Los Dioses llegados de las estrellas

18 11 2009

escrito por Manuel José Delgado

Egipto fue, es y será siempre fuente inagotable de sorpresas. Pero lo más asombroso es que sus conquistas intelectuales y sus logros tecnológicos no aparecieron por una evolución social, sino que de la noche a la mañana surgió de la nada una cultura sorprendente, en donde se desarrollaron técnicas tan asombrosas que posteriormente no pudieron igualarse. El conocimiento preciso de la astronomía, las obras de ingeniería para mover y colocar millones de grandes monolitos de piedra, los instrumentos de óptica y mensuración necesarias para ello y que nunca han aparecido, la forma de entender la farmacopea, la medicina y la biología, las herramientas para taladrar y cortar piedras de dureza extraordinaria… Todo ello se realizó en el Egipto temprano, por aquellos primeros colonos de las riberas del Nilo, con una precisión que luego fue olvidada. Parece que sus mayores logros tecnológicos provienen del periodo predinástico, como si la civilización faraónica fuese la heredera o bien de otra anterior cultura o bien de los argumentos recibidos por contacto directo con los mismos dioses. Y no unos dioses abstractos, sino de presencia tan evidente que no pueden obviarse a la hora de valorar los misterios de Egipto.

Los eslabones perdidos del Antiguo Egipto

A Herodoto le comentaron los sacerdotes que el tiempo transcurrido desde el comienzo de la civilización faraónica hasta aquellos días (490/431 a.C) era de, exactamente, 11.340 años. Estos once milenios son un periodo excesivamente largo como para ser admitido por los historiadores oficiales y nos sumerge en un momento oscuro de una Historia aún no reconocida ni escrita, en donde Egipto fue el escenario en donde, según afirma, habitaron los dioses. En su Historias, libro II, escribe: “…Aún no habían aparecido los dioses en el pasado de Egipto, pero el Sol se había levantado cuatro veces en el cielo desde puntos distintos del actual, y dos veces había salido por donde ahora se pone, y se había puesto por donde ahora sale…”

Techo de la tumba de Senenmut, donde aparece nuestro sistema solar, están cambiados el este con el oeste debido a un cambio de eje, un vuelco del planeta

Este texto de Herodoto nos indica varias cosas. En primer lugar el desconcertante conocimiento de los sacerdotes egipcios sobre la existencia de los cuatro grandes cataclismos que ha sufrido nuestro planeta en los últimos 600.000 años y que han sido refrendados por los estudios del investigador Juan Bonet, recogidos en su libro “El Vuelco de la Tierra”. El último de ellos, acontecido alrededor de hace 13000 años, produjo el fin de la Cuarta Glaciación y es el argumento que utilizan algunos autores para justificar el hundimiento de la Atlántida, la huída de sus últimos moradores y su nuevo establecimiento en el valle del Nilo en fechas aproximadas con el inicio de la cultura egipcia mencionada por los sacerdotes. Pero en segundo lugar Herodoto escribe que posteriormente a esos cataclismos, o sea, después de hace 12000 años, aparecen los dioses. Este relato ha despertado la curiosidad de muchos estudiosos que, simplificando, han tomado dos líneas de investigación para justificar de quién heredaron los egipcios su saber y parte de sus monumentos. Por un lado los seguidores de la teoría atlante y, por otro, los que promulgan la hipótesis de la llegada a nuestro planeta de seres provenientes del espacio. Estos últimos manifiestan que si la Atlántida hubiera tenido la tecnología suficiente, no tendrían que haber esperado 7000 años para que Egipto se desarrollara como conocemos. Por ello aseguran que la prácticamente instantánea aparición en Egipto de una cultura tecnológicamente anacrónica sólo pudo ser consecuencia de un contacto puntual con seres extraterrestres. Aunque, quizás, sólo considerando ambas hipótesis a la vez, podrían tener respuestas todas las preguntasplanteadas.

Adoración estelar, tempo de Abydos

El mestizaje cósmico-terrenal, recurrente en todos los textos sagrados de las principales religiones, tiene en Egipto toda suerte de connotaciones. Aparte de las leyendas y tradiciones, los monumentos que han quedado apuntan a una dirección del firmamento muy definida que señala el hipotético camino que recorrieron los viajeros extraterrestres en su venida.

Papiro con posiciones de estrellas y planetas. Museo de El Cairo

Como es arriba es abajo

El hecho diferenciador de la religión egipcia con otras religiones es que podemos definirla como la única que conoce el lugar de dónde provienen sus dioses, así como el destino interestelar al que irán sus almas después de la muerte. Este dato resulta altamente importante porque cuando Jesucristo asciende a los cielos no señala a qué planeta, sistema solar o constelación se dirige. Cuando se reza el padrenuestro se dice que el Padre está en el cielo, pero sin precisar en cual de las millones de galaxias que existen. En cambio los egipcios lo tenían muy claro: su más allá estaba en la Duat, la porción de firmamento donde se encuentran las constelaciones de El Cazador (Orión) y El Perro (Can Mayor).

Órbita de Sirio

Toda la cultura egipcia se basó en el principio de “como es arriba es abajo”, reflejado en el libro del dios Toth, foto Toht del que sólo quedan referencias, y que posiblemente, según algunos especialistas, fue la fuente de inspiración de La Tabla Esmeralda del mismo dios helenizado como Hermes Trimegistro. Pero este concepto no fue sólo virtual, sino que existen pistas suficientes como para considerar si todo lo desarrollado en el país del Nilo, incluso su propia orografía, serían la concreción en nuestro planeta de un diseño elaborado por aquellos dioses viajeros. Tanto las fotografías del África oriental, que pueden observarse en la página web de la NASA, así como los estudios de Andrew Tomas, permiten barajar la hipótesis de que el Nilo no es un río natural, sino que es un canal joven, realizado artificialmente para que el agua siguiera el curso actual. Dicha perturbación orográfica explicaría la desertización del Sahara, y las cuencas de los ríos que antaño recorrieron el centro del continente y que aparecen hoy completamente secos. Con esta obra de ingeniería habrían conseguido que el río reflejara en la tierra la vía láctea que recorre el cielo. Con este planteamiento, al quedar todas las estrellas que componen la Duat a un lado de la Vía Láctea, construyeron en la orilla occidental del Nilo las monumentales pirámides, que servirían para señalar en nuestro suelo la posición de las estrellas. Con ello las estrellas que componen la constelación de El Cazador quedaron representadas en Egipto, correspondiendo las tres estrellas del cinturón de Orión: Al Nitak, Al Nitam y Mintaka, con las tres grandes pirámides de la meseta de Giza, como desarrolló Robert Bauval en su conocida obra El Misterio de Orión.

Correlación de las pirámides de Giza con la constelación de Orión (Robert Bauval)

Las pirámides de los dioses

El reflejo no quedó únicamente valorado en la representación monumental de los astros, sino que desde entonces se consideró a la orilla occidental del Nilo como el lugar de los antepasados, de la vida del más allá; mientras que la orilla oriental quedó reservada a las ceremonias relacionadas con esta existencia.

La tecnología aplicada en la desviación de las aguas para crear el cauce del actual Nilo no resulta de mayor envergadura que otros restos arqueológicos distribuidos a lo largo de Egipto cuyo origen está en entredicho. De ser los visitantes del espacio los autores de obras como las pirámides de Giza, la Esfinge y su templo, el Osirión

Imposibles bloques de granito del Osirión de Abydos

o el Serapeum, los egipcios tan sólo serían los propietarios en usufructo de un legado remoto. Sólo así se entiende que la meseta de Giza, el balcón natural y majestuoso del delta, fuese respetada durante las tres primeras dinastías. Ninguna tumba, templo o pirámide fue elevada en el lugar más prominente del bajo Nilo, para que los faraones Keops, Kefrén y Micerinos se encontraran con esa milla de oro completamente virgen para edificar sus monumentos. ¿No será más cierto que las pirámides de Giza ya estaban edificadas muchos miles de años antes y que estos faraones sólo fueran usurpadores? No hay que olvidar que en la estela del inventario, del Museo de El Cairo, Keops afirma que la gran pirámide, el templo de Isis, era un monumento de sus antepasados.

Cortes con radial en la meseta de Giza

De ser esta hipótesis cierta en Egipto existirían dos tipos de pirámides, las anteriores a los faraones (usurpadas por la IV Dinastía) y las que construyeron los egipcios para intentar emular las construidas por los dioses. Imhotep, arquitecto del rey Zoser, construyó en Saqqara la primera pirámide “humana” siendo, como las otras 100 que se distribuyen a lo largo del bajo Egipto, una chapucera imitación de las primeras. Resulta que la evolución arquitectónica para construir pirámides no explica que 50 años antes de construir las pirámides de Giza los egipcios no sabían construir pirámides perfectas, y que 20 años después de la IV Dinastía se les olvidó, quedando los monumentos de Giza como una isla de anacrónica tecnología dentro de la cultura faraónica. A tal respecto conviene comparar las pirámides de la III Dinastía con las pirámides de V Dinastía, para comprobar que ambas tienen el mismo patrón de pirámides escalonadas, no ofreciendo problema de ingeniería alguno y correspondiéndose con las herramientas que encontramos del Imperio Antiguo en el Museo de El Cairo. Pero, ¿y las pirámides de Giza?. No existen en los museos máquinas que pudieran con la envergadura de su construcción. ¿Quién las construyó?

Pirámide escalonada en Abusyr, de la V Dinastía, similar a las construidas durante la III Dinastía, ¿dónde está la evolución?

La tecnología se enfrenta a la Historia

Aseguran los estudiosos del mapa de Piri Reis foto piri reis que el dibujo de las tierras que representa se corresponden con la observación de nuestro planeta desde una altura de 10.000 metros en la vertical de El Cairo. Tan raro sería admitir esta aseveración como plantearse que las pirámides de Giza, Dashur y Abu Roash configuran en el desierto un mapa galáctico donde cada pirámide señala la posición de una estrella. Y sin embargo es verdad. Catorce millones de metros cúbicos de piedra, colocados para desarrollar ese increíble mapa, son una buena

Seres observando un disco solar, tumba de Ramsés VI

pista a tener en cuenta para plantearse si unos seres provenientes del espacio tuvieran algo que ver con ello, porque, indudablemente, son muchos millones de bloques para una cultura de la Edad de Piedra que desconocían el hierro o la rueda. Esa visita y el contacto que tuvieron con los oriundos moradores de las riberas del Nilo, sirvió de trampolín para que una cultura de la Edad de Piedra se convirtiera de la noche a la mañana en la civilización más importante de la Antigüedad, cuyo conocimiento, heredado de esos dioses, todavía nos cuesta imaginar.

La Gran Esfinge de Giza

Un monumento controvertido que podría demostrar tanto la antigüedad de aquel período de contacto, como los artífices celestiales que la construyeron es la gran esfinge de Giza. Robert Cuando todos hemos contemplado este monumento hemos podido apreciar lo que tantas veces vimos en documentales o libros: un enorme cuerpo de león tumbado conuna cabeza humana. Indudablemente la cabeza, de proporciones más pequeñas que el cuerpo, corresponde al tallado posterior de la cabeza original. Pero lo más interesante es la pista seguida por Robert Temple para valorar si, efectivamente, el cuerpo es el de un león, como todos suponemos por la gran cantidad de veces que lo hemos oído. Temple se pregunta dónde está el prominente pecho que los egipcios esculpían en todas las estatuas de leones. Tampoco aparecen las elevaciones del animal en los cuartos traseros, cuyas piernas dobladas debían sobresalir del cuerpo. También echa de menos el penacho de pelo del final de la cola. Es decir, para Temple el animal representado en la esfinge no es un león sino un perro, y que se corresponde con la representación egipcia del dios Anubis, el dios apropiado para vigilar y proteger la meseta. Este asunto no es baladí, ya que este simple cambio de conceptos nos invita de lleno a conocer a los verdaderos artífices originales de la obra.

Tribu de los dogones, en Mali

La esfinge no es un monumento construido sino excavado. El terreno pétreo fue desalojado convenientemente para que al final emergiera el cuerpo del animal dentro del foso de la roca madre. En las paredes de este foso se aprecia la erosión acuática producida por la lluvia en un periodo húmedo anterior a que Egipto se desertizara, fecha que debe ser más antigua de los 10000 años. Y si la IV Dinastía no llega a los 5000 años de antigüedad, ¿quién la construyó?.

La tribu de los dogones de Mali y los antiguos egipcios hablaban de unos dioses procedentes del sistema de Sirio, y los asirios y babilonios afirmaban que provenía de los cielos. Tanto los dogones como los babilonios

Gran Esfinge de Giza

abundaban sus informaciones con la afirmación de que la naturaleza de los viajeros era anfibia. Con este dato Robert Temple formuló una teoría interesante sobre la relación entre la Esfinge de Giza y el medio acuático de dichos seres.

En el interior de la meseta de Giza existen grandes cantidades de agua. Algunas tumbas profundas, como la llamada tumba de Osiris, cerca de la calzada de Kefrén, están anegadas. Ya Herodoto mencionó, hablando sobre la tumba de Keops, que “…las cámaras subterráneas en la colina sobre la que se encuentran las pirámides, pretendía el faraón que fuesen sepulcros para él mismo, y las cincundó de agua, practicando un canal desde el Nilo”.

Temple baraja la posibilidad de que el promontorio formado por la

Ser con escafandra y tubo, tumba de Ramsés IX en el Valle de los Reyes

excavación de la Esfinge pudiera ser la colina de la que habla Herodoto, y que los huecos que se han descubierto bajo ella fuesen las cámaras subterráneas utilizadas por Keops para su descanso eterno. Actualmente, en obras para descubrir el malecón donde las barcas se estacionaban frente a la puerta del templo de la Esfinge, ha surgido agua, quedando dicho terreno inundado.  Con todo ello Temple afirma que el foso que rodea al monumento estuvo antiguamente

relleno de agua (lo que habría producido la erosión de la roca) así como las cámaras de su subsuelo, lo que configuraba un excelente habitáculo para seres anfibios y un terreno prohibido para los saqueadores de tumbas desprovistos de escafandras…

Los inmigrantes de Sirio

El astroarqueólogo ruso Vladimir Rubtsov afirmaba que la palabra con la

Foto ser gravitando en el espacio alrededor de un astro rojo: Sirio, tumba de Ramsés III

que los antiguos iraníes se referían a Sirio era Tistrya, palabra que proviene del sánscrito Tri-Stri, y que significa tres estrellas. Es decir, que el conocimiento de que Sirio es un sistema estelar triple fue ampliamente conocido por todas las culturas de nuestro más remoto pasado. Al no ser apreciable desde nuestro planeta, ¿quién difundió semejante información?  El Sol y Sirio salen por el mismo punto del horizonte, por lo que muchos templos están orientados a dicha dirección.  Como el orto  solar de Sirio se retrasaba cuatro días cada año, ambos astros

volvían a coincidir en el mismo punto 365 x 4 = 1460 años. Esto ocasionó la confección de un calendario paralelo, conocido como calendario sóthico que se remonta enel Antiguo Egipto para marcar acontecimientos que sucedieron 43 siglos s.C. ¿Cuándo, pues, hicieron ‚ éstos sus observaciones de Sirio para establecer su calendario? ¿Acaso fue este un conocimiento llegado por los mismos dioses de los Dogones y una nueva pista sobre su origen?

Salida del sol en el solsticio invierno por la avenida principal de Karnak

Las tradiciones culturales de las tribus que pueblan el valle del Niger, especialmente la tribu de los dogones de Mali, nos cuentan leyendas sobre astronautas que en el pasado remoto llegaron de Sirio. Su dato diferenciador es que incluidos en esos mitos se esconden asombrosos datos astronómicos de sorprendente veracidad. Los dogones, así como los egipcios, conocían que el Sirio era un sistema triple formado por tres estrellas, y que Sirio B orbita alrededor de Sirio A en un movimiento que dura 50 años. La precisión de esta afirmación, corroborada por la ciencia astronómica, no tiene explicación racional. Y sorprende más aún cuando los dogones afirman que ese conocimiento fue transmitido hacía miles de años por los dioses instructores que llegaron a nuestro planeta.

Fue en 1931 cuando el antropólogo francés Marcel Griaule visitó por primera vez a esta tribu, recogiendo y publicando todas las informaciones

Los dioses de los dogones de Mali

que le suministraron. Porque no sólo conocían, desde hace milenios, perfectamente el sistema de Sirio, sino que tenían constancia asimismo los anillos de Saturno o las cuatro lunas galileas de Júpiter, y todos ellos astros no visibles al ojo humano sin la utilización de telescopios. Por aquella época nuestra astronomía desconocía que Sirio fuese un sistema triple, ya que fue tan sólo en 1995 cuando los astrónomos franceses Daniel Benest y J.L. Duvent publicaron en la revista Astronomy and Astrophysics el descubrimiento de Sirio C por una perturbación observada en las órbitas de Sirio A y B.

Robert Temple un lingüista norteamericano miembro de la Royal Astronomical Society británica y afincado en Londres, publicó un osado libro que tituló El Misterio de Sirio, en el que aventuró que Nommo fue un extraterrestre que dejó en la Tierra, hace entre siete y diez mil años, toda clase de pistas sobre su origen estelar. “Cualquier otra interpretación de las citadas pruebas no tendría sentido, concluyó Temple.

Robert Temple

Este conocimiento se ampliaba a otras tribus vecinas como los Bambara, los Bozo de Segu y los Miniaka de Kutiala, que compartían iguales informaciones sobre  Sirio, que además conformaban la esencia de su cultura y que incorporaban a sus rituales religiosos más solemnes. En el año 1970 Cenevieve Calame-Griaule publicó en un libro titulado Génesis Negro, en donde ampliaba los datos que los dogones suministraron a su padre. Explicaba que los dogones creían en un dios creador del Universo al que llaman Amma, que envió a la Tierra a un dios menor conocido por el nombre de Nommo, provisto de semillas y todo el arsenal necesario para general vida. De sus acciones provienen los animales y las plantas, así como la primera pareja de humanos, que tuvieron 8 hijos que llegaron a tener edades increíbles.

Y los astronautas se convirtieron en dioses

El jeroglífico con que los egipcios representaban al dios Osiris era un ojo, lo que guarda una sorprendente similitud con el concepto que tenía los bozos de Mali con sirio B, a la que denominaban “la estrella del ojo”. Asimismo la misma tribu describen a Sirio A como “la estrella sentada”, cuando en Egipto el asiento o trono es el símbolo de la diosa Isis.

Foto representación de Orion (El Cazador) que lleva a Sirio en la mano (Museo de El Cairo.

Los antiguos egipcios tenían como columna vertebral de su cosmogonía el matrimonio sagrado en Isis y Osiris, quienes representaban las constelaciones de Sirio y de Orión, que se mueven conjuntas en el firmamento y conforman la Duat. De igual forma hacen corresponder a Isis con la estrella más brillante del firmamento, Sirio A. Y a la diosa Neftis con sirio B, “la oscura compañera que describía un círculo (órbita) alrededor de Isis.

