo titulado “La conexión egipcia del Tassili” exponía la teoría del éxodo, hace muchos miles de años, de una población que venía desde occidente, del lugar al que los antiguos egipcios consideraron como “el país de sus antepasados”. Y el camino que siguieron por el norte de África en dirección a Egipto fue llamado “camino de los antepasados”.

No existe la menor duda, ya que está avalado por estudios antropométricos de cráneos procedentes de las islas Canarias y de Egipto, en que anterior a la primera dinastía Egipcia, en lo que los estudiosos denominan “Dinastía 0”,

Gigantesco tanque en el Serapeum de Saqqara

llegaron a Egipto seres de otra cultura, a los que se les llamó atlantes. Un estudio pormenorizado del fenómeno atlante debe pasar por considerar que aquella cultura edificó en Egipto monumentos que, si actualmente son considerados como propiamente egipcios, están mal catalogados. Y los modernos medios para analizar la tecnología aplicada a la arquitectura y a la ingeniería son las herramientas adecuadas para dictaminar lo que hicieron los egipcios, y lo que ya se encontraron hecho en el país del Nilo.

Según muchos investigadores, las pirámides de Giza no guardan relación tecnológica con las otras pirámides, desconociendo por tanto la fecha de su construcción, así como los autores de las mismas. Herodoto afirmaba que los egipcios eran reticentes en mencionar los nombres de los reyes que

Meseta de Giza

edificaron las pirámides de Giza, y que cuando se referían a ellas lo hacían como “las pirámides del pastor Filitis”, por ser ese pastor, aclara Herodoto, el que apacentaba sus ovejas en el lugar donde se edificaron. El historiador griego Diodoro de Sicilia atribuye la construcción de las tres pirámides a Armaeus, Amosis e Inarón, aunque admite el alto riesgo de equivocación por falta de pruebas. Un autor árabe del siglo XIV, Makrizi, refiriéndose a leyendas mucho más antiguas, escribió que el rey Surid Ben Sahluq tuvo un sueño que fue interpretado por los sacerdotes como presagio del Diluvio, haciendo construir las pirámides, en las que habría guardado inmensos tesoros y todas las ciencias conocidas en el pasado. Otro escritor, el Cadi el-Galil Abu Abd Allah Mohammed Ben Salamat el-Qodai, también narró que las pirámides se construyeron antes del Diluvio, puntualizando que la llegada de la desgracia que amenazaba la Tierra llegaría en el momento en que el Corazón del León se hallara en el primer minuto de la cabeza del Cangrejo. Y otro historiador, también árabe, Abu’lRihan el-Biruni, escribió que las huellas del Diluvio y del nivel alcanzado por las aguas se distinguían todavía, antes de la desmantelación del revestimiento, notándose la marca o señal hacia la mitad de la altura de las pirámides. Si consideramos que esa marca del agua fue dejada por la subida de aguas producida por el derretimiento de los hielos en el fin de la cuarta glaciación, las pirámides se encontrarían erigidas hace 12000 años, o sea, antes del cataclismo que acabó con la Atlántida.

Artículo escrito por Manuel José Delgado para la revista Año Cero

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