Según Plutarco el dios Anubis nació de Neftis, aunque fue Isis la gran madre, diciendo: “Por Anubis entienden el círculo horizontal que separa la parte invisible del mundo, a la que llaman Neftis, de la visible, a la que denominan Isis, y como este círculo toca tanto los confines de la luz como los de la oscuridad, se puede considerar común a ambas; a partir de esta circunstancia surgió el parecido que imaginan entre Anubis y el Perro, habiendo observado de este animal que está vigilante tanto de día como de noche”. Es por ello por lo que Robert Temple, en su obra “El Misterio de Sirio”, afirma que Anubis pudiera detentar el concepto orbital de ambas estrellas, Sirio A y Sirio B. A Isis le correspondería la descripción de “los confines de la luz” y “lo visible”, mientras que su hermana Neftis sería “los confines de la oscuridad” y “lo invisible”, ya que Sirio B es oscura e invisible. Por ello Anubis es considerado por el autor como el círculo horizontal que las divide, la órbita de la estrella oscura alrededor de la estrella brillante. De esta relación surge el simbolismo con el perro, con el sistema de órbitas que conforman las estrellas de Sirio. Como el nombre de la constelación es Can Mayor, se conoció al dios con el nombre de “Canícula”.

El dios Anubis

Otra diosa del panteón Sothico (Sirio-Isis) es Anukis, quien navega en la misma nave celestial junto a Isis, Neftis y Satis (Sirio A, B y C) en los relieves y pinturas egipcios. una diosa compañera que, junto con la diosa Satis, navega en la misma nave celestial que Isis en las pinturas egipcias. Anukis es representada portando en sus brazos dos jarrones con los cuales vierte agua. Los antiguos egipcios situaban su “domicilio” en Aswán, en donde para ellos surgían las aguas del Nilo y se desbordaban hacia Nubia por un lado y hacia el Mediterráneo por otro. Efectivamente, los remolinos en las aguas producidos por los rápidos y las cataratas, parecían indicar el brote continuo de agua que asociaban a los cántaros de Anukis. Para Temple la diosa estaba relacionada con dos planetas que poseían agua y orbitaban alrededor de Sirio.

Seres estelares, Valle de los Reyes

La correlación fonético de los dioses también nos da una pista de su común origen. Anu es el dios del cielo en Sumeria. En idioma sánscrito anupa significa “un país acuoso”. Alexander Heidel escribe en The Babylonian Genesis que los dioses Enlil y Anu eran representados como chacales, cuando el símbolo egipcio de Anpu (Anubis) era el chacal y que Anu está relacionado con el sistema de Sirio. Anu, asimismo, es el dios mayor de las deidades guardianas conocidas como los Anunnakis. Resulta muy evidente la raíz sumeria Anu en las egipcias Anubis y Anukis, implicadas con los estrellas de Sirio.

En Sumeria el vocablo “an” se correspondía con el cielo, y Anu es el dios del cielo, que en Egipto tuvo su correlación con Nut. Wallis Budge declara: “Es sorprendente, por tanto, encontrar tanta similitud entre los dioses primigenios de Sumerio y los de Egipto. Es imposible suponer que los escribas de Asurbanipal copiaron el sistema de Egipto, o que los literatos de la época de Seti I tomaron las ideas de los hombres ilustrados de Babilonia o Asiria. Por tanto, eso nos conduce a la conclusión de que tanto los sumerios como los primeros egipcios adoptaron a sus dioses primigenios a partir de alguna fuente común pero sumamente antigua. Hay demasiada similitud entre ambos grupos de dioses para ser accidental”.

¿Extraterrestres en Egipto?

Admitir la teoría extraterrestre para explicar los anacrónicos logros de arquitectura e ingeniería que encontramos en Egipto obliga a pensar en los viajes interestelares. Para ello aquellos seres deberían dominar la tecnología criogénica, o alguna técnica similar para quedar en animación suspendida durante los largos periodos de viaje. Resulta muy sugerente comparar la operativa actual para efectuar una crionización a los rituales ejercitados por los antiguos egipcios en sus ceremonias de momificación. La extracción de órganos para dejarse depositados en recipientes externos (a diferencia de otro tipo de momificaciones realizadas por otras culturas), el dejar el cuerpo sin los fluidos fundamentales, la conservación de las partes blandas mediante las sales… Indudablemente el cuerpo de Ramsés II, acartonado en el Museo de El Cairo, nunca volverá a la vida, pero ¿su momificación no era la imitación de otras técnicas más efectivas y de las que tenían referencia por parte de los dioses?.

Momia de Ramsés II, Museo de El Cairo

Narran todas las culturas que los dioses llegados de las estrellas ascendieron a los cielos. Pero, en el caso de haber existido aquellos exploradores que llegaron a Egipto,  nadie puede afirmar que regresaran de nuevo a Sirio. Algunos investigadores, entre los que se encuentra Robert Temple, baraja la posibilidad, al dominar las técnicas de animación suspendida, foto cuerpos suspendidos pudieran haber quedado o bien en algún lugar de nuestro planeta (¿alguna cámara secreta aún no descubierta en la Gran Pirámide, según narran las leyendas árabes?) o bien en algún tipo de nave nodriza en nuestro propio sistema solar, dormidos o despertándose paulatinamente.

En las tradiciones de los dogones, recogemos el dato de que la nave que aterrizó en la Tierra y portaba a los nomos era ardiente y rugiente, pero que una nueva estrella pudo divisarse en el cielo mientras ellos estaban aquí, lo que nos lleva a pensar en esa nave nodriza. Los dogones la tienen representada en tres dibujos donde se aprecia de diferente tamaño, como si tuviera la facultad de contraerse o expandirse a voluntad. La llamaban “la estrella de la décima luna”. Robert Temple se fijó en un hecho singular: la décima luna principal de Saturno, llamada Febe, es anómala en el sistema solar y mantiene una órbita retrógrada alrededor del planeta, radicalmente opuesta a la de t

Febe, la décima luna

odas las demás lunas de Saturno.

Los dogones afirmaban que los nomos regresarían a nuestro planeta y que, cuando lo hagan, conmemorarán ese día como “el día del pez”. Aseguran asimismo que la primera pista que anuncia su regreso será la aparición en el firmamento de una nueva estrella, a la que llaman “estrella de la décima luna”.

¿Representan las 3 pirámides de Giza las 3 estrellas de Sirio?


Resulta sugerente la idea de que las tres pirámides de la meseta de Giza, aparte de representar las tres estrellas del cinturón de Orion (Osiris) representen asimismo las tres estrellas del sistema de Sirio (Isis). La pirámide atribuida al faraón Keops, la más grande, estaba relacionada con Isis, Sirio A, según podemos constatar en la llamada Estela del Inventario. La estrella Sirio A es blanca brillante, con una temperatura superficial de alrededor de 10.000 grados centígrados. Curiosamente la Gran Pirámide poseía un revestimiento muy pulido de fina caliza de la cantera de Tura. Se tiene constancia, por análisis efectuados por André Pochan y W.M. Flinders Petrie, que dicho revestimiento estuve pintado con una leve solución a base de óxido de hierro para potenciar su luminosidad ligeramente dorada. Por ello, al igual que la estrella Sirio A, la pirámide podía verse, cuando los rayos de sol incidían sobre ella, desde una distancia de 80 kilómetros, sirviendo de faro a las caravanas de peregrinos que se acercaban a ella para su adoración como templo solar.

Meseta de Giza

Sirio B es actualmente una enana blanca, aunque anteriormente debía de haber sido una gigante roja. En la meseta de Giza estaría representada en la pirámide atribuída a Kefrén, cuyo revestimiento superior era de color blanco, similar a la Gran Pirámide, pero que en la parte inferior está compuesto por bloques de granito rojo, por lo que la pirámide tenía dos colores, rojo y blanco, posiblemente para significar que la estrella cambió del rojo al blanco.

Los astrónomos Daniel Benest y J.L. Duvent, descubridores en 1995 de Sirio C, la definieron como enana roja o, incluso, una enana marrón. Sorprendentemente la pirámide de Micerinos, que podría representar a Sirio C, estuvo completamente revestida de granito rojo de Aswán.

De ser cierta esta hipótesis, si las tres pirámides de la meseta de Giza representan a las tres estrellas del sistema de Sirio, tendríamos que evaluar si las llamadas pirámides “satélites” se debieran corresponder con posibles planetas que giran alrededor de ellas. Sirio A tendría 3, Sirio B tendría 1 y Sirio C tendría 3. Obviamente nuestra tecnología astronómica no llega a evaluar los posibles planetas orbitales de las estrellas de Sirio, aunque tampoco, hasta hace muy pocos años, se conocían las propias estrellas de la constelación.





El Libro (Ensayo de cuento de terror)

18 11 2009

EL LIBRO

Manuel José Delgado

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No me agradaban esos lugares, abundantes en las grandes ciudades, que frecuentados por multitudes impersonales, hacían que una persona como yo se sintiera mucho más solitaria. Y como las tardes de ese otoño auguraban la venida inminente de un invierno frío, no me eran apetecibles mis acostumbrados paseos por los parques en compañía de mis tribulaciones.

Era por ello, por lo que gustaba de recogerme en mi pequeño ático alquilado, enfrascado en la lectura de libros que inspirasen mi mente calenturienta. Aventuras, biografías, hechos científicos y fantásticos eran el prólogo de mis sueños y pensamientos.

Fue una tarde, a la salida del trabajo, cuando revolviendo libros en una biblioteca pública, llegué a parar a la sección de ciencias denominadas ocultas. Había libros de todo tipo; astrología, espiritismo, hipnosis, brujería, y todo lo relacionado con la parapsicología. Tomé uno de ellos y volví a mi casa, donde lo leí de un tirón, con insospechada impaciencia por conocer el final. Pero ese final no llegaba. Otros libros que cogí de la biblioteca tampoco saciaban mi se de conocimiento acerca de ese mundo que me iba envolviendo poco a poco. Siempre existían lagunas, hechos inconcebibles, sin explicación posible. Buscaba en esa lectura que me ofreciera unas vivencias jamás sentidas, y sólo ansiaba saber más y más.

Muchas veces me dieron ganas de dejar dicha lectura debido al terror que me producían las narraciones acerca de apariciones, transformaciones, espíritus, etc, vividas por otras personas, y sobre todo por el terror que me producía el pensar que pudiera sucederme a mí. Sin embargo, seguía con morbosidad las historias, e incluso buscaba en la biblioteca aquellos volúmenes que, según mi opinión, me producirían mayor impacto.

Era una tarde como las demás, en la que rebuscaba qué libro llevarme a casa cuando se acercó a mí un hombre de mediana edad. Lo conocía un poco de vista, de verle alguna vez que otra en la misma sección de la biblioteca en la que paraba desde hacía algunos meses. A veces habíamos cruzado varias palabras sin importancia, pero esta vez se mostró más afectuoso conmigo. Una cierta repulsa me alejaba de él. Su aspecto era desaliñado. La despreocupación por sus atavíos era notable, al igual que la negligencia hacia su aseo corporal, que se evidenciaba en el desamparo que sufrían sus cabellos, barba y uñas. Pero aunque sus ojos acuosos y penetrantes, su nariz aguileña y sus ademanes parsimoniosos me produjeran desconfianza, ésta se fue diluyendo debido a su tono de voz armonioso, melódico y paternalista. Hablamos de muchos temas, y para satisfacción mía noté que dominaba un lenguaje bastante culto en la materia, pudiendo seguir la conversación y exponer mis ideas a esa persona que consideraba muy superior a mí en conocimiento de fenómenos paranormales.

Nos vimos a partir de entonces con mucha frecuencia, cosa que me agradaba, pues ampliaba mis conocimientos y a la vez sentía la compañía de un amigo a quien confiar mis problemas y mis incógnitas. La intriga que producía en mi sus revelaciones hacían que le tuviera en gran estima, considerándole mi maestro en estas cuestiones, y no dudaba en confiarle por entero todas mis sensaciones.

Cierto día me ofreció un libro. Un libro que no estaba en la biblioteca, y tras prometerle que lo leería esa noche, volví a mi casa.

Era un libro muy viejo. Las pastas e incluso las hojas aparecían llenas de arrugas, pero muy lisas. Parecía como si se hubiera estrujado con fuerza y luego se hubiera intentado alisar con una plancha o algo parecido. Hubo algo que me llamó la atención: su olor. Un olor característico a basurero, a comida abandonada a merced de las ratas,  a carne putrefacta. Al fin, enfadándome por ese inconveniente, intente olvidarlo. Después de todo no me importaba de dónde lo hubiera sacado. Pensé en algún vendedor ambulante, andrajoso, que se ganó el pan de ese día vendiendo el libro a mi amigo. Y pasando el hecho por alto me dispuse, después de una cena ligera, a su lectura.

De entrada no me pareció un libro sensacionalista de fenómenos fantásticos, por lo que continúe su lectura un poco desilusionado y con la obligación de la promesa hecha a su dueño.

Poco a poco la narración se fue haciendo más atrayente a mis gustos, y más que leer, devoraba con impaciencia las rotas páginas del tomo. Sin darme cuenta iba entrando en un estado de nerviosismo tal que acechaba cualquier ruido o cualquier sombra que producía el candil que iluminaba mi habitación. Las historias que el libro contaba conseguían que  mi respiración se acelerara a la vez que aumentaba el volumen de mis pulmones, como si con mis inhalaciones tratara de llenar con aire la seguridad que iba perdiendo por instantes.

No había entrado todavía, como solía hacer siempre, a formar parte como protagonista de los hechos que relataba el libro, Y aún así sentía muy cerca de mí el desasosiego que producía en personajes la impotencia hacia los fenómenos en los que  no intervenía la voluntad humana tal y como la conocemos las personas, por llamarlas de alguna forma, normales.

Acabé el capítulo titulado “Curiosidades de la vida real e irreal” y me tomé un respiro. Creía haber pasado lo peor. Mi mente estaba satisfecha por haber pasado unos momentos agobiantes. Era como el relax del corredor que ha llegado a la meta vencedor. Y decidí continuar, pese a que la noche estaba ya muy avanzada. El capítulo siguiente se titulaba “El miedo”. Y pensando que si había hecho frente a capítulos anteriores, bien podía afrontar éste, más aún cuando comenzaba por “El miedo no existe, son sólo confabulaciones de la mente…”

Sin ningún recato comencé el capítulo. Era el último, y observe que sus páginas estaban más arrugadas que las demás. Si bien tenía fuerza de ánimo para seguir leyendo, pensé que lo mejor sería dejarlo para el día siguiente, si veía que mi mente se sentía dominada por no se qué fuerza. Aunque no me parecía necesario pues los comentarios que hacía eran como los de un incauto, tales como “¿Existe de verdad el miedo? ¿No serán imaginaciones nuestras las cosas que pasan y nos producen tal miedo? ¿No es ilógico pensar que no estamos solos en nuestra habitación…?”.

Aunque racionalmente esas frases no debieran saltar los dispositivos de alerta de nuestra imaginación, mi subconsciente empezó a hacerse las mil preguntas. Es ilógico, pensé, y seguí leyendo. “… ¿y si hubiera alguien más, lógicamente no deberíamos concederle la mayor importancia, pues si alguien o algo está ahí, y nunca nos hemos percatado de su presencia ni nos ha molestado para nada, lo mejor es que sigamos pensando que no está, aunque lo esté…”

Volví a mí la respiración fatigosa. Era una tontería que me planteara esas cuestiones. Aunque una fuerza que desconocía hacía que no me sintiera tan sólo en mi habitación. Y como mi fuerza racional negara rotundamente el asunto continué con la lectura. “… Tenemos una ventaja ante el miedo, si alguien o algo está ahí, y nunca antes lo hemos visto, es que se esconde en sitios oscuros de la alcoba, bien en los rincones, bien dentro del armario, debajo de la cama. En consecuencia, con no mirar en esos sitios, nunca lo veremos, y podremos dormir tranquilos…”

No sé qué me pasaba. Una fuerza superior a mí me obligaba a no mirar a los rincones oscuros de mi pequeño cuchitril. No debe ser posible. Son hipótesis absurdas. ¿Por qué no quiero mirar? ¿Y si de verdad hubiera alguien o algo y nunca me hubiera fijado?. Me arroó con las sábanas. Me ofrecía seguridad. Y más seguro de mí mismo me atreví a mirar a los rincones. Grande fue la satisfacción al observar que no había nada. Y me asaltó una idea: ¿Había pensado en realidad que había alguien? Era lógico pensar que sí, pues me había alegrado de que no la hubiera. Estaba llegando a un punto en donde confundía lo real de lo irreal y me llamé mil veces necio por imaginar esas cosas. Seguí leyendo más calmadamente hasta otras frases que hicieron acelerar de nuevo mis pulsaciones: “… igual es pedirles mucho el no sobresaltarse si ven algo extraño a Vds. en la habitación, pero para calmarles les diré que esas cosas o seres extraños no suelen verse, por lo que deberán hacer muy poco esfuerzo en no tenerlos en cuenta. Y si notaran algo extraño de esos seres, que si bien no se ven se siente, relaciónenlo con algún sonido proveniente del viento o de pequeños animalillos que abundan en todas las casas, sobre todo en las viejas…”

Ese “se sienten” me intranquilizó en sobre manera. Efectivamente en todas las casas hay ruidos. El viento, la carcoma, incluso las ratas crean el sonido del silencio. Es una tontería que diga el libro que hay que relacionarlos con ellos mismos, pues son ellos mismos. ¿O no?. Será verdad que todos los ruidos que durante toda mi vida había estado relacionando con animalillos, o el viento, no provinieran de ellos? Estoy seguro de que sí. La mayoría son característicos. ¿Y los otros? La incertidumbre hacía mella en mí. Y mi oído se iba agudizando en busca de esos ruidos para cerciorarme de dónde provenían. ¿Qué cantidad de ruidos! ¡Ruidos por todas partes! Me sobresalté. La mejor forma de no oírlos era distrayéndome. Seguiría leyendo. Igual al final del capítulo el narrador dice “sois unos tontos, reíros de vosotros mismos”, e intenté buscar leyendo alguna frase que me tranquilizara.

“… aunque no son sonidos normales los que oiréis, pero tampoco hacerlos caso. No creo que los oigáis porque no existen, peri si los escucháis pensar que no existen, que son fabulaciones vuestras, y a fin de cuentas, ¿qué mas da escuchar una respiración cerca de vosotros, o un arrastrar de huesos, o algún sonido gutural que se escapa de los confines de la razón?”

Quizás fuese la sugestión, quizás el hecho de que verdaderamente hubiera alguien, pero realmente yo lo sentía.   

El libro continuaba: “… y no se podrá escapar a esa energía, lo mejor, amigos lectores, unos buenos tapones en los oídos…”

Aferré mis manos a los oídos hasta producirme daño. Con los ojos cerrados aún notaba pasar sombras por delante de la cama. No conseguiría nada con no oirlo, los veía, y no podía evitarlo. Pensé apagar la luz, pero mi sentido de la supervivencia me convenció  de que con la luz encendida podría defenderme mejor. Pero ¿contra qué? El no conocer al enemigo me producía mayor horror. En postura fetal me puse en guardia contra lo que fuera. Lo que no aguantaba era esa respiración asmática, angustiada, que me penetraba como un cuchillo en mi mente. Con los músculos contraídos y los puños crispados arrugué el libro hasta hacerlo una bola. De mis labios brotaba un hilo de sangre, pero ni me cansaba de la fuerza con que los apretaba ni sentía el dolor que producía.

No pude resistir la tentación de terminar el capítulo. Faltaba ya muy poco y quizás con ello también acabaría mi pesadilla. Y llegué al final. En las últimas frases pude leer: “… si sois tan sugestionables que habéis visto, sentido y oído a esos seres, a lo mejor, incluso, llegáis a tomar contacto con ellos. Pero poniéndonos en lo peor, con mucha imaginación, habría que valorar si los seres nos quieren hacer bien o hacer mal. Si vuestra imaginación lo quiere, pudiera ser que ese ser resultara ser una preciosa doncella, cosa que no podréis negar resultaría fantástico. Pero si en vez de imaginaros eso pensáis que sea un ogro, o un dragón de siete cabezas, o un ser gelatinoso y amorfo llegado del mismísimo averno, tened cuidado, aunque no creo que vuestra propia inteligencia pueda hacer algo contra vosotros mismos.”

Escuché resbalar algo junto a los pies de la cama. , como saliendo por debajo de ella. A la vez, algo se colgaba por un lado despojándome de la sábana. Quedé indefenso, Y las respiraciones asmáticas se multiplicaban. Apareció algo por mis pies y me produjo un olor familiar. Lo reconocí enseguida. Era el olor a basurero, a carne putrefacta, a comida dejada a merced de las ratas, y tiré el libro en dirección a aquella mano leprosa que, arropada en unos miserables harapos, se acercaba hacia mis pies. El libro se estampó en aquello a la vez que se oían unas fantasmales carcajadas. Sin darme cuenta, por los lados se habían levantado unas figuras que en su tiempo habían sido humanas y que hundían sobre mí sus dedos huesudos, que hacían de garfios que desgarraban mi tórax y mi estómago. En mi último hálito de vida pude distinguir entre aquellas formas a mi amigo, el dueño del libro, que era el que más carcajadas daba.

Pensé en la muerte como la solución a mis sufrimientos, y deseé morir con vehemencia. Pero el martirio era lento. Los personajes se recreaban en mis lamentos, a la vez que comían pausadamente los jirones de carne que me arrancaban de mis entrañas. Si pudiera ayudarles a acabar de una vez… Ya no sentía dolor, a la vez que mis sentidos se fueron nublando.

Me incorporé de la cama y no sentía el cuerpo. No tenía. Había quedado descuartizado sobre la cama y alrededor había un montón de gente. Policía, vecinos, uno al que llamaban forense y unos camilleros que trasladaron el montón de carne a una ambulancia. Y todos se fueron.

Sólo quedó en la habitación un grupo de gente huesuda, con algunos trozos de carne colgando y sus harapientos trajes bañados en sangre, y yo.

Como si de una obligación se tratara, recogí del suelo el libro, que parecía una bola de papel, y con sumo cuidado empecé a alisarlo con una plancha. Fue entonces cuando al mirar la última página, tras la firma del autor, éste ponía su última frase: “… ¿Se ha convencido ya, querido lector, de que el miedo es mentira?”

Con las hojas del libro alisadas me fui con el libro a la biblioteca pública, y ya dentro me dirigí hacia un hombre que se hallaba mirando publicaciones en la sección de parapsicología, ciencias ocultas y espiritismo, esperando que no se diera cuenta de que olía a basurero, a comida dejada en poder de las ratas y a carne putrefacta.





¿Es esto la Atlántida?

17 11 2009

escrito por Manuel José Delgado

 

Is this Atlantis?

La noticia saltaba a los medios de difusión el pasado 20 de febrero, de la mano del periódico inglés The Sun. Ocupando la mitad de su portada, con

Portada de The Sun

grandes titulares, preguntaba: “¿Se trata de la Atlántida?”. En el artículo, los periodistas se habían hecho eco del descubrimiento, en el fondo del Atlántico, de lo que parecía ser la estructura de una ciudad, con calles y edificios. La fotografía que presentaban había sido obtenida con el programa Google Earth, que gracias a su versión 5.0 se puede recorrer, además de la superficie terrestre, los fondos marinos. Utilizando dicho programa, cuyo software es gratuito, la aparente estructura urbana se puede localizar en las siguientes coordenadas: 31º24’21.38″ Norte y 24º24’22.70″ Oeste. El lugar geográfico se encuentra en la denominada “Llanura Abisal de Madeira”, y dentro de esta, en el área conocida como Great Meteor East (GME), precisamente por hallarse al este de monte submarino de igual nombre, Meteor. El lugar se halla entre los -5300 y -5400 metros de profundidad, o sea, dentro de la zona más profunda del océano, la abisopelágica. Los periodistas aseguraban

Aparentes estructuras en el fondo marino

que el descubrimiento había tenido un interés inusitado en oceanógrafos y geofísicos, y mencionaba que hasta el Dr. Charles Orser, profesor de arqueología histórica en la universidad del estado de Nueva York había considerado el hallazgo como fascinante. El artículo afirmaba que el descubridor era el ingeniero aeronaútico Bernie Bamford, de la ciudad de Chester. Con todos estos datos el periódico dejaba, entre el interés de los científicos y la incredulidad de los autores del programa, el terreno libre para todo tipo de conjeturas. A la mañana siguiente un portavoz de Google declaró que la batimétrica (terreno del mar) puede ser alterada por los datos obtenidos por los barcos al utilizar el sonar para realizar las mediciones de los fondos marinos. Por ello las líneas que aparecen serían sólo las trayectorias seguidas por la embarcación, que se sumaría al propio reflejo del fondo.

De lo que no habla el periódico inglés es que ya en España, desde hacía dos meses, se estaba trabajando en desentrañar este misterio. En la página web de los hermanos Juan y Enrique Menéndez Crespo ya estaba colocado a principio de año tanto el descubrimiento como la hipótesis de que se tratara de los restos de la Atlántida. El 27 de enero Juan Menéndez se puso en contacto con el experto en la Atlántida Georgeos Díaz para ponerle al día del hallazgo, quién investigó el asunto hasta la saciedad, elaborando un informe que fue publicado en su web, en donde llegaba a la misma conclusión que los expertos de Google expusieron después. El fondo marino que refleja el programa no reflejaba su realidad morfológica y estaba contaminado por el rastro del sonar de los barcos.

Anomalía submarina situada en el Atlántico

Cualquiera que dirija la observación del área en cuestión con el Google Earth podrá notar en primer lugar que la estructura arquitectónica, de forma rectangular, está dividida por grandes calles o muros que se asemejan al planteamiento de una ciudad. Sin embargo el mismo programa tiene una herramienta capaz de medir las distancias, con lo que obtenemos que dichos muros o zanjas tienen una anchura de kilómetro y medio, algo que no puede existir en el diseño de una ciudad.

En el estudio realizado para relacionar la estructura encontrada con la ciudad de la Atlántida descrita por Platón, el Sr. Díaz aporta en su página web http://www.antiquos.com una serie de argumentos para evaluar que el lugar no se relaciona con los escritos de Platón. Defensor a ultranza de su teoría de la Atlántida Ibero-Mauretana, y especialmente andaluza, de la que tendrán amplia información en este mismo número de Año Cero, el experto en la Atlántida y textos antiguos expone los principales puntos de desacuerdo para mantener que no sólo estas estructuras no pueden ser la Atlántida, sino que además la misma no puede encontrarse en el centro del Atlántico sino cerca de las Columnas de Hércules, es decir, cercano a Gibraltar. Aduce que las medidas de la ciudad no coinciden con las ofrecidas por Platón ya que el autor griego dijo que la llanura donde estaba la ciudad debía tener una longitud en su lado mayor de 555 kilómetros, mientras que lo ahora descubierto llega tan solo a 160 km. La orientación de la supuesta ciudad tampoco coincide con la metrópolis mencionada por Platón, ya que debería estar orientada al sur. Sin embargo, la supuesta llanura cuadriculada se halla en el extremo occidental de toda el área identificada con la gran llanura o planicie de la comarca del rey Atlas. Los canales que se aprecian en la foto de Google tampoco coinciden con la descripción de Platón. En el Critias leemos que la metrópolis atlante se hallaba a tan solo 50 estadios del mar y su construcción circular concéntrica (que no aparece en los restos hallados) estaba separada del puerto por 50 estadios de longitud, algo que no coincide con lo ahora descubierto. Por otro lado la profundidad del lugar no se corresponde con la isla mencionada por Platón pues, aunque todo el terreno hubiera sufrido un hundimiento, la superficie de la isla nunca podría encontrarse en la ladera inferior de la llanura abisal de Madeira.

Perfil del oceano Atlántico

Perfil del Océano Atlántico entre Norteamérica y África, visto de Sur a Norte, América a la izquierda y África a la derecha. La “Llanura Abisal de Madeira” se encuentra justamente en el área de la cuenca abisal de las Canarias, zona abisopelágica, que como puede verse, se haya entre los -5000 y -7000 metros de profundidad.

La más posible explicación a estas “anomalías” encontradas en los fondos marinos, según explica Georgeos Díaz, sería la de considerar la teoría de “Seismic Lines for Bathymetry”, es decir, simples trayectorias de barridos mediante reflección sísmica, insertadas en el mapamundi batimétrico como parte de un programa oceanográfico internacional, en aras de facilitar a los investigadores el acceso a todos los sondeos y escaneos batimétricos realizados, o publicados, y que son conocidos por la empresa creadora de esta enorme base de datos, de la que sin dudas, NOAA, como sabemos por el propio Google Earth, es al menos coautora. Estaríamos ante un caso de MSRD (Marine Seismic Reflection Data), o sea, “Datos de Reflección Sísmica Marina”, insertados en el mapamundi batimétrico, y que muestra los trazados de líneas sísmicas usados en algún sondeo batimétrico de este tipo.

Libro de los Muertos

Sin embargo, aunque las anomalías detectadas en los fondos marinos tengan una explicación pausible, el tema de la Atlántida no se ha descartado. Es posible que el avance de los sistemas de topografía de los fondos marinos ofrezca en el futuro la posibilidad de un rastreo meticuloso y realista. Por el momento seguiremos con otro tipo de valoraciones para seguir pensando en que Platón, y los sacerdotes egipcios antes, tenían razón al considerar que en algún punto del océano Atlántico existió alguna vez una civilización hundida por un cataclismo, y que sus supervivientes emigraron para colonizar otras partes de nuestro planeta. Porque pistas tenemos suficientes.

Otras anomalías submarinas a lo largo del mundo (Selección de Georgeos Díaz)

También existe la posibilidad, por no descartar nada, de que las estructuras poligonales encontradas en el fondo atlántico tengan un origen natural. Con el mismo programa de Google Earth se pueden encontrar otras muchas líneas rectas perfectas y organizaciones de líneas poligonales en muchas otras partes de los fondos marinos.

Algunas de ellas son:

Anomalías Atlántico Norte

En el Atlántico norte, en Noruega, Mar de Barents. Geoglifos submarinos mil veces más grandes que las líneas de Nazca.

Anomalías en Groenlandia

En Groenlandia, área reticulada en donde se aprecia una forma circular concéntrica y radiada, con al menos dos anillos.

Anomalías en Irlanda

En Irlanda, llanura cuadrangular y reticulada.

Anomalías en el Mar Caribe

En el Caribe, llanura abisal con la más extensa área cuadriculada, más de 1200 kilómetros por su lado mayor.

Más anomalías en el Caribe

También en el Caribe, una perfecta forma rectangular, con al menos tres lados simétricos en la llanura abisal debajo de Puerto Rico.

Anomaías en América del Norte, Philadelfia

En América del Norte, frente a las costas de Philadelphia, una de las formaciones reticuladas más impresionantes (por compleja).

Anomalías en el Triángulo de las Bermudas

En el triángulo de las Bermudas, unas formaciones geométricas bastante complejas.

Anomalías en la dorsal atlántica

En plena dorsal atlántica, en un terreno montañoso o sinuoso.

Anomalías en la zona atlántica de Africa Central

En África central atlántica, estructuras cuadrangulares en una llanura abisal.

Anomalías cerca de Islandia

En Islandia.

Anomalías en el Golfo de Méjico

En el golfo de Méjico, líneas que se cruzan perpendicularmente, formando el más complejo reticulado inimaginable.

Anomalías en el Pacífico

En el Pacífico, más espectacular aún que el de la llanura abisal de Madeira.

Anomalías jundo a la costa de Alaska

En Alaska, formaciones complejas y enormes.

Anomalías en la Antártida

En la Antártida, formaciones de montículos o pequeños montes alineados.

Recuerdos de la Atlántida

En la dilatada vida profesional de Sebastián Vázquez, editor de la Editorial EDAF, han pasado por sus manos miles de obras inéditas cuyos autores buscaban su publicación. Muchas de ellas, por su calidad y contenido, salieron al mercado en forma de libros. Otras muchas nunca vieron la luz y quedaron archivadas en algún cajón de su creador. Esta es la historia de una de ellas.

Sebatián Vázquez. Editorial EDAF

En el año 1996 se personó en el despacho de Sebastián Vázquez un personaje desconocido en mundo de la literatura. Esta persona, ya de cierta edad y de ascendencia catalana, se presentó como médico jubilado que había pasado parte de su vida en Brasil. Allí trabó amistad con un empresario de origen libanés. Este libanés, que había estudiado en Alemania Historia Antigua, contó al catalán su singular existencia. Debido a la guerra de religiones que aconteció en el Líbano a mediados del siglo pasado, emigró a Brasil no sin antes llevarse algo de inusual valor. En la finca propiedad de su familia se encontraba un pequeño túmulo en el que años antes, excavando, encontró una serie de tablillas de arcilla escritas en fenicio. Ya en Brasil el libanés tuvo tiempo para traducirlas al portugués, elaborando un compendio de 1000 folios manuscritos. Cuando tuvo cercana la hora de su muerte mandó una copia del trabajo al médico catalán que, a su vez, tradujo la obra al castellano. Todo ese material acompañaba al hombre cuando visitó a Sebastián. Lo dejó encima de su mesa y animó al editor a leerlo por si acaso la información que aportaba era de utilidad a una editorial caracterizada por publicaciones relacionadas con las civilizaciones antiguas y los misterios, en concreto con la enigmática Atlántida.

La tarea del editor no fue fácil. Los escritos tenían muchas lagunas, la narración era inconexa y caótica y la falta de las tablillas originales hacía que la documentación no estuviera avalada por prueba alguna. Estos argumentos obligaban a Sebastián a abandonar cualquier idea de publicación de la obra. No obstante, lo que leyó dejó una profunda huella en su ánimo. Muchos años después de aquellos hechos recuerda aquel manuscrito con benevolencia. Pudo, al final, hacerse una idea general de la odisea que narraba y, aún hoy, cuando nos cuenta la historia, aparece en su semblante una sonrisa de complicidad, como si supiera que una vez tuvo en sus manos algo realmente importante.

Manuel José Delgado en el templo fenicio de Sancti Petri (Cádiz)

Según nos contó Sebastián sobre lo narrado en la obra, navegantes procedentes de Asia Menor se dedicaban principalmente al comercio llegando a las costas de España, aunque no se citaba en absoluto ninguna fecha. Estos marinos-comerciantes tenían la costumbre de dejar en las plazas importantes donde ejercían un mayor mercadeo a sirvientes o esclavos para familiarizarse con el idioma y las costumbres del lugar, con el fin de poder realizar mejor las transacciones económicas. Uno de estos sirvientes trabó relación con sacerdotes de la antigua Tartessos en donde, por su buen hacer e inteligencia, se ganó la confianza no solo de su señor además de la de los sacerdotes, llegando a dominar la lengua de los tartésicos sino, además, otra lengua sagrada, de origen antiquísimo, utilizada exclusivamente en los rituales de culto. En la biblioteca del templo señor tuvo acceso a ciertos archivos que narraban el ocaso de una civilización madre, precursora de culturas a ambos lados del Atlántico, y el deambular de aquellos pobladores desde las islas donde vivían originariamente buscando otros lugares de asentamiento, ya que su territorio había sufrido enormes cataclismos. Este sirviente logró traducir estos archivos y los llevó de vuelta a su puerto de origen. De algún modo posteriormente fue traducido al fenicio-o el sirviente ya lo redacto originalmente en esta lengua pues el texto no lo cita- y muchos siglos después lo halló el historiador libanés.

Recreación de La Atlántida

Según Sebastián, la narración estaba presuntamente avalada por unos mapas que, de forma meticulosa y con todo lujo de detalles plasmaban la antigua ciudad de Tartessos, situada en lo que es hoy el golfo de Cádiz, y la zona entre las desembocaduras de los ríos Guadalquivir y Tinto. Debía ser una ciudad parecida a Venecia, con numerosos canales acuáticos y donde se hallaba un templo de forma circular que era el que guardaba los archivos con las crónicas atlantes que según la narración se inundaba a menudo. La ciudad estaba protegida por amplios cortavientos de piedra y tanto el puerto como la ciudad y la zona estaban tan perfectamente diseñados en el dibujo que hacía pensar en que si fuese una falsificación, esta era muy elaborada. Asimismo, pero ya en la crónica atlante, existían otros mapas realizados de manera más tosca, en donde aparecían gran número de islas diseminadas por el Atlántico, entre el triángulo formado por Gibraltar, Madeira y Canarias.

Según el relato el hundimiento de la Atlántida no se produjo por una sola catástrofe natural, sino que fueron sucediéndose, a lo largo de muchos años. Según relataba el texto parece que en un principio existían cuatro islas más grandes  rodeadas de otras muchas más pequeñas. En la isla principal y de mayor tamaño era donde se alojaban los grandes templos y edificios administrativos. Pero el modelo de sociedad perfecta descrita por Platón no se cumplía, ya que la isla principal subyugaba a las demás, produciendo enfrentamientos guerreros entre ellas. Por lo visto, fueron cuatro los grandes cataclismos que sufrió la Atlántida. Antes del último de ellos tan sólo florecían en superficie algunas islas, mientras que se mantenían un istmo que unía una gran península al continente africano, en el terreno que hoy ocupan las islas canarias que desapareció en el último cataclismo de origen volcánico.

La Atlántida, recreación en The Sun

El texto original fenicio se centra principalmente en el éxodo que realizaron los últimos supervivientes de la Atlántida hasta que se dividieron. Según la crónica un grupo se dirigió hacia “los terrenos fríos del norte”, mientras que otro gran grupo se dirigió hacia África. La travesía debió ser muy dura, con enfrentamientos entre la población y los grandes sacerdotes, con deserciones y castigos, y con todos los peligros que tuvo que pasar una cultura no familiarizada con la geografía africana. Se cuenta, asimismo, que los jerarcas, la casta sacerdotal, llegaron incluso a contratar a tribus africanas para que les acompañaran y les protegieran en el itinerario. Como estos africanos eran tomados por los viajeros como personas de gran envergadura y fuerza, debemos considerar que los emigrantes eran de estatura baja. Un grupo de revolucionarios se separó del grupo para volver sobre sus pasos, lugares considerados peligrosos debido a las erupciones volcánicas que se estaban sucediendo, y que nos recuerda en cierta medida el origen de las islas Canarias.

Toda esta historia, según nos cuenta Sebastián, mantiene una relación directa con las investigaciones de su amigo el explorador Angelo Pitoni. El italiano, por ser amplio conocedor de los países subsaharianos, en donde participó en varias expediciones en busca de diamantes, fue el protagonista del descubrimiento de lo que él considera “la raza perdida”, posiblemente los descendientes de aquellos protagonistas del éxodo atlante. Las figuras que descubrió en la selva de Sierra Leona, la gigantesca estatua femenina  de Guinea Conacry o la enigmática “piedra azul” capaz de curar enfermedades, serían las piezas arqueológicas que avalarían el relato fenicio.

Sebastián Vázquez no guarda el manuscrito, pues lo devolvió al médico catalán. También ha perdido la pista tanto de su nombre como de su localización. Sin embargo mantiene la vaga esperanza de recuperar la pista que le lleven a obtener más información de las tablillas originales fenicias, pues según nos afirma, de ser reales, aportarían informaciones reveladoras el fascinante mundo perdido de los atlantes.

Los que huyeron por el mar

El programa Google Earth, además de las posibilidades de rastreo marítimo comentadas anteriormente, ofrece asimismo una poderosa herramienta para investigar la superficie terrestre a la búsqueda de restos que sólo pueden ser apreciados desde el aire. Como resultado de su aplicación hemos tenido acceso a un enigma que bien puede tener relación con la Atlántida.

Península de Qawra, Malta

El hecho es que investigando la costa de la isla de Malta me encontré con unos círculos concéntricos, de unos 100 metros de diámetro, cuya procedencia histórica se desconocía. Estos círculos pueden visionarse en las siguientes coordenadas: 35º57’36.44” norte y 14º25’42.17” este. Los dibujos, que no habían pasado desapercibidos anteriormente por otros investigadores, habían sido motivo de una agria discusión en el portal de Internet más importante dedicado a la atlantología, Atlantis Rising. Por lo visto, el primero en sacar el asunto a la luz fue un afiliado al foro, con el nick de Nikas, que se presentó como norteamericano de origen griego. Según afirmaba, los dibujos demostraban en cierta medida su teoría de que la isla, o islas, de Malta habían sido la Atlántida. Las intervenciones en el mismo foro de Georgeos Díaz, desbarataron tal posibilidad, sobre todo por los escritos de Platón que la ubicaba más allá de Gibraltar.

Círuclos concéntricos en la península de Qawra, Malta

Sin embargo el asunto no se cerró, ya que aunque las islas de Malta no pudieron ser la Atlántida de Platón, no puede descartarse la posibilidad de que el lugar hubiera sido un asentamiento atlante en ese éxodo que realizaron para buscar nuevos asentamientos, hipótesis que hasta el mismo Díaz acepta. Según el Timeo y el Critias los atlantes se expandieron desde el golfo de Cádiz hacia el interior de las

Similitud con los círculos de La Atlántida

Columnas de Hércules, por casi todo el Mediterráneo, hasta alcanzar los límites de Egipto, Grecia y el Asia Menor (Anatolia). Por ello podemos suponer que también colonizaron las islas más estratégicas, como lo son Malta y Gozo, además de Sicilia, Córcega, Cerdeña y Creta.

En los foros donde se ha debatido el asunto de los círculos concéntricos malteses se apuntó la posibilidad, aceptada por los más críticos y escépticos, de que se tratara de una diana, realizada por las fuerzas navales inglesas durante la Segunda Guerra Mundial, para ejercitar prácticas de tiro. Aunque para exponer esta teoría no se aportó documentación alguna relacionada con el caso de Malta, la similitud con otras dianas realizadas en los desiertos estadounidenses hacia que la explicación tuviera que tomarse en cuenta. Para algunos fue el fin de la historia, para otros no, ya que la única forma de investigar los geoglifos era la de investigarlos in situ, algo que todavía nadie había hecho. Y nos fuimos a Malta.

Las líneas de los círculos vistas desde el suelo

Nuestra primera visita a la península de Qawra, donde se encuentran los círculos, cercana a la localidad de San Paul Bay, fue desalentadora. Recorrimos la península en toda su extensión y las líneas circulares no aparecían por ningún lado. El lugar suele estar frecuentado por pescadores que, caña en mano, intentaban con bastante éxito abastecerse de pescados. Pero ellos no sabían nada de los círculos pese a ser nativos del pueblo. No tenían la más mínimo referencia de que allí existieran unos círculos que sólo podían ser vistos desde el aire. De vuelta al hotel volvimos a ver la imagen en el ordenador, tomamos puntos de referencia y trazamos un mapa por donde deberían discurrir las líneas. A la mañana siguiente nos volvimos a situar sobre las rocas y, al final, gracias al mapa pudimos

Las líneas vistas desde el suelo

entrever los trazos que componían las circunferencias. Resultaba extraño que, de ser una diana para tirar proyectiles, no se hubiera empleado pintura para su señalización. Por el contrario sólo se apreciaba una ligera diferencia tonal entre las líneas y la roca en donde se hallaban. No era posible que las líneas se hubieran realizado mediante golpes de una máquina en la roca, ya que no aparecía ninguna señal de deterioro, teniendo adheridas las mismas formaciones vegetales y animales que el resto. Tampoco debieron realizarse por arrojar algún tipo de ácido, pues en el interior de las propias líneas existían zonas de distinta tonalidad. Ello nos llevó a pensar en la antigüedad extraordinaria de esos trazos.

Los dibujos no fueron diseñados para hacer una diana, más aún teniendo en cuenta la proximidad, ahora y hace 60 años, de un importante núcleo de población. De cualquier forma, si durante la II Guerra Mundial se hizo una diana en la península de Qawra, ningún proyectil hizo allí impacto, lo que definitivamente nos aleja de aquella teoría, más aún cuando preguntamos al comisario jefe del puesto de policía de Saint Paul, amplio conocedor de la zona, quien nos aseguró que desconocía que durante la contienda militar se hubiera utilizado el lugar para prácticas de tiro.

La curiosa representación que encontramos en Malta guarda una similitud más que aparente con la representación que de la isla de la Atlántida hizo Platón. Los tres círculos concéntricos que representaban a tres canales acuáticos, recorridos todos por otro canal longitudinal que une el exterior con el centro, resulta cuanto menos espectacular. Pero dos datos nos llamaron la atención que ahondaban aún más en la hipótesis de que el dibujo representara la antigua capital de la Atlántida. El canal vertical se encuentra perfectamente alineado norte-sur, exactamente lo mismo que

Bañera central de los círculos concéntricos de Qawra

mencionaba Platón. Cuando pudimos ubicar y delimitar los círculos concéntricos y el canal central, intentamos hallar cuál era el centro exacto del dibujo, correspondiendo a un punto donde se encontraba una especie de bañera o pozo, realizado artificialmente ya que se notaba el borde carcomido por escoriaciones y algunos canalillos construidos posiblemente para desalojar agua.  En ese momento recordamos que según el filósofo griego en el centro de la Atlántida se encontraba un templo dedicado al dios Poseidón, el dios del mar y de los terremotos, adoptado posteriormente por los romanos como Neptuno. ¿Existió alguna vez una estatua de este dios en el centro de los círculos?.

La presunción de considerar este dibujo como representante de la visita de los atlantes a la isla de Malta, en contra de la teoría de la diana para prácticas de tiro, se ve avalada porque aparte de estos círculos, conocidos por algunos investigadores, han aparecido otros similares en la cercana isla

Círculos en la isla de Comino (muy deteriorados)

de Comino, a escasos metros de la posición de un faro centenario. Estos círculos no se aprecian desde el aire con la misma nitidez que los de Malta, sin embargo están ahí. La única forma de apreciar su diseño es utilizar un programa de contraste y relieve que revela su existencia. Como en el caso de Malta allí nunca hizo impacto un proyectil. Y, como en Malta, tampoco se diseñaron con pintura, sino con una paciencia infinita al tener que raspar la roca para sacar de ella el color claro que se encuentra bajo la capa oxidada de la piedra. Y de eso hace muchos miles de años.

La presencia en Malta de misterios relacionados con un pasado ignoto no se queda en estos círculos. A lo largo de toda isla, de norte a sur y de este a oeste, se encuentran los llamados Cart Ruts. En un ejercicio de humildad

Cart Ruts, increíbles líneas kilométricas que no van a ninguna parte

inusitado, los arqueólogos no han dado ninguna explicación a su presencia y evitan decantarse hacia alguna solución fácil, manifestando su desconocimiento ante estos restos arqueológicos. Los Cart Ruts están incluso anunciados, como interés turístico, por las islas de Malta y de Gozo. En los carteles se afirma que fueron realizados durante la Edad del Bronce. Hemos leído alguna teoría para su explicación, como que eran los rastros en granito del paso de ruedas de carro, o que con ellos evitaban que las lluvias anegasen el terreno, al poder conducir el agua hacia otros lugares. Ambas

Manuel Delgado examinando un enigmático Cart Ruts de Malta

hipótesis son absurdas. Hay miles de Cart Ruts, son zanjas que recorren la superficie pétrea de Malta en todas direcciones. Algunos gozan de una longitud de kilómetros, otros en cambio sólo tienen un metro de largo. A veces son varios los que recorren paralelos la superficie, en otras ocasiones los trazos son únicos, entrecortándose entre sí haciendo quiebros sorprendentes. Su excavación debió ser una tarea ardua. En ocasiones tienen una profundidad de 50 centímetros o otras veces no son más que señales superficiales. Empiezan y terminan sin causa aparente, con un propósito desconocido. Algunas veces las líneas su dirección, en otras las líneas se sumergen desde tierra hacia el fondo del mar.

El trabajo de excavar miles de zanjas en toda la isla carece de todo sentido y no es propio de ninguna cultura conocida. Son remotos vestigios de una civilización perdida en el tiempo, que trabajó con un propósito desconocido. Algo que apunta directamente a la enigmática cultura atlante.

Los que huyeron por tierra

Albert Slosman es quizás el máximo defensor de la relación entre la Atlántida y Egipto. Antes de visitar Egipto y analizar sus monumentos fue en Camerún donde encontró la pista sobre el gran cataclismo que había hundido un inmenso continente situado al oeste de África, a través de la información suministrada por individuos procedentes de la tribu de los Fako. Esta misma historia volvió a encontrarla en Egipto, tanto en los textos del Libro de los Muertos, como en los muros pétreos del templo de

Los dioses que se salvaron del cataclismo, templo de Dendera

Dendera. Con la mismos argumentos con los que los sacerdotes egipcios informaron a Sólon, uno de los siete grandes sabios de la antigua Grecia, y que valió a Platón para escribir su Timeo y su Critias, Slosman encontró que la civilización egipcia no había tenido su génesis a orillas del Nilo, sino que sus ancestros vinieron de otro lugar lejano, situado en el océano Atlántico.

En los viajes que Slosman realizó a Marruecos, se percató que algunos lugares geográficos tenían mucha similitud con algunos prefijos y sufijos utilizados frecuentemente en los textos jeroglíficos del Libro de los Muertos, como la Duat y Ta Mana. Si Ta Mana, en los textos jeroglíficos, puede traducirse como el “lugar del Poniente del sol”, el “lugar de los Bienaventurados”, Ta Uz significaría, a su vez, “lugar de Osiris”. La ciudad de Tamanar se encuentra a sesenta kilómetros al norte de Agadir, y Ta Uz, a la entrada del desierto sahariano. De la misma manera que hicieron los de la tribu Fako, los beréberes contaron a Slosman una historia parecida sobre su ascendencia divina, y procedencia lejana, un lugar idílico situado asimismo al oeste.

En lenguaje jeroglífico, esta tierra desaparecida se conocía fonéticamente como Ahâ-Men-Ptah, cuya traducción sería “Primogénito-Durmiente-de-Dios”, vocablos que, según Slosman, sufrieron con el paso del tiempo una contracción fonética para convertirse en El Amenta, aunque seguía recordando su significado primigenio de “País de los Muertos”, “País de los Bienaventurados”, y “País del Más Allá”. Curiosamente el nombre del dios Ptah estaría asimismo incorporado en el epíteto para denominar a los monarcas, que fueron los Ptah-Ahâ, cuyo significado sería el de “Primogénito-de-Dios” puesto que se consideraban descendientes directos del primer Hijo de Dios. Tendríamos con ello que Ahâ se pronunciaría Ahan y que Ptah también se escribe Phtah, de su fonetización en lengua griega, en la que la letra pi se convierte en phi (fi), por lo que Phtah-Ahan fue fonetizado “Faraón”, que de Primogénito-de-Dios pasó a ser “Hijo-de-Dios”. Con los mismos argumentos Slosman explica que el nombre de la tierra a orillas del Nilo, Ath-Kâ-Ptah (Segundo-Corazón-de-Dios) se convirtió posteriormente, en la fonetización griega, en Aegyptus, Egipto para nosotros.

Según Slosman, el primer lugar a donde llegaron los supervivientes del éxodo atlante en Egipto fue a la zona de Dendera y de Abydos. Consideraba que el templo de Dendera, cuya actual reconstrucción es la realizada por Ptolomeo II Evergetes, fue originariamente diseñado por los atlantes. En sus muros, Slosman pudo leer: “En el principio, estas palabras enseñaron los Ancestros, aquellos Bienaventurados de la Tierra primera: Ahâ-Men-Ptah. Los que convivían con las Creaciones del Corazón-Amado: el Corazón-Primogénito.”

Asegura Slosman, por la traducción de los textos del templo, que las fechas que aparecen grabadas no sólo hablan de diez milenios atrás, sino de hace veinticinco mil años, cuando Ahâ-Men-Ptah existía como un continente de clima templado, vegetación exuberante, numerosas especies de una fauna hoy ya extinguida en su mayor parte, y en donde los humanos vivían de forma ordenada y pacífica en varias ciudades que se desarrollaban bajo un mismo poder central. Pero la Atlántida se hundió rápidamente en el agua en una fecha que, según Slosman, debió ser el 27 de julio de 9,792 antes de nuestra era, fecha que consideraba inequívoca gracias a la lectura e interpretación de los acontecimientos narrados en el planisferio celeste grabado en el techo de una de las salas del templo de Dendera, más conocido con el nombre de “zodíaco”.

Coincidiendo con lo que nos había contado Sebastián Vázquez sobre el éxodo atlante, Slosman asegura que durante el éxodo atlante se produjo una lucha fratricida entre dos miembros de una misma familia, posiblemente hermanos, que prosiguió durante los quince siglos anteriores a la llegada a Egipto y aún continuó aquí durante cuatro mil años más. Las dos ramas enfrentadas serían por un lado los “Rebeldes de Set” y, por otro, los “Seguidores de Hor”. Durante el enfrentamiento se alternaron en el poder, aunque más adelante ambos clanes fueron deteriorándose, algo que favoreció su desvanecimiento y toma del poder los usurpadores (los Râ-Sit-U). Desde el  cataclismo que promovió el hundimiento del archipiélago de Ahâ-Men-Ptah, añade Slosman, la supervivencia tradicional no pudo ser practicada más que por una memorización oral intensiva y conservada perseverantemente, hasta la llegada, siglos y siglos después, a Ath-Ka-Ptah donde, en el oportuno momento, esta lengua ancestral fue reconstituida y puesta de nuevo en uso, así como ciertas costumbres que ancestrales.

La historia del Gran Cataclismo y los avatares de los supervivientes del mismo fueron grabados, además de en otros materiales, sobre la perdurable piedra del templo de Dendera, como lección y recordatorio para los siglos venideros.

Monumentos atlantes en Egipto

En el artículo titulado “La conexión egipcia del Tassili” exponía la teoría del éxodo, hace muchos miles de años, de una población que venía desde occidente, del lugar al que los antiguos egipcios consideraron como “el país de sus antepasados”. Y el camino que siguieron por el norte de África en dirección a Egipto fue llamado “camino de los antepasados”.

No existe la menor duda, ya que está avalado por estudios antropométricos de cráneos procedentes de las islas Canarias y de Egipto, en que anterior a la primera dinastía Egipcia, en lo que los estudiosos denominan “Dinastía 0”,

Gigantesco tanque en el Serapeum de Saqqara

llegaron a Egipto seres de otra cultura, a los que se les llamó atlantes. Un estudio pormenorizado del fenómeno atlante debe pasar por considerar que aquella cultura edificó en Egipto monumentos que, si actualmente son considerados como propiamente egipcios, están mal catalogados. Y los modernos medios para analizar la tecnología aplicada a la arquitectura y a la ingeniería son las herramientas adecuadas para dictaminar lo que hicieron los egipcios, y lo que ya se encontraron hecho en el país del Nilo.

Según muchos investigadores, las pirámides de Giza no guardan relación tecnológica con las otras pirámides, desconociendo por tanto la fecha de su construcción, así como los autores de las mismas. Herodoto afirmaba que los egipcios eran reticentes en mencionar los nombres de los reyes que

Meseta de Giza

edificaron las pirámides de Giza, y que cuando se referían a ellas lo hacían como “las pirámides del pastor Filitis”, por ser ese pastor, aclara Herodoto, el que apacentaba sus ovejas en el lugar donde se edificaron. El historiador griego Diodoro de Sicilia atribuye la construcción de las tres pirámides a Armaeus, Amosis e Inarón, aunque admite el alto riesgo de equivocación por falta de pruebas. Un autor árabe del siglo XIV, Makrizi, refiriéndose a leyendas mucho más antiguas, escribió que el rey Surid Ben Sahluq tuvo un sueño que fue interpretado por los sacerdotes como presagio del Diluvio, haciendo construir las pirámides, en las que habría guardado inmensos tesoros y todas las ciencias conocidas en el pasado. Otro escritor, el Cadi el-Galil Abu Abd Allah Mohammed Ben Salamat el-Qodai, también narró que las pirámides se construyeron antes del Diluvio, puntualizando que la llegada de la desgracia que amenazaba la Tierra llegaría en el momento en que el Corazón del León se hallara en el primer minuto de la cabeza del Cangrejo. Y otro historiador, también árabe, Abu’lRihan el-Biruni, escribió que las huellas del Diluvio y del nivel alcanzado por las aguas se distinguían todavía, antes de la desmantelación del revestimiento, notándose la marca o señal hacia la mitad de la altura de las pirámides. Si consideramos que esa marca del agua fue dejada por la subida de aguas producida por el derretimiento de los hielos en el fin de la cuarta glaciación, las pirámides se encontrarían erigidas hace 12000 años, o sea, antes del cataclismo que acabó con la Atlántida.

Artículo escrito por Manuel José Delgado para la revista Año Cero





¿ERA LA GRAN PIRÁMIDE UN REACTOR TERMONUCLEAR?

12 02 2009


Es difícil encontrar sobre la faz de la Tierra un monumento que concentre en torno a él tantas incógnitas. Ya los viajeros de la época clásica se confesaban incapaces de interpretar la escritura grabada en la Gran Pirámide. El correr de los siglos no hizo más que incrementar los intentos por descifrar sus enigmas: quién la levantó y con qué finalidad, si fue o no una tumba, si sus aristas apuntaban a una determinada constelación planetaria… Las últimas investigaciones señalan que fue construida mediante una tecnología inimaginable hoy en día. Sus muros se trazaron de forma que ninguna fisura pudiera dejar escapar nada al exterior. ¿Qué experimentos se realizaron allí?. Según diferentes investigadores, en la Gran pirámide se trabajaba con energía nuclear y se utilizaba para ello un complejo sistema de canales de ventilación que servirían para evacuar la presión y evitar una explosión en cadena. La energía producida podría servir como combustible para determinado tipo de naves. Por otra parte, las medidas de otro de los enigmas más inquietantes de la historia, el Arca de la Alianza, construida por Moisés siguiendo las indicaciones de Yahvéh y muy parecida a otro tipo de arcas egipcias, encajan con asombrosa exactitud en el tanque de granito de la Cámara del Rey. ¿Tecnología nuclear en el Egipto predinástico? ¿Cómo y para qué?


Gran Pirámide de Giza

AFRONTANDO EL DESAFÍO

La Gran Pirámide alberga el legado de antiguos conocimientos que se desarrollaron en las riberas del Nilo mucho antes de la existencia del propio Egipto. Como en ningún otro lugar del planeta, los hombres, generación tras generación, han buscado allí tesoros materiales o intelectuales, afrontando un desafío descomunal: descubrir el propósito del arquitecto de la Gran Pirámide; todo esto a pesar de que los arqueólogos menos imaginativos han clasificado el monumento como una tumba y nada más.

En la meseta de Giza, entre un paisaje monocromático de tonos ocres, emergiendo de la arena del desierto, se levantan orgullosos casi tres millones de bloques de piedra que pesan cada uno entre dos y sesenta toneladas. Y pese a tan colosales proporciones, sus errores de nivel, angulación, orientación y simetría se cuentan sólo por milímetros. Para los historiadores griegos y romanos, y también para la arqueología oficial, fue una ostentación de locura y riqueza realizada sin máquinas, por medio de la fuerza bruta, y su perfecto acabado se logró por mera casualidad, aduciendo para ello que la ciencia matemática se inició en Grecia, mientras que en Egipto sólo existía una geometría incipiente comparable a un nivel de enseñanza primaria.

UNA ESCRITURA DESCONOCIDA


Gran Galería

El interior de la pirámide parece encontrarse en el mismo estado en que lo hallaron los árabes en e laño 820. Aunque el cofre de granito rojo es su único elemento decorativo, la ausencia de ornamentos no hace sino engrandecer su interior. Nada queda de todo lo que pudieran haber contenido la Cámara del Rey, la de la Reina y la del Caos. Uniendo las tres, hay canales diminutos de significado ignoto, pasajes estrechos que humillan más que dignifican al hombre que los recorre. La Gran Galería, impresionante de tamaño, empequeñece el orgullo cuando uno se enfrenta a lo solemne en la más absoluta soledad. Cuarenta y seis interminables metros de muros, perfectamente paralelos, constituyen la obra magna de la ingeniería pétrea. Todo un entramado que no guarda ni un solo jeroglífico, ni una sola inscripción, ni el más mínimo relieve realizado por la mano de los constructores en ninguno de los 2.800.000 bloques de piedra, en los casi tres millones de metros cúbicos de roca, en los siete millones de toneladas de piedra erigidos como homenaje a la mística, a la ciencia o a la locura.Sin embargo, Abd-al-Latif, historiador árabe del siglo XIII, dijo que en los bloques de revestimiento estuvieron grabados, con caracteres ininteligibles, un gran número de inscripciones. Herodoto, quien contempló la pirámide hacia el año 440 a.C., comenta los mismos signos, cuya interpretación era para él tan desconocida como para el guía que le acompañaba. Y resulta raro que el significado de las inscripciones fuese un misterio, pues en la época de Herodoto aún se traducían jeroglíficos, como pudo comprobar ese historiador cuando se introdujo en los ritos isíacos de la mano de los sacerdotes de Sais, quienes dominaban los caracteres escritos del Egipto milenario, como demuestra la piedra Roseta, escrita en hierático, demótico y griego. Por tanto, la escritura que recubría los bloques de revestimiento de la Gran Pirámide era desconocida para los egipcios.

EL TEMPLO DE ISIS

Una antigua inscripción jeroglífica denominada «La Estela del Inventario» narra cómo la Gran Pirámide estaba ya edificada en tiempo de Keops y era llamada «Templo de Isis». Los grandes dignatarios extranjeros visitaban el «monumento de los antepasados». La idea generalizada de que la Gran Pirámide es la tumba de Keops puede ser cierta, ya que la misma estela cuenta que el faraón se hizo enterrar junto a ella o dentro de ella. Además, existen pruebas que avalan la teoría de que el monumento fue habilitado por Keops con fines propios. A este respecto, hay que tener en cuenta algunas consideraciones. En primer lugar, se aprecian en la pirámide las manos de dos maestros de obras: uno de ellos, el arquitecto original, que trabajaba a la milésima de milímetro; el otro, menos minucioso, ha dejado su impronta en lo que bien pudiéramos considerar los trabajos de Keops dentro de la pirámide. Entre sus obras se encuentran las 28 entalladuras que recorren la Gran Galería, realizadas de un modo imperfecto, con prisas, apartándose de la meticulosidad con que está construido el monumento. Este número de entalladuras ha despertado la atención de los egiptólogos, ya que Keops era, precisamente, el vigesimoctavo rey después de Menes, según la correlación de dinastías de Manetón. Se desprende de ello que la Gran Galería sería un homenaje a los antepasados del faraón.

Este argumento está avalado por dos antiguos autores árabes. Abu Ya’kub escribió que «allí se encuentran pinturas y estatuas yacentes o de pie y otras muchas cosas, de las que no se conoce el significado». Ibrahim Uasif Sha relató que en la pirámide oriental se habían guardado las estatuas de los abuelos de Keops. Las huellas de martillos a todo lo largo de la Gran Galería y situadas sobre el tercer saledizo pueden cubrir alguna antigua inscripción o los nombres de reyes pasados.

Quizás fuese éste el motivo por el que el faraón Keops fue odiado por su pueblo -según narraron a Herodoto- por haber utilizado este antiguo «Templo de lsis» como lugar donde construir su tumba. En dinastías posteriores, posiblemente durante la VI, la Gran Pirámide fue saqueada por un pueblo dirigido por los sacerdotes, que destruyeron todo lo que Keops hizo en el interior del monumento, intentando incluso que su nombre desapareciera de los anales del imperio. Por eso el faraón resulta para la arqueología un perfecto desconocido, del que sólo ha subsistido una pequeña estatua de nueve centímetros de alto que se conserva en el Museo de El Cairo. La Gran Pirámide quedó destripada y desierta durante más de 2.000 años, hasta el advenimiento de Ramsés II. Una inscripción grabada en la roca, frente a la cara norte de la pirámide de Kefrén, nos dice que el Superintendente de los Trabajos, Mai, «Grande del Templo de Maat», y el Intendente de los Trabajos del Templo de Amón en Tebas, Seanj-Pa, trabajaron en la reparación de las dos grandes pirámides de Giza. Bajo la inscripción se encuentra el mismo signo misterioso que se puede observar en el techo de la Cámara del Caos. Es decir, que en tiempos de Ramsés II se emprendieron trabajos en la Gran Pirámide con objeto de poner a punto su interior y de seguir celebrando allí las iniciaciones isíacas.

Ramsés II reestableció un colegio de sacerdotes destinado a las tres pirámides, haciendo que recobraran su papel de templo solar. Así parece indicarlo la inscripción descubierta por Reisner en la mastaba de Pen Meruu, en Giza, que utiliza el determinativo de los templos solares para referirse a la Gran Pirámide. Los autores árabes relatan las peregrinaciones que llegaban hasta la meseta de Giza desde todos los países de la Tierra, en especial desde la Arabia Yemení, ya que los sabeos eran adoradores del Sol. Los sacerdotes de Ramsés II limpiaron todas las estancias destruidas en anteriores expoliaciones. La Gran Pirámide debió conservarse intacta hasta los siglos XII o XIII. Por aquel tiempo se sucedieron en Egipto enormes terremotos que asolaron el país. Los árabes construyeron su nueva capital, Al Kaherah, que significa «La Victoriosa». Durante muchos años, se fue retirando el revestimiento que cubría la pirámide. La noticia de la ausencia de tesoros se extendió entre los expoliadores y la Gran Pirámide quedó abandonada. Las expoliaciones del revestimiento de los siglos XII y XIII y la arena del desierto acumularon grandes montañas de escombros de más de treinta metros. Fue en el Renacimiento cuando se avivó el interés por la ciencia y las cámaras y pasadizos fueron limpiados. La Gran Pirámide empezó a mostrar sus misterios.

¿QUIÉN LEVANTÓ LA GRAN PIRÁMIDE?


Los viajeros de la época clásica ya manifestaron su sorpresa ante la ausencia total de dispositivos tecnológicos relacionados con la construcción de las pirámides. La arqueología, desconocedora a veces de la física, la geometría o las matemáticas, ha intentado, con poco acierto, explicar los cómos y los porqués de tan ciclópea construcción. Y desde que en el siglo XIX se descubrieran las relaciones de la Gran Pirámide con los números Pi y Fi se inició una frenética carrera hacia la interpretación de sus medidas, dando como resultado las más insólitas explicaciones. En pulgadas, en yardas, en metros, en litros o en varas, las mediciones conducían a la explicación del presente, del pasado y del futuro, no faltando quien achacaba a errores de construcción los datos que fallaban en su teoría. Otros, incluso, no dudaron en limar alguna arista para que sus elucubraciones resultasen refrendadas con mayor precisión.

Entre la fantasía y la realidad, muchos autores crearon escuela. Fueron tratados como auténticos iluminados, pues pretendieron haber accedido a los secretos herméticos y hasta divinos que encerraría esta «biblia de piedra». Otros les tacharon, simplemente, de majaderos. Y todo este asunto es de lamentar, especialmente porque pueden hacer dudar, o provocar el descrédito, sobre teorías infinitamente más serias acerca de uno de los mayores misterios del pasado.

El pensamiento científico adquiere formas ajenas a la lógica e, inclusive, contrarias al sentido común. La ausencia total de referencias a la ciencia y la tecnología en las excavaciones, inscripciones y textos egipcios ha sido interpretada como prueba de que aquel pueblo no poseyó ningún género de tecnología y vivió en una ignorancia científica total. Y es una conclusión obligada si se tiene en cuenta que la primera rueda encontrada pertenece a la XII dinastía, la primera plomada a la XVIII, los primeros textos astronómicos aparecen en sarcófagos de la XI dinastía, el Papiro Rhind, de la dinastía XIII, tiene un nivel científico correspondiente a la escuela elemental y los primeros cuchillos de hierro corresponden a la XXVI dinastía.

En términos concretos, la documentación arqueológica nos muestra una civilización que avanzaba dificultosamente por el camino de la ciencia y que al cabo de 3.000 años de evolución todavía necesitaba importar de Grecia los pocos conocimientos que llegó a poseer Si admitimos que la Gran Pirámide no pudo ser construida por los egipcios de la IV dinastía, nos tenemos que plantear entonces otro tipo de hipótesis que puedan explicar la tecnología empleada y el uso que se le dio a la misma.

UN RECINTO HERMÉTICAMENTE CERRADO


Están contabilizadas más de cien pirámides a lo larga del Nilo, situadas siempre en su ribera occidental, pero una destaca por tamaño, proporciones, conservación y perfección. Es la Gran Pirámide, la única gran maravilla del mundo antiguo que se conserva.

Con las 114 pirámides censadas en Egipto se pueden hacer dos grupos: las cinco de la IV Dinastía (tres en Giza y dos en Dashur) y todas las demás. Estas 109 pirámides restantes no ofrecen problemas tecnológicos y no cabe duda de que fueron erigidas por la cultura faraónica, ansiosa de emular a las otras cinco, las que se encontraron los primeros egipcios que llegaron a las riberas del Nilo.

Las cinco pirámides atribuidas a Snefru, Keops, Kefrén y Micerinos no sólo hay que separarlas del conjunto a causa de su envergadura y perfección, sino también porque no contienen en su interior la más leve pista de cuándo fueron edificadas, ni por quién, ni con qué motivos. Por el contrario, todas las demás pirámides e incluso las tumbas de la IV Dinastía están repletas de jeroglíficos, esculturas y relieves que hacen fácil su datación. Y si ello es así, también su utilidad puede ser diferente. Se han barajado teorías para todos los gustos, según la particular visión de cada investigador. Como posibles funciones de las pirámides estarían el de servir como antenas emisoras-receptoras, como hitos geodésicos, como almanaque de tiempos pasados y futuros, como templo de iniciación, como archivo de conocimientos de civilizaciones desaparecidas o como observatorio astronómico. Tal vez no sean nada de ello, o quizás sean todo eso a la vez. Pero hay más, porque si convenimos en que la Gran Pirámide no fue edificada por los egipcios, tendríamos que considerar a los constructores como poseedores de una tecnología desconocida incluso en nuestra moderna era espacial.

Uno de los problemas que plantea la Gran Pirámide es el hecho de que vulnera el principio de economía en cuanto al trabajo empleado. Esto se comprende fácilmente observando nuestro alrededor. Nuestra actual industria es capaz de realizar losas anguladas perfectas y nuestros albañiles están capacitados para unirlas en íntimo contacto, pero el principio de economía señala que tal alarde sería una completa tontería, ya que multiplicaría por diez las horas trabajadas, con el consiguiente aumento de tiempo y dinero invertidos. Por tanto, el resultado es el que podemos ver, por ejemplo, en todos nuestros modernos cuartos de baño: después de alicatada la pared se aprecia que entre azulejo y azulejo hay a veces una separación de hasta, varios milímetros, que luego se tapa con una lechada de cemento que simula una junta perfecta. Es decir, poseemos una técnica que nos permite rozar la perfección, pero no interesa emplearla. Distinto es que se revista con cerámica una nave espacial; entonces sí es necesario el íntimo contacto de las piezas para evitar el calor producido por el rozamiento cuando la nave choca contra la atmósfera. En la Gran Pirámide trabajaron sin que importara el principio de economía. y, además, sin motivo aparente, ya que para una tumba no hacía falta tal derroche de técnica. La única respuesta coherente es que si en las juntas de los bloques de revestimiento de los corredores y de las cámaras no cabe ni el filo de una cuchilla de afeitar, es porque el constructor necesitaba que el conjunto fuera hermético.

TECNOLOGÍA DE ALTA PRECISIÓN


Los pocos bloques de revestimiento que aún se encuentran en la cara norte delatan su estampa inicial. Hoy sólo quedan en su lugar tres o cuatro. En su origen tuvo 27.000, perfectamente encajados y pulidos. Como realización tecnológica de alta precisión no existe nada en el mundo entero que iguale este revestimiento calcáreo. La tarea parece imposible. No existen sobre el pavimento huellas de arrastre, ni tampoco puntos de engarce para grúas o cuerdas. Además, para mayor asombro, colocaron en las juntas yeso de rápido fraguado, que obligaba a colocar el bloque al primer intento, sin posibilidad de efectuar posteriores movimientos.

En la actualidad, para las mejores «escuadras normalizadas» por la industria moderna, norma DIN875, se admiten errores de más o menos 0,03 mm por metro, cantidad algo superior a los errores de angulación y paralelismo de la obra egipcia. Como los mejores instrumentos no ópticos miden con errores de más de 300″, se demuestra que los egipcios debieron poseer instrumentos ópticos y, además, de alta precisión, ya que el anteojo de autocolimación corriente, por ejemplo, da errores del orden de los 5″.

La construcción de cada uno de los bloques de revestimiento, de 20 metros cuadrados de superficie, es una tarea equivalente al pulido del espejo del telescopio de Monte Palomar. Para comprender la magnitud de la obra egipcia bastará observar que SE fabricaron 27 000 de estos bloques. Lograron, hace miles de años, producir en masa lo que la industria moderna sólo produce a escala artesanal.

La agrimensura moderna, conducida por teodolitos, cronómetros y tablas astronómicas, admite para el cierre de polígonos un error del 0,3 %, que corresponde a un error de 10′ traducido en error angular Ningún procedimiento propuesto ha logrado explicar cómo consiguieron los egipcios tal exactitud. La pirámide de Kefrén tiene el mismo error de orientación que la Gran Pirámide, es decir, 5′ 31″. Y cabe preguntarse por qué orientaron a ambas con la misma desviación, cosa no imputable a la casualidad, Los antiguos egipcios tuvieron el equipamiento necesario para edificar una base de 53.000 metros cuadrados con una orientación de 0° 0′ 0″.

Es evidente, entonces, la completa disociación entre una ciencia avanzada y lo que aparece en sus pinturas y escritos. La diferencia entre el análisis arqueológico y el análisis tecnológico llega al extremo de mostrarnos dos mundos heterogéneos que marchar en sentido inverso: uno que aprende con lentitud otro que olvida rápidamente. Lo que supuestamente surge en los inicios de la civilización egipcia pudiera no ser el producto de una generación espontánea sino el final de una trayectoria de tradición. Y como esto no es posible, pues la tecnología de las tribus nilóticas sólo llegaba a producir puntas de flechas de sílex, hay que pensar en otra civilización más desarrollada incluso que la nuestra, de origen atlante o, quizás, extraterrestre.

LA CÁMARA DEL REY: ¿LABORATORIO GEOTÉRMICO?


Cámara del Rey y cofre de granito

No cabe duda de que la meseta de Giza está edificada y dispuesta de tal modo que sigue a la perfección un plan preciso. Pese a que algunos arqueólogos piensen que cada faraón situó su pirámide al libre albedrío, las relaciones geométricas entre todos los monumentos de Giza corresponden a un intrincado proyecto que aún está por descubrir. Pero si las nueve pirámides de Giza fueron construidas por el mismo arquitecto, debemos pensar que a la Gran Pirámide la dotó de una particular técnica que dejó absolutamente aislado su interior del exterior. Porque, según todos los indicios, tan colosal monumento sirvió como factoría de una energía muy especial.

El tanque de granito es más grande que los corredores que llegan hasta la Cámara del Rey. Los violadores de tumbas pudieron llevarse todo el ajuar que encontraron (momia incluida, oro y riquezas en abundancia), pero el supuesto sarcófago no. El ingeniero que diseñó la pirámide le concedió una importancia inusual, por ser el centro donde se acumulaba la energía suministrada por la máquina piramidal.

El doctor argentino José Alvarez López mantiene la tesis de que en la Gran Pirámide se realizaban experimentos nucleares. Según este profesor, no existe en el entramado de cámaras y pasajes del monumento ningún elemento que sobre o que falte para la consecución de tales propósitos. La Gran Pirámide, como todas las centrales nucleares, funcionaría como una máquina de vapor. En primer lugar, el átomo de uranio se transforma en plutonio y produce energía térmica (calor) que calienta agua a alta presión. Normalmente, se utiliza agua pesada que calienta la caldera de una máquina de vapor. Las cámaras inferiores de la Gran Pirámide serían la caldera, mientras que la Cámara del Rey contendría el equivalente al reactor atómico.

Canal sur "de ventilación" de la Cámara de la Reina

Se ha hablado mucho, demasiado, de la utilidad de los llamados «canales de ventilación» de las cámaras del Rey y de la Reina. Los investigadores Bauval y Gilbert, tras enrevesados cálculos donde no falta la manipulación de los datos angulares obtenidos por el robot del ingeniero alemán Rudolf Gantenbrink en el interior de los canales, aventuraron su hipótesis de que los cuatro canales apuntaban con «toda exactitud» a cuatro estrellas situadas en los hemisferios norte y sur, elaborando así la llamada teoría de Orión. El problema es que el canal sur de la Cámara del Rey, el que apunta precisamente a la constelación de Orión, recorre toda la pirámide con un ángulo de 45°, es decir, con la diagonal resultante de avanzar un metro hacia el sur mientras que se sube un metro hacia arriba. El canal norte tiene un ángulo de algo más de 39° como resultado de llegar desde la propia Cámara del Rey hasta, exactamente, la misma hilada de bloques donde desemboca el canal sur igual ocurre con los canales que parten de la Cámara de la Reina, que iban a dar a la misma hilada antes de taponarse desde el exterior. Extraño procedimiento de apuntar a unas estrellas con unos canales que están acodados incluso hasta dos veces. Según el profesor Alvarez López, la Cámara del Rey, esta supuesta cámara de energía nuclear, debía disponer para su perfecto funcionamiento de dos canales o toberas que la comunicaran con el exterior. Uno para la salida del vapor y otro para la adición del refrigerante. Los sistemas de seguridad implantados en el proyecto justifican el enigma de por qué los canales de ventilación de la Cámara de la Reina estaban cerrados. La respuesta la encontramos en los motores de explosión de nuestros automóviles. En caso de un exceso de presión o de temperatura, en lugar de estallar o rajarse el bloque del motor, los tapones de seguridad saltan para evacuar la presión, evitando el peligro de explosión. En caso de que en la pirámide se produjera un exceso de presión, los tapones de la Cámara de la Reina saltarían y el vapor recorrería los canales hasta llegar al exterior. En algún momento, estos canales se cerraron con unos tapones que fueron los que descubrió el robot de Gantenbrink.

Precisamente para entrar en la Cámara de la Reina hay que descender un escalón. La sala se encuentra más baja que el canal horizontal por el que se accede a ella, posiblemente para permitirle almacenar líquidos. El corredor tiene sus paredes impregnadas de una solución de base salada. Tanto en las cámaras de descarga como en el pozo existen todavía restos de unas extrañas estalactitas. Su sabor es también salado. Se suele explicar, con poco éxito, que los bloques de la pirámide provienen de la calcificación de un lecho marino, por lo que todas las piedras contienen gran cantidad de fósiles y es por ello que rezuman sal. Pero las estalactitas llegan a medir 10 centímetros de largo y surgen de las grietas entre los bloques. Su goteo ha producido extrañas formas y su profusión hace pensar en los experimentos que se podrían haber realizado en el interior del monumento.

PILAS EN LA ANTIGUEDAD


Este tipo de energía, por increible que parezca, era conocido ya en el pasado, al igual que la producción de fenómenos eléctricos de diversos tipos, siendo todo ello atribuido a la divinidad. Esta fuerza era llamada akasha por los antiguos brahmanes, «fuego principio» por los magos de Caldea, «agente mágico» por los cabalistas de la Edad Media y «energía celeste» por algunos alquimistas. Hoy, algunos científicos la llaman «fuerza etérea» y puede producirse si se conocen los mecanismos de la energía magnética.

Bombillas de Dendera

En la Antigüedad se conocían diversos sistemas de pilas y acumuladores eléctricos, y se aplicaban en ciertos procesos electrolíticos para recubrir los ídolos con láminas de oro. Se han encontrado pilas en Bagdag y en Macchu Pichu. Y también en Egipto. En una representación de la tumba de Ramsés VI en el Valle de los Reyes (Luxor) se aprecia claramente cómo dos símbolos sagrados del Antiguo Egipto, el pilar Djet y el signo Tit, se unían para conformar una linterna. También vemos en el templo de Dendera, posiblemente el mejor conservado de Egipto, cómo una columna de sacerdotes sube por los oscuros pasadizos hasta la terraza, llevando grandes pilas y regalos a los dioses, y cómo luego descienden por el otro lado con las pilas cargadas. Precisamente en la terraza del templo de Dendera aparecen signos inequívocos de que toda la superficie estuvo salpicada de placas de plomo, cobre y zinc, a semejanza de una gigantesca placa electrónica, que hace aún más verosímil la posibilidad del contacto con los «dioses».

EL SECRETO DE MOISÉS


La similitud de estas pilas con el Arca de la Alianza hebrea surge inevitablemente. Entre los babilonios y los egipcios ya habían existido objetos de culto análogos o afines a ésta. El arca babilonia se le asemeja poco, pues su forma era más bien de asiento o trono. El arca egipcia se le parecía más: consistía en un cofre o templete de dimensiones aproximadas a las de la judía, y tenía figuras de genios con las alas desplegadas. También era llevada procesionalmente por los sacerdotes, mediante barras, como los levitas llevaban la de lsrael (Dt. 37,9-25).Moisés, gran iniciado en los misterios de Egipto, tuvo acceso a los secretos de pirámides y templos y, siguiendo las indicaciones de Yahveh, alentó a los judíos para que se apropiaran de todo el oro posible con el fin de hacer el Arca de la Alianza, que serviría como condensador eléctrico y que trabajabaría, estudios realizados, con de potencial de 100.000 V pudiendo recargarse con la electricidad atmosférica del desierto, lo mismo que ocurre con la estática de los coches. Pero lo más curioso es que las medidas del arca encajan con pasmosa exactitud en el tanque de granito de la Cámara del Rey de la Gran Pirámide, siendo esta sala de similares dimensiones a la que Salomón construyó para guardar el Arca en el primer templo, en Jerusalén.

Al sondear los misterios de las pirámides o del Arca de la Alianza nos acercamos todavía más a una desconocida tecnología, más propia de los dioses que de los hombres.

Unos dioses de extraños comportamientos que dejaron en la meseta de Giza o en el desierto del Sinaí señales de su paso, aunque estuviesen escondidos tras una nube o imponiendo su criterio bajo las amenazas de su poder. Unos dioses que pudieron hacer algunas colosales obras que encontramos en Egipto y que incluso las pusieron en funcionamiento, aunque los materiales que pudieron emplearse, como el uranio enriquecido o el plutonio, se camuflaran bajo palabras tan enigmáticas como «el testimonio». Nuestros alcances científicos ya nos permiten evaluar la tecnología aplicada en la Gran Pirámide y comprender el significado de algunas extrañas frases de los libros sagrados: «En el Arca pondrás el Testimonio que yo te voy a dar» (Éxodo2S, 16).

Solo queda ya salvar las limitaciones mentales.





LA SAGRADA FAMILIA EN EGIPTO

28 01 2009

Escrito por Manuel José Delgado

Manuel Delgado en Egipto

Manuel Delgado en Egipto

Egipto, Tierra Santa

No son pocas las personas las que organizan su viaje a Tierra Santa con un recorrido obligado al país de los faraones. Y no les falta razón, ya que aunque fue en la antigua Palestina donde transcurrió la vida adulta de Jesús, las arenas de Egipto no sólo guardan las experiencias de la Sagrada Familia sino, también, posiblemente, los fundamentos del cristianismo.

En Egipto el viajero debe cargarse con una paciencia bíblica para deambular por los hipotéticos lugares que visitó el Jesús niño. Un país subdesarrollado y alejado de las doctrinas cristianas no ofrece demasiadas facilidades para ello. Y además hay que añadir la falta de datos fidedignos para avalar estos santos lugares. La tradición copta, los cristianos de Egipto, son los depositarios de la tradición que refiere aquél viaje realizado hace 2.000 años, aunque hoy en día son lugares abandonados y casi sumergidos entre la basura y la arena del desierto.

En el evangelio de Mateo 2, 13-14 se inicia aquél periplo: “El Ángel del Señor se apareció en sueños a José, y le dijo: Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto, y estate allí hasta que yo te diga, porque Herodes va a buscar al niño para matarle”.

Este acontecimiento fue el preludio de un misterioso éxodo. Tan incuestionable fue la revelación, tan directo fue el mensaje, que la familia movilizó su voluntad hacia un único propósito, salir inmediatamente de Belén.

“Él se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se retiró a Egipto; y estuvo allí hasta la muerte de Herodes: para que se cumpliera el oráculo del Señor por medio del profeta: De Egipto llamé a mi hijo.” (Mt 2,14-16)

2Sobre los pormenores del viaje poco sabemos. Podemos deducir que, cuando huyeron de Herodes, escapar hacia el norte de Palestina era imposible. Y hacia el este se abría un desierto difícil de atravesar, por lo que la ruta hacia Egipto era, geográficamente hablando, la más razonable. Aunque es posible que existieran otros argumentos para elegir dicha dirección. Egipto no sólo se convertía en el refugio adecuado sino que además, es posible, que el contacto del niño Jesús con el conocimiento proveniente de épocas faraónicas y las energías de su tierra y de sus centros de poder, tuvieran un propósito determinado.

El viaje

No existen datos que avalen el recorrido hacia Egipto realizado por la Sagrada Familia, y toda la creencia cristiana copta se apoya, a la hora de ubicar los lugares que visitaron,  en la tradición que señala que el Papa Theophilus (384-412 DC, Patriarca de Alejandría) recibió una revelación de la propia Virgen María, quien le relató los acontecimientos del viaje y los lugares que visitaron en las riberas del Nilo. Los detalles se registraron en una crónica llamado el Mimar, escrita por Theophilus.

Mapa de la Sagrada Familia en Egipto

Mapa de la Sagrada Familia en Egipto

La Familia comenzó a moverse por el sur a través de las montañas de Hebrón para luego ir al occidente hacia Gaza, en el Mediterráneo. Sor María de Agreda, una de las grandes visionarias, mantuvo que permanecieron allí dos días para recuperarse de su tremendo cansancio. Desde allí es probable que continuasen su periplo formando parte de una caravana que fuese rumbo a Egipto, algo que les proporcionó comodidad y protección. Llegaron a El-Zaraniq a unos 35 km al oeste de Al-Arish. Allí se encontraron en la frontera que marcaba los dominios de Herodes y el Egipto romano, podrían considerarse en terreno seguro. Esta zona se llamaba Rinocolura, que etimológicamente quiere decir “los sin narices”, por referirse al castigo que sufrieron sus pobladores cuando los romanos les cortaron las narices. Desde allí se dirigieron al norte de la península del Sinaí.

Horus

Horus

Debieron detenerse en alguno de los oasis de Farma (Pelosium), lugares cercanos a la moderna ciudad de Port Said. Ya en el delta del Nilo llegaron a la localidad de Tel Basta cerca de la ciudad de Zagazig, a unos 100 km al noreste de El Cairo). Se dirigieron hacia el sur hasta Mostorod (a 10 km de El Cairo). Esta ciudad se llamaba antiguamente Al-Mahamma que significa “lugar de baño”, en conmemoración a que la Virgen María bañó al niño Jesús y lavó sus ropas. Siguieron su viaje hacia el noroeste a Belbeis (antiguamente Philippos) a 55 km de El Cairo y descansaron bajo la sombra de un árbol, que hoy recibe el nombre de “el árbol de la Virgen María”. Partieron hacia Meniet Samannoud (Meniet Genah), ciudad situada al norte, para desde allí cruzar el Nilo hacia Samanoud (o Jemnoty), donde cuenta la tradición que fueron recibidos y alojados con hospitalidad. Su periplo continuó jacia el noroeste hasta la ciudad de Sakha. El nombre copto de esta ciudad es Lysous, que significa “el pie de Jesús”, ya que existe una roca donde puede apreciarse la huella atribuida al pie de Jesús. Esta reliquia fue durante cientos de años escondida de ojos foráneos y sólo desde hace algunos años el público puede contemplarla.

Deir-al-Maimun, San Antonio

Deir-al-Maimun, San Antonio

La travesía continuó hacia el sur. Volvieron a cruzar el Nilo para establecerse cerca de El Cairo, en los barrios de Matariyah y Ain Shams, en territorio donde antiguamente se asentó la ciudad de Heliópolis. Matariya era una hermosa aldea donde abundaban los sicomoros. Todavía se conserva un gran sicomoro conocido como el árbol de María pues la tradición sugiere que María se protegía del sol bajo sus ramas. No muy lejos se encuentra la única fuente de agua potable que surge en Egipto, también conocida como la fuente de María, por lavar en ella las ropas del niño. En Ain Shams se había establecido una comunidad judía que había construido la Sinagoga de Unias para las liturgias de su culto. En Matariyah puede todavía verse un árbol hay todavía un árbol que se llama también el “árbol de María” donde se cree que la Virgen descansaba bajo en su sombra.

La moderna ciudad de El Cairo posee actualmente numerosas iglesias de los primeros cristianos coptos, que se elevaron en lugares donde la tradición aseguraba que fueron testigos del paso de la Sagrada Familia: La iglesia de la Virgen María, en Zuweila, la iglesia de San Jorge el Mártir, la Iglesia de San Mercurio, El Convento de la Virgen María y el Convento de San Jorge. En el barrio de Clot Bey se encuentra la Catedral de San Marcos, y la iglesia de la Virgen María (Ezbaweya).

Hermitas de Qusur Al Izayla

Hermitas de Qusur Al Izayla

En el área que llamamos “El Antiguo Cairo” es en donde con mayor fuerza se recuerda el viaje de la Sagrada Familia. Allí se desarrolló posteriormente el incipiente cristianismo, en  épocas donde se conjugaban alternativamente el conocimiento de la Palabra con las persecuciones. La familia de Jesús se cobijó en una cueva sobre la cual, años después, se construyó la Iglesia de San Sergio (Abu Serga). En esta zona, como sucedió en España, se produjo el encuentro de las religiones, ya que aquí, a pocos metros entre sí, se establecieron los primeros cristianos, los primeros musulmanes y los judíos más antiguos, que construyeron la primera sinagoga de Äfrica.

La iglesia de San Sergio tiene forma de Arca de Noé. En sus paredes interiores se suceden iconos realizados sobre madera y planta de papiro, en donde aparecen numerosos dibujos con forma de panales de abeja, «porque la Palabra de Dios es más dulce que la miel». Saliendo de esta iglesia, recorriendo la misma callecilla, se llega a la sinagoga, aunque antiguamente fue iglesia cristiana. Tras el edificio se encuentra un pozo que recuerda el mismo lugar donde fue encontrada la canasta de Moisés por la hija del faraón, ya que el sitio se encuentra cerca de un antiguo palacio de Ramsés. La tradición asegura asimismo que Jeremías está enterrado en este mismo lugar.

Parece ser, con cierta lógica, que todos los lugares visitados por la Sagrada Familia se convirtieron en una iglesia. Esta proliferación de edificaciones cristianas puede apreciarse en el barrio del viejo Cairo y en la zona que se denominaba Babilonia. Es un destino actual de peregrinos cristianos de todo el mundo. Algunos de los sitios para visitar en el área son: La Iglesia Colgante (Al-Muallaqa), la iglesia de Santa Bárbara, la iglesia y convento de San Jorge, la Iglesia de la Virgen (qasriet Al-Rihan), el Museo Copto y la Sinagoga de Ben Ezra. También en la zona llamada Fustat (cercana al Cairo Copto) se encuentra la Iglesia de San Mercurio y el convento de Abu Sefein.

Árbol Virgen Maria

Árbol Virgen María

Según la tradición la Sagrada Familia deambuló por El Cairo para quedarse algún tiempo en el barrio de Maadi, donde actualmente se eleva una preciosa iglesia dedicada a la Vírgen. Luego, desde allí, tomaron un barco para dirigirse hacia el sur de Egipto. Visitaron ciudades a ambos lados de las riberas del Nilo, en lugares donde hoy se conservan rastros de su presencia en conventos e iglesias levantadas para conmemorar su visita. Río arriba, a más de 300 km al sur de El Cairo, hay que destacar la estadía que mantuvieron en lo que hoy es el Monasterio de Al-Muharraq, fue donde se establecieron durante seis meses y 10 días. En lo que es hoy la ciudad de Assiut, los antiguos cristianos coptos denominaron el lugar “la segunda Belén”. Allí un convento y ruinas a su alrededor recuerdan la floreciente comunidad que allí se estableció. Y se cree que fue en Assiut donde José tuvo el encuentro con el ángel, que le anunció su regreso a Israel.

“Muerto Herodes, el ángel del Señor se apareció en a José en Egipto, y le dijo: Levántate, y toma al niño y a su madre, y ponte en camino de la tierra de Israel, porque ya han muerto los que buscaban la vida del niño” (Mt 2, 19-21).

Como había ocurrido en la huída, la familia se puso en marcha inmediatamente para volver a su casa, dejando a sus espaldas el país de las pirámides. Es posible que el regreso se efectuara por el mar, ya que las ciudades y los puertos no resultaban sospechosos de que alguien les reconociera o tuvieran enemigos que pudieran atentar contra el niño. Se habrían embarcado a través del Nilo hasta el puerto de Alejandría, en donde tomarían una nave que les condujera a Yamnia en una travesía que duraba cuatro días. Finalmente habrían recorrido a pié el camino a Nazaret pasando por el Monte Carmelo. Se cuenta que un principio su idea era ir a Belén, pero sabiendo que Arquelao, hijo de Herodes, gobernaba Judea, dirigieron sus pasos hacia Galilea, donde gobernaba Antipas, el otro hijo de Herodes, por lo que definitivamente se instalaron en Nazaret. Con ello se cumplía el oráculo que afirmaba: “El será llamado Nazareno” (San Mateo 2, 23).

Otra teoría asegura que el regreso de la Sagrada Familia se realizó por lugares geográficos no muy diferentes que los recorridos en el camino de ida. Cuenta esta tradición que a 8 km al sur de Assiut atravesaron el monte Gronka y desde allí llegaron al Viejo Cairo. Desde allí se dirigieron hacia el Sinaí para llegar a Palestina. Este camino les hizo andar durante cerca de 2.000 km durante cerca de tres años conviviendo con la soledad y los rigores del desierto.

Judíos en Egipto

Habitáculos de Qusur Al Rub

Habitáculos de Qusur Al Rub

Los diferentes estudiosos del tema no se ponen de acuerdo en cuantificar el tiempo que permaneció la Sagrada Familia en Egipto. Según unos el periodo fue de 4 meses; según otros, siete años; aunque la opinión generalizada es que Jesús estuvo con sus padres en Egipto cuatro años.

El país de las pirámides no era un territorio ajeno a los recuerdos judíos. Toda la genealogía de la raza humana que inició Adán era asimismo el árbol de familia de Jesús. Todos los fundadores y dirigentes de su pueblo eran sus ancestros, en una larga cadena en la que Jesús era el último eslabón. Sor María de Agreda afirmaba que todas las personas que tomaban contacto la Sagrada Familia se hacían Santos y Grandes.

Iglesia Santa Virgen Deir

Iglesia Santa Virgen Deir

Cientos de años atrás, de acuerdo a la gran Alianza, Abraham, en nombre del Pueblo elegido, había tomado posesión del territorio ya que había sido atravesado por todos los antepasados de su raza. José, el hebreo que resolvió el acertijo de los años de vacas gordas y flacas al faraón, había sido vendido por sus hermanos y permaneció en Egipto como prisionero y sirviente. Pero el descendiente de Jacob estaba destinado a ser un personaje poderoso en la corte del monarca. Como él, miles de judíos fueron a establecerse en Egipto, inmigrantes que no perdieron su identidad y se agruparon como pueblo. El cuevas del desierto egipcio iban a convertirse en la habitación de multitud de anacoretas, los Padres del Desierto. Jacob y José murieron y fueron enterrados a orillas del Nilo pero cientos de años más tarde, de la mano de Moisés y de Aarón se rebelarían para iniciar el éxodo hacia la tierra prometida.

Egipto, que aparece muchas veces en la Biblia, no era sólo el lugar de refugio para un Jesús perseguido. Con toda seguridad la visita al país de las pirámides debió tener otra finalidad que sirviera a Jesús en sus propósitos. Jesús tenía necesidad, y así estuvo profetizado, de recorrer el Nilo, empaparse en las energías de sus centros de poder y seguir su aprendizaje en el escenario de los orígenes de su Pueblo. Tenía que tomar consciencia del saber de sus antepasados, desde Abrahán en adelante, que habían a su vez conocido la magia de Egipto. “De Egipto llamé a mi Hijo” (Mt 2,15).

Prodigios atribuidos a Jesús en Egipto

Cuenta la tradición que José ejercía naturalmente su profesión en la colonia judía asentada en Egipto que le proporcionaba las obras. Por su parte, María habría empleado su tiempo tejiendo a mano, labor en que se asegura era muy experta. Se dice que fue durante su estancia en Egipto cuando María tejió la túnica inconsútil para su Hijo, que iba creciendo con El.

Según la Biblia fue en las Bodas de Caná cuando Jesús obró su primer milagro. Sin embargo la tradición asegura que ya en Egipto el niño puso de manifiesto sus poderes. En la localidad de Tel Basta Jesús obró un milagro. Acuciado por la sed hizo brotar un manantial de agua para que todos se sirvieran de ella, aunque los lugareños debieron asustarse tanto que obligaron a la Sagrada Familia a abandonar la ciudad.

Sagrada Familia en Egipto

Sagrada Familia en Egipto

Según Santo Tomás, en “La Historia de la Infancia de Jesús”, cuando el niño tenía tres años jugaba con otros niños. Encontraron un pez seco y Jesús lo puso en un recipiente ordenándole que volviera a palpitar su corazón. Y parece ser que así fue. Los vecinos, fascinados y asustados por el prodigio, fueron a contar lo sucedido a la viuda que daba cobijo a la Sagrada Familia quien, al conocer lo acontecido, los arrojó de su casa.

También narra Santo Tomas que paseando Jesús con su madre María por el centro de una población, vieron a un maestro que enseñaba a sus acólitos. En ese momento doce pajarillos descendieron sobre ellos, lo que ocasionó la risa de Jesús. El maestro se irritó y dijo a sus discípulos: Id y traédme a ese niño. El hombre cogió de la oreja a Jesús y le preguntó: ¿Qué has visto que te ha hecho reir?. Y Jesús le contestó: Maestro, he aquí mi mano llena de trigo. Se lo he mostrado a los pájaros y ellos se han apresurado a venir por él. Y Jesús se quedó allí hasta que los pájaros terminaron con el grano. El maestro lo echó de la ciudad junto con su madre.

El sacerdote de la ciudad de Samannud, el Padre Johanna, cuenta que había un templo dedicado a Horus que la Sagrada Familia vió cuando llegaron a Samannud. Jesús no entró al templo y pidió que el templo fuese destrozado, y así fue, aunque la gente no se enfadó por ello ya que querían a Jesús por considerarle un enviado divino, ya que previamente había purificado el agua para beber, pues hasta entonces estaba putrefacta.

Cuadro: Alejandría, la Jerusalem egipcia

Anteriormente a los romanos, 300 años antes del nacimiento de Jesús, Alejandro Magno murió sin descendencia, por lo que su imperio se dividió entre sus generales, siendo Ptolomeo el que quedó a cargo del país de las pirámides. Con ello se creó un sincretismo entre los antiguos dioses egipcios y los helénicos. Toth pasó a ser Hermes, y su famoso libro dio origen a la famosa Tabla Esmeralda, e Imhotep, dios de la medicina, fue asimilado con Asclepios. Surgieron nuevos dioses como el adorado Serapis, dios artificial creado a partir del dios egipcio Asar-Hapis (Osiris-Apis), que pasó a ser el esposo de Isis, cuyo culto se desarrolló por todo el Mediterráneo. La adoración a Isis llevó consigo la celebración del nacimiento de Horus, conocido como Harpócrates por los griegos e identificado on ÇApolo y el Sol Invictus por los romanos.

San Marcos

San Marcos

Tras la muerte de Cleopatra (30 a.C.), quien fue una alta sacerdotisa de Isis, Egipto se convirtió en una provincia romana. Alejandría, capital cultural de Egipto, reunía una gran cantidad de filósofos griegos, romanos y judíos escapados de Judea, que fueron desarrollando un culto común en la creencia de que la inmortalidad se conseguía gracias a la iniciación de un “Hijo de Dios muerto y resucitado”, en donde la muerte y el renacimiento era simbolizado por el nacimiento de Horus. El Adonis fenicio, el Attis frigio, el Osiris Egipcio, el Serapis alejandrino todos ellos fueron hijos de dios. Los romanos habían importado de Egipto el culto de Mitra, “Hijo de Dios muerto y resucitado”, cuyo cumpleaños se celebraba el 25 de diciembre.

Con este escenario de creencias hace aparición en Alejandría el cristianismo. La fecha del nacimiento de Mitra fue adoptada por los primeros cristianos como fecha del nacimiento de Jesús, hecho asociado a la señal en el cielo que marcaba una estrella de oriente. Pese que el apóstol que evangelizó Egipto fue Marcos, padre de la iglesia copta, es el evangelio de Mateo el único que nos habla del viaje realizado por la Sagrada Familia a Egipto. Los expertos aseguran que dicho evangelio fue escrito en Alejandría entre los años 40 y 80 d.C. por personas que no podían mantenerse ausentes de los acontecimientos astronómicos que se celebraban desde los antiguos egipcios. Por aquellas fechas en la noche del 25 de diciembre se podía ver ascender por el horizonte las tres estrellas del cinturón de Orión, los tres “reyes” que antecedían la salida de la estrella de oriente, Sirio, que si antiguamente simbolizaba a Isis de la que nació Horus, se transformo en época cristiana en la Madona que daba luz al niño Jesús. Las tres estrellas se convirtieron en la tradición en los Reyes Magos de Oriente.

Por el efecto de la precesión de los equinoccios, la estrella Sirio permanece 72 días al año bajo el horizonte, por lo que no se puede ver. Después de este periodo la estrella vuelve a verse, momento en que se conmemoraba en el Antiguo Egipto el año nuevo. La simbología era la del nacimiento del Horus divino desde el vientre de su madre Isis, representada por dicha estrella. El acontecimiento astronómico varía 8,5 días cada 1000 años. Actualmente el orto helíaco de Sirio se produce el día 5 de agosto, mientras que época de Jesús el hecho se producía el 19 de julio. Es por ello por lo que cuando los romanos cambiaron su calendario lunar a otro solar, de la mano del astrónomo alejandrino Sosígenes, se nombró al mes de salida de la estrella de Sirio con el nombre de Julio César, en ese nuevo calendario “juliano” que no era otra cosa que la continuidad que tuvieron los egipcios durante 3300 años a la hora de medir el tiempo.

Fortaleza Babilonia, Iglesia

Fortaleza Babilonia, Iglesia

El misterio del nacimiento de Horus, nacido de la virgen Isis, tenía por tanto continuidad en la liturgia cristiana, ideas tradicionalmente aceptadas que favorecieron la expansión del cristianismo en tierras egipcias. Un concepto de muerte y resurrección que ha llegado hasta nuestros días ya que, por azares del destino o por causalidades misteriosas, en la pasada noche del 31 de diciembre del año 1.999, cuando todo el mundo se preparaba para la festividad de la entrada del tercer milenio, Sirio marcaba su culminación en el meridiano. Si el helicóptero hubiera colocado (cosa que al final no ocurrió) el piramidión dorado sobre la cúspide truncada de la Gran Pirámide, se podría haber visto mirando desde la cara norte del monumento a Sirio colocado sobre la cúspide, alineado correctamente con el canal sur de ventilación de la cámara de la Reina. Es seguro que muchas sociedades secretas, que muchos estudiosos de los cultos isíacos, considerasen ese momento como el que anunciara la segunda venida de Horus, o de Jesucristo.

Resulta curioso que el único de los discípulos que visitó Egipto fuese Marcos, cuando el único que en los evangelios habla de Egipto fuese Mateo. La tradición oculta esotérica, recogida en sectores de librepensadores, afirma que si por un lado Mateo configuraba las normas de la Iglesia Marcos ofrecía un cristianismo que fue acogido por las corrientes gnósticas.

Hasta el nacimiento del cristianismo todos los adeptos a las diferentes liturgias debían pasar por una iniciación más o menos extensa. El cristianismo rompió esa tradición ya que para pertenecer al grupo sólo se debía profesar la creencia como acto de fe. Fue entonces cuando se produjo la ruptura entre los que, como los antiguos egipcios, el conocimiento era el camino hacia la iluminación, y los que dejaban en manos de la incipiente Iglesia su “salvación”. Una diferenciación que, a lo largo del tiempo, se convirtió en verdaderas persecuciones de los poderosos contra los sectarios y produjo el oscurantismo religioso y científico cuyos flecos han llegado hasta nuestros días pese a los esfuerzos realizados durante el Renacimiento.

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En Alejandría se gestó, o pudo gestarse el pensamiento que ha predominado los últimos dos milenios. Los sabios que moraban en sus casas tuvieron la capacidad de combinar el hábito por la meditación con el desarrollo de la cosa pública, algo que iba en contra de unos poderes a los que no interesaba que el pueblo tuviera un acceso a la divinidad distinto al que propocionaba sus arcas. Y cuando en marzo del año 415 los cristianos enardecidos por el patriarca de Alejandría asesinaron a Hipatia no sólo acabaron con la mujer más notable de la Antigüedad, sino que obligaron a los herederos de la filosofía griega, a los seguidores de Horus, a refugiar su culto a ojos profanos. En Belén nació Jesús, en Alejandría volvió a nacer, como lo había hecho varias veces a lo largo de los tiempos.

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Tassili, los orígenes de Egipto

28 01 2009

Escrito por Manuel José Delgado y Carlos Mesa para la revista Año Cero Diciembre 2008
Fotografías: Rocío Romanillos, Diego Cortijo, Carlos Mesa, Manuel José Delgado

Dicen que el Tassili se encuentra a medio camino entre el infierno y el paraíso. Sus agónicas cuestas y su ambiente desolado contrastan con la aplastante serenidad del desierto. Era ya nuestra tercera expedición a las montañas argelinas, aunque ello no impedía que nos arropásemos con las emociones del primerizo. Resulta imposible sustraerse a un paisaje que más parece lunar que terrestre. Los tuaregs que nos acompañaban volvían a mostrarse tan silenciosos  como los espacios que tenían ante sus ojos. Como siempre se mostraban acogedores; y con una soltura indiferente e ilimitada como el horizonte y el cielo estrellado que nos protegía cada noche. Pero no eran los únicos con los que compartíamos sentimientos. Al abrigo de cada cueva nos imaginábamos las siluetas invisibles de personajes milenarios que alguna vez poblaron ese territorio, cuando el agua y la vegetación eran tan abundantes como lo es hoy el polvo. Ancestros que pasaron por allí cargados con su herencia cultural, que la enriquecieron a lo largo del camino y que la expandieron al valle del Nilo, donde fueron a parar. Un Egipto que se desarrolló con la mirada puesta en el recuerdo de sus antepasados del Tassili

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¿Egipcios en el Tassili?

El Tassili es un macizo montañoso situado en el centro del Sahara, con una extensión de 800 km. de largo por poco más 60 km. de ancho, que recorre la frontera de Argelia con Libia. “Tassili”, en la lengua de los tuaregs, significa “meseta de los ríos”. De hecho, gran parte del Tassili se encuentra atravesada por wadis, ríos secos que recorren el territorio, dándonos una idea clara de lo que fue aquella inmensidad en tiempos remotos.

manuel_delgado_tassili_48El Parque Natural, galardonado como Patrimonio de la Humanidad desde 1982 por la Unesco, está considerado como “la capilla sixtina del arte rupestre”. Están catalogadas 15.000 pinturas prehistóricas aunque es posible que en su totalidad asciendan a 80.000. En 1956 Henry Lothe dirigió la primera expedición francesa para estudiar las pinturas. Tras tres campañas en las montañas del Tassili publicó un libro en donde refería que, junto a representaciones propias de la cultura aborigen, existían otras pinturas con marcado estilo egipcio añocero. Esta afirmación causó desconcierto en los ambientes académicos,  una polémica que quedó saldada cuando surgió la información de que el dibujo de las “señoritas con cabeza de pájaro y aureus”  resultaba ser un fraude, y que debió ser pintado por un miembro de la expedición para gastar una broma. Algo que, por supuesto, afirman estar demostrado.

Nosotros hemos intentado averiguar quién fue el causante de la “broma” y en qué escrito Henry Lothe reconoce el fraude, pero no hemos tenido éxito. Lo que sí hemos constatado es que tal pintura ha sido borrada expresamente para evitar su estudio, por lo que ya hoy no se puede ver. Esta barbarie no es única en el Tassili, ya que una mano invisible también ha picado convenientemente la cabeza del hombre del dibujo denominado “El rapto” ; tal vez porque no cuadraba demasiado que un personaje con cabeza redonda estuviera en la misma escena junto a las nativas prehistóricas. De cualquier forma, nosotros hemos encontrado otras muchas pinturas con marcado carácter egipcio.


La Tercera Ruta de Herodoto

Karl W. Butzer, explica que en el Holoceno Temprano, hace 12.000 años, en época posterior al fin de la cuarta glaciación, se dio un aumento de temperaturas en nuestro planeta entre 2,3 y 2,7 grados, produciendo abundantes precipitaciones en zonas del norte de Africa. Ello produjo el asentamiento de tribus en lugares hasta entonces despoblados. El manuel_delgado_tassili_471Sahara fue habitable desde el 9000 al 2500 aC. Desde el 2500 aC, la sabana comenzó a transformar el desierto en lo que es ahora, por lo que las poblaciones abandonaron su habitat y el Tassili sólo albergó a ciertas tribus de nómadas y a los viajeros que atravesaban de lado a lado el continente.

Según Herodoto las vías de comunicación de la época prehistórica africana fueron tres, y todas ellas terminaban en Abydos, la ciudad santa del Nilo. La primera comunicaba la Gran Sirte con las islas del Egeo. La segunda, o ruta del atlas, entre el Asia Menor y las altas mesetas de Numidia y Mauritania, yendo hasta las columnas de Hércules. La tercera, y más antigua, fue la ruta tropical, entre el Ponant (poniente) y Egipto (oriente).

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La condesa Marcelle Weissen-Szumlanska, geóloga, botánica, etnóloga y arqueóloga, que participó en excavaciones en Numidia, se propuso investigar la veracidad de la tercera ruta marcada por Herodoto, para lo que organizó una expedición que recorrería aquellos caminos milenarios, siguiendo los restos dejados en forma de pinturas, relieves y asentamientos.

manuel_delgado_tassili_71Por esta ruta transcontinental, entre los paralelos 25 y 28, se encaminaron antaño los futuros pobladores del Nilo. Así fue consignado en las losas de roca consagradas a esos portadores de “todos los conocimientos necesarios para el desarrollo de una civilización”. Esta ruta fue llamada “la ruta de los grandes nómadas”;  pero también en Egipto aparecen inscripciones que la denominan “camino de los muertos”, debido a que marcaba el lugar de enterramiento de sus antepasados.

Weissen-Szumlanska descubrió que el cabo Soloeris, mencionado por Herodoto, se correspondía con el actual cabo Yubi, situado en la costa atlántica de Marruecos, frente a las islas Canarias, que en tiempos del historiador griego se correspondía con en “el punto más avanzado de Libia”. Desde allí comenzó su periplo para encontrar y recorrer el tramo de la Vía Imperial entre occidente y Egipto. Los asentamientos de los antiguos pobladores la condujeron hacia el sur de Argelia, recorriendo las pistas del Hoggar, cruzando el Tassili, y enlazando con los oasis milenarios de Merzug, Cufra, Dakhel y Kargueh, hasta llegar tan solo a 3 km. de la ciudad santa de Abydos.

El origen de Egipto

Gabbaren

Manuel José Delgado y su equipo en Gabbaren

Las crónicas prefaraónicas, los comentarios de Manethon, los relatos de Herodoto y hasta las primeras líneas de La Odisea, nos hablan de una gran comarca desaparecida “en el otro extremo de Libia, allá donde se pone el sol”. Si hay algo mítico en el reinado terrestre de Osiris es que tuvo lugar en otra parte, en el Primer País, en el “Amenti”, la montaña de occidente, morada feliz entre todas las moradas. Los antiguos egipcios no dejaron de pensar en ese “Primer País”, de añorarlo, de desear volver a él. Fue un deseo alimentado por todos los egipcios e inscrito en un rollo de papiro, más o menos importante, depositado sobre el pecho de las momias.

Para Albert Slosman, doctor en matemáticas y en informática y colaborador de la NASA en los proyectos Pioneer sobre Júpiter y Saturno, la palabra “Amenti” provenía de los vocablos egipcios AHA-MEN-PTAH, cuya traducción sería “primer corazón de Ptah o corazón primogénito de Ptah”, siendo Ptah el dios principal. Los nuevos pobladores que llegaron a Egipto, desde occidente, llamaron a esta nueva tierra ATH-KA-PTAH, que significa el “segundo corazón de Ptah”, y que los griegos fonetizaron en la palabra Ae-gy-ptos. Por ello la palabra EGIPTO sería el nuevo nombre del país primigenio.

Oryx

Este origen de Egipto, alejado de las riberas del Nilo, podría considerarse mitológico, si no existieran pruebas documentales que avalaran tal afirmación. Según J.B. Bourguignat, en la antigua Numidia, en las zonas arqueológicas de Bou-Noura, de Sigus, de Bou-Merzug, y junto a algunos dólmenes, se encontraron gran cantidad de tumbas más pequeñas. Los antropólogos identificaron los esqueletos como pertenecientes a egipcios de las primeras dinastías. Existen asentamientos, como las estaciones neolíticas de Merimde y de Meadi, cuyo estudio certifica que tales asentamientos del Alto Egipto son anteriores a la época dinástica. Numerosos autores, como los egiptólogos Evers, Dümichen y H. Brugsch, afirman que las concepciones, y los conocimientos primigenios del pueblo egipcio, se

debían a una “invasión” de Egipto por pueblos provenientes del sur. Lo que nos indicaría que los aportes vinieron en primer lugar del sur, o más bien del sudoeste, por el camino señalado por Herodoto y llamado todavía hoy “Ruta de los grandes nómadas”.

Los investigadores Wilkinson y Zitman abogan por una reinterpretación radical de los orígenes del antiguo Egipto. Para Wilkinson, las pinturas rupestres en el sur de Egipto proporcionan la prueba de que es allí donde debemos buscar la “Génesis de los faraones” (el título de su libro).

Los Shemsu Hor

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Manuel Delgado en Jabbaren

Kurt Sethe, en “Beiträge zur ältesten Geschichte Ägyptens” escribió que en el proto-Egipto se registró la llegada, en pequeños grupos, de quienes se conocen como los “Servidores de Horus” . La Piedra de Palermo, que tiene grabados un conjunto de acontecimientos desde la época predinástica hasta la dinastía V de Egipto, nos informa de esos reinados de los Shemsu Hor, anteriores al Egipto histórico. En el Libro de los Muertos se hace una alusión a favor del joven Horus, el retoño rojo, después de la muerte de su padre, con posterioridad a la llegada al Valle del Nilo “de los grandes jefes divinos del horizonte del oeste por los caminos de los muertos, luego de la noche trágica de los que ya no son…”.

Ese trasvase de gentes y conocimientos ya se producía milenios antes del primer monarca de la primera dinastía. En algunos emplazamientos prehistóricos, tales como los de Tasa, de Heluan, en el Bajo Egipto, de Merimde-Beni-Salamé, los estudios arqueológicos efectuados indican ciertas fechas que ascenderían alrededor de doce milenios. Los nuevos pobladores adaptaron el territorio nilótico construyendo diques, canales y embalses para regular las crecidas del río. Drioton asegura que esta ingeniería pétrea fue realizada en tiempos prehistóricos, mucho antes del nacimiento del Egipto faraónico que conocemos. Esa cabeza de maza del rey Escorpión, del Ashmolean Museum, o el bastón que alza Narmer, podrían simbolizar el trabajo de abrir canales para irrigar las tierras.

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La Dinastía 0 de gobernantes egipcios fue durante muchos años desestimada por los egiptólogos, siendo sólo reconocida a partir de las excavaciones de Emile Amelineau y Flinders Petrie en el cementerio de Umm el-Qaab (Abidos), entre finales del siglo XIX e inicios del siglo XX, y también por las excavaciones de James Edward Quibell en Nejen (Hieracómpolis). Estos gobernantes son blanco continuo de debate, relativo a la extensión de sus reinos en época tan antigua de la historia de las civilizaciones humanas. En este periodo surgen las primeras auténticas ciudades, tales como Tinis en Abidos, Nubet en Ombos, Nejeb en Eileithyaspolis, Nejen en Hieracómpolis, Per-Montu en Hermontis, Uetyeset-Heru en Edfu, y Ab en Elefantina.

La conexión canaria

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Manuel José Delgado filmando en Jabbaren

En la región de Eyzies, donde se encontraron los primeros esqueletos de los llamados Cromañón, los ejemplos más antiguos de los Homo Sapiens, los constructores de una vía férrea derribaron la pared de una gruta en cuyo fondo se hallaba un esqueleto fósil humano, de aproximadamente 1,90 metros, cubierto de ocre rojo. Este rito de cubrir los cuerpos de rojo no es exclusivo de los cromañones, sino que tal práctica también era común en Egipto. Los grandes sacerdotes del Nuevo Imperio – que ya no aplicaban el ocre rojo en su vida ordinaria – se pintaban para las ceremonias, los oficios populares, durante los días festivos. Herodoto, cuando se refiere a las poblaciones más occidentales de libia  asegura: “Los maxyes autóctonos se pintan el cuerpo con bemellón”. Gracias a los trabajos en momias antiguas del profesor Frédéric Falkenburger, de la universidad de Maguncia, sabemos de la presencia en Egipto de una población de cromañones cercana al 10 % del total. El tipo puro se encuentra hasta después de la Dinastía XX (de Abidos a Denderah) y, esporádicamente, hasta la época moderna (Cairo).

Ya los pioneros de la prehistoria, de Auqtrefages y Hami, insistieron en las analogías que presentaban, con la raza de Cromañón, los individuos descubiertos en las tumbas megalíticas de Roknia, en las alta mesetas de Numidia. Bourguignat los consideraría como antiguos egipcios. Tales resultados indujeron a los antropólogos  a dirigirse cada vez más hacia el oeste, hacia los archipiélagos atlánticos. La identificación con la raza de Cromañón fue confirmada en una misión de cinco años. Verneau estableció, sobre la base de numerosos ejemplos, la enorme capacidad craneana de los guanches, su elevada estatura, y esa deformación postcoronal específicamente cromañoide “que no se debe a una deformación ritual (como en los semitas) sino que se encuentra siempre en un punto preciso y entre pueblos donde ese rito no existe, especialmente entre los egipcios”.

Por todo ello los investigadores proponen el occidente de Africa como lugar de donde procedían los cromañones que poblaron Egipto, y en concreto de las islas Canarias. El Prof. F. Falkenburger, realizó estudios sobre la craneológica de los antiguos habitantes de las Islas Canarias y sobre la craneología egipcia, comparando 1787 cráneos egipcios desde el predinástico hasta nuestros días. Estos esqueletos pertenecían a la raza de los Cromañón atlánticos, y esta base antigua va disminuyendo hasta desaparecer después de la dinastía XVII, por la aportación del tipo africano-árabe-semítico.

Los vestigios de una conexión de los antiguos canarios con los antiguos egipcios, por la 3ª Ruta de Herodoto (vía el Tassili), se aprecia también en grabados que salpican todos los caminos que recorrieron aquellos emigrantes. En la isla de La Palma se encuentran, grabadas en las rocas, esas famosas espiralesde las que aún no se conoce su significado. Tales laberintos circulares los hemos encontrado en las montañas del Tadrart, al sur del Tassili. Pero fue en Egipto donde alcanzó su apogeo esta representación espiral que se elevó hasta concepción de la Unidad-Energía creadora y de su eternidad.

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El Dr. Etienne Drioton afirma que los vestigios encontrados en Badari revelan un notable progreso de aquellos pueblos primitivos en lo que a comodidad se refiere. El mobiliario se enriquece con esteras y hasta con camas de madera sobre las que se disponían almohadones de tela o de cuero rellenos de paja. En el Museo Canario abundan esas esteras antiguas de admirable regularidad, y esos trabajos en cuero de cabra: vestidos, envolturas para los muertos, almohadones para los vivos, que no existían en parte alguna en esos tiempos. Esta similitud de objetos demuestra una conexión entre Canarias y Egipto.

manuel_delgado_tassili_141En la necrópolis de Beni-Hassan se abre la más vasta de sus cámaras. Mide 15 x 10 metros. Sobre la gran pared del fondo, en ocho líneas de diez metros de largo y cinco de altura, divididas en tramos iguales, están pintadas desde el suelo a la bóveda, representaciones de lucha a mano abierta, entre hombres de auténtico tipo egipcio y otros del más estricto tipo guanche, es decir cromañoide. Son una representación detallada de la “lucha” canaria, vigente todavía durante las fiestas locales. Quienes hayan visto solamente una vez la lucha canaria reconocerán de inmediato los pases bien diferenciados y las peripecias de esos duelos o luchas personales, representadas en más de ciento veinte grupos en los bajorrelieves de Beni-Hassan.

Recuerdos del Tassili

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Puerto de Auroum

La visita al Tassili constituye un reto. El esfuerzo físico no es tan importante y las cuestas del primer día de ascensión (3 horas)  nos conducen a un territorio plano, que no abandonaremos durante toda la expedición. La soledad se acopla como inseparable compañera de viaje. Durante el día, el silencio sólo es transgredido por el permanente chocar de las botas con los guijarros. Los tuaregs, acomodados a ese territorio hostil, nos indican en ocasiones la presencia de un camello, de un chacal o de un carnero en la lejanía. Nosotros sólo podemos divisarlos con los prismáticos. El camino se realiza a marcha lenta, pues en cada recodo aparece alguna pintura que merece su contemplación. Por la noche, el crepitar del fuego se funde con los tambores y los cantos de nuestros guías, hasta que el manuel_delgado_tassili_161sueño hace que el campamento quede mudo. Es cuando uno se funde con aquellos antiguos pobladores. Es cuando se intenta comprender su forma de vida y de pensamiento. Ese es el verdadero reto.

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Manuel José Delgado y su equipo filmando

Tras muchas jornadas de contemplar miles de pinturas hemos llegado a la conclusión de que aquellos artistas no buscaban el mero motivo ornamental. Los diseños dibujados en las corcovas pétreas , con todo tipo de escrituras y representaciones, obedecía a otros motivos alejados de la pura decoración. Pudimos observar señales de aviso, como dibujos que avisaban de la presencia de cocodrilos. Logramos establecer lugares que indudablemente eran de culto, pues su ubicación se correspondía con fantásticos oteros desde donde se divisaba un paisaje privilegiado. La ubicación de grandes monolitos de piedra a modo de templos, alejados de cualquier ruta transitable, en donde estaban dibujados grandes sacerdotes y sacerdotisas

Aouanguet

en actitud de celebración de liturgias insospechadas, no daba lugar a dudas. Estamos convencidos que, junto a muchos garabatos realizados posiblemente para matar el tiempo, existen pinturas con un carácter mágico. Las escenas de animales, realizadas en lugares buscados y concretos, tenían como misión propiciar la caza, así como las escenas de batallas añocero-22 buscaban algún tipo de protección.

Wim Zitman, ha identificado una connotación astronómica a algunas pinturas. Concretamente, centra su atención en el llamado “nadador” , representado en Ti-n-Tazarift, y sostiene que ésta es, de hecho, la representación de una constelación. Asimismo, aboga por una relación entre las pinturas rupestres del Tassili y el origen de la civilización egipcia, preguntándose si los chamanes del Tassili tal vez no hayan sido los “Seguidores de Horus”.

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En las grandes “plazas”, como en Sefar, aparece la famosa imagen del “dios Orantes”, como si aquella roca fuese el escenario de un gran teatro, en donde alguna vez se corrió el telón para que esas imágenes fueran contempladas por todos los que llenaban el recinto que lo rodea. Sir-Wallis Budge fue uno de los primeros en identificar que los antiguos egipcios eran los herederos de la tradición chamánica de África, algo en lo que estuvieron de acuerdo Wilkinson y McKenna.

manuel_delgado_tassili_241Junto a pinturas de claro significado realista existen otras más abstractas, en donde el artista quiso posiblemente reflejar un mundo onírico o de clara influencia transcendental. El viaje del alma tras la muerte, ayudada por espíritus de otra dimensión, está representado en formas estilizadas precursoras de la misma simbología religiosa  que hemos observado en más de ochenta viajes a Egipto. Aparecen como en una especie de mezcla entre misteriosos ritos y sesiones de espiritualidad con posible presencia de alucinógenos.

manuel_delgado_tassili_361Terence McKenna cree que los cabezas redondas fueron de otro mundo, no en el sentido de extraterrestre, pero sí en el sentido de otra dimensión. En su opinión, algunas pinturas reflejan los efectos producidos por la ingestión de setas alucinógenas hongos añocero-26. Algunas de ellas parecen verse representadas por sí solas, y en ocasiones, se entreven junto a individuos que las portan en las manos, como encontramos en Matalen-Amazar y Ti-n-Tazarift. El hecho de que, algunas pinturas, reflejen la presencia de chamanes, se sustenta por la presencia de máscaras, de manos levantadas en señal de protección y de todo un arsenal de artefactos de claro servicio litúrgico.

Campamento en Sefar

Campamento en Sefar

En el próximo mes de mayo realizaremos una nueva expedición al Tassili. De nuevo volveremos locos a la agencia www.viajesalnur.com para que nos diseñe un nuevo programa. De nuevo convenceremos a los tuaregs para llevarnos por lugares alejados de las rutas turísticas. Como siempre devoraremos con los ojos cada roca buscando grabados y pinturas que nos revelen las respuestas a tantos interrogantes. En el Tassili a campamento en Sefar, como en ningún otro lugar en el mundo, la fantasía y la realidad caminan de la mano sin conocer aún hasta dónde pueden llegar.

RECUADRO 1: MISTERIOS DEL TASSILI

Oasis de Djanet

Oasis de Djanet

Las pinturas del Tassili revelan misterios evidentes. La fidelidad de sus trazos no ofrece terreno a las dudas. Los dibujos realizados tan minuciosamente reflejan, como si de una fotografía se tratara, detalles que desconciertan. La primera vez que Lhote llegó a la región de Jabbaren, cuyo significado en tuareg es “los gigantes”, se encuentró con que las paredes reflejaban a sus antiguos pobladores junto a unos enigmáticos “cabezas redondas” , una suerte de personajes extraños, cuya imagen siempre se representa con una especie de máscara o escafandra (pues a veces se personifican con tubos a la espalda o que parten de sus bocas) y sólo cuatro dedos en sus manos . Cuando le preguntamos a los guías tuaregs sobre el significado de estos gigantes nos explicaron cómo cuando construían sus casas de adobe y barro en el oasis de Djanet , la capital del territorio tuareg, desenterraron huesos humanos de individuos que superaban los dos y los tres metros de altura. Evidentemente, ningún tuareg quiere indicar en qué fosa colectiva enterraron los huesos de estos gigantes.

RECUADRO 2: TASSILI-EGIPTO Y VICEVERSA (Una foto x párrafo)

manuel_delgado_tassili_321Algunos símbolos que aparecen junto a los dibujos se asemejan demasiado a las “palabras de los dioses”, como así llamaban los egipcios a su escritura. Hay que tener en cuenta que en Egipto, el lenguaje escrito más antiguo se realizaba por ideogramas, dibujos que daban la idea de lo que realmente representaban. Veamos algunos de estos símbolos. La representación de las casas de aquellos primeros pobladores del Tassili se manifestaba en forma de cartuchos contenedores, donde incluso se aprecian personas en los mismos. El determinativo de “faraón” en el egipcio clásico es un cartucho, un contenedor del nombre del legítimo heredero de los dioses. Por tanto, ¿cabría traducirlo como “casas  de los dioses”?

Carlos Mesa y Manuel Delgado bajo el “Gran Dios Marciano”

Carlos Mesa y Manuel José Delgado bajo el “Gran Dios Marciano”

En los personajes denominados “cabezas redondas” se aprecia una especie de máscara con unos símbolos. El emblema del círculo en forma de ojo, se traduce en los jeroglíficos como “sol” o “luz”. Y las insignias que se repiten en esas escafandras, máscaras o lo que sea, se traducen como “ciudad de Egipto”. Otro determinativo genérico. La figura del “Gran Dios Marciano” porta uno de esos cascos con el símbolo egipcio del “sol” en forma de ojo.

Cabezas redondas en las tumbas de Ramsés I en el Valle de los Reyesmanuel_delgado_tassili_411manuel_delgado_tassili_461

Cabezas redondas en las tumbas de Ramsés I, Ramsés III y Ramsés VI en el Valle de los Reyes

Lo que para unos son medusas, y para otros son naves celestes, parecería ser una combinación de jeroglíficos. Involucra a la palabra “casa” y el determinativo “correr”. En consecuencia, estaríamos hablando  de casas que corren. Un complicado rompecabezas para lo que no tenemos respuesta.

Otro personaje parece transportar una cometa. En la simbología egipcia sería el “shenu”, el halo protector   de los dioses en el antiguo Egipto.

La cazadora con cuernos del Tassili “La Dama Blanca de Aouanguet” , la figura que lo rememora, recuerda extrañamente a las damas blancas de Damaraland, en Namibia. Pero es que el llamado Proyecto Djehuty de la Universidad de Sevilla desenterró recientemente un sarcófago antropomorfo, al que llamaron la Dama Blanca, por su similitud con este tipo de figuras. Se expone en el Museo Luxor.

La silueta de un ser que flota ingrávido en un parapeto del Tassili, arrastrando a una persona en Aouanguet, también tiene un significado en los determinativos del egipcio clásico. Encarna a la muerte. Por ende, la escena nos habla del tránsito hacia la otra vida.

Un icono en el Tassili muestra otro símbolo reconocible en los fonogramas unilaterales del alfabeto egipcio, la placenta, traducido como la letra J.

Un tipo de lengua anterior al bereber y el tuareg rellena multitud de rocas. Una lengua que hoy en día nadie sabe interpretar, y que a simple vista, puede parecer el preludio de la compleja escritura artística que florecería en Egipto.

Se supone que los hicsos aparecieron en el siglo XVII A.C. Introdujeron el arco compuesto, las armaduras de escamas de bronce, las dagas y los carros de guerra, desconocidas por los egipcios. Pues bien, los moradores del Tassili se dibujaban con estos arcos y unas extrañas vestimentas muy ceñidas con escamas. Y cómo no, surgen las dagas y los carros esporádicamente en las paredes.

